De todos los veranos

2013-08-30 19.45.24

Año tras año soñamos con la llegada del verano, tiempo por excelencia asociado a las mejores vacaciones de nuestras vidas. Idealizamos pasado y futuro con seguridad casi infantil, aunque más de una vez, intencionadamente o por mera casualidad, alguien o las circunstancias que vivimos hagan estallar el globo de nuestros sueños. ‘Un globo, dos globos, tres globos, la Luna es un globo que se me escapó. Un globo, dos globos, tres globos, la Tierra es el globo donde vivo yo’. Canción de antaño para niños de todas las edades. Sí, necesitamos pisar tierra, ser realistas pero sin perder nunca la ilusión. Intentar sacar el mejor partido del tiempo que dispongamos para desconectar de la rutina habitual; tiempo que rara vez nos sirve para descansar pues por una cosa u otra, no paramos. Siempre a punto el ´paciente’ equipaje de propósitos vacacionales que, verano tras verano, va y viene sin más, a no ser que nos hayamos convencido que esta época rebosa precisamente de imprevistos que requieren toda nuestra atención. Los afanes de los días estivales se convierten en la sorpresa de idas y venidas, encuentros y desencuentros no siempre bajo el sol que más calienta. Creo que lo más práctico es tener siempre a punto una especie de maleta virtual con capacidad para amoldarse a todas las circunstancias que la vida nos depare. Lo único que no podemos perder es la llave maestra –‘querer’- para poder ir sacando lo mejor de nosotros mismos tanto en los espacios de soledad como en los de tumultuosa convivencia. El verano, como todos los veranos, no deja de sorprendernos. Sol y nubes, calor, lluvias torrenciales, granizo, riadas, inundaciones. Cosecha que se recoge y fruto que se pierde. Tiempo de campo y playa, pueblo y ciudad. De vacaciones o no, el verano con su luz intensa irrumpe en nuestras vidas iluminando las ilusiones de siempre. Recordar, volver a vivir tantos amaneceres inolvidables de días en familia, entre amigos, con las aventuras y desventuras que nos ayudan a madurar. Paisajes inalterables repletos de vivencias de antaño que esperan las nuevas pinceladas del palpitar de la vida que pasa sin pasar. Arco iris de colores que amainan las tormentas estivales. Juegos, deporte, lectura, algunos deberes y tertulias. El sinvivir de la convivencia; gritos y silencios, ruidos y desconciertos, algarabía, contento. La siempre ansiada hora del baño, comidas al aire libre, barbacoas. Escapadas en bicicleta, senderismo. Paseos a la luz de la luna, bajo un cielo escarchado de estrellas. La canción del verano y la música de siempre. Guitarras y canciones. Idas y venidas, excursiones y viajes. Todo y nada cambia. Un verano más que añadir a los veranos de nuestra vida con el privilegio de poder disfrutar de la Naturaleza. Me quedo con las impresionantes puestas de sol. Verano, regalo que a poco que nos descuidemos se puede derretir en nuestras manos sin dejar rastro. Vacaciones, tiempo de familia y amigos, tiempo nuestro.

 

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