La eterna cuestión

 

Ser o no ser, eterna cuestión que nos gustaría responder con sabiduría en todas las vicisitudes que nos plantea la vida. Más allá de la prosperidad o  la adversidad, dejando apartados intereses triviales, se impone la coherencia. La perfecta coordinación en nuestro modo de actuar (dentro de las limitaciones humanas) entre  inteligencia, voluntad y corazón. Conocer, querer, sentir y obrar equilibradamente. Libertad de expresión ’con el debido respeto’ que no acaba de tener límites infranqueables. Y se nos va la vida en ello porque todos somos Charlie,   contra el terrorismo y  la barbarie que nunca tienen justificación alguna. Miles, millones de lápices de colores bien afilados siguen dibujando  sobre la vida y la muerte, la alegría y el gozo, el dolor y la tristeza, la justicia y el perdón, intentando difuminar e incluso borrar el horror de los atentados terroristas. La eterna cuestión de ser o no ser, se resuelve personalmente. Sumidos en una tristeza inconsolable, familiares, amigos y compañeros de trabajo de las personas asesinadas. Los demás nos unimos a su pena abrazando su dolor. Queremos, desde nuestra torpeza e impotencia, amainar  tanto sufrimiento. Quizá la eterna cuestión de ser o no ser, tengamos que resolverla con grandes dosis de coherencia y no siempre de cara a la galería. De gran importancia, la unidad de todos contra el terrorismo. Harina de otro costal es delimitar las fronteras de la libertad de expresión, tarea ardua, difícil de asumir pero el todo vale, no vale. La eterna cuestión también es que  nuestra libertad limita con la libertad de los demás, siempre con el debido respeto, salpicado quizás de algunas  irreverencias  sutiles  que lejos de ofender, hacen gala del ingenio, agudeza y perspicacia de sus autores. Los  injustificables  atentados de Paris han conmocionado al mundo por su saña y crueldad. ¿Hasta dónde puede obcecar el fanatismo? Matar en nombre de Dios, suma bondad en toda religión, es una aberración. Impresiona el ‘Todo está perdonado’ de la revista francesa… ¿Seguimos siendo Charlie?… El dolor puede hacernos enmudecer o gritar a los cuatro vientos… Igualdad, fraternidad, libertad… El hermano ayudado por el hermano es como ciudad amurallada… cada uno a su puesto, la vida continua y hemos de seguir dibujando, con la nuestra, los mejores itinerarios o quizá una buena viñeta porque siempre es necesario sonreír aunque tengamos que enjugar muchas lágrimas.

 Artículo publicado en La Opinión de Murcia

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