Cambio y cambalache

¿Cambio o cambalache?… Porque una cosa es optar por el cambio como mejora de una sociedad democrática y otra, muy distinta y distante, el cambalache entre partidos políticos, obviando sin apariencias el voto de los electores. El panorama es un tanto desolador. ¿Hasta dónde pretenden llegar en ese extraño mercadeo? La cuestión es  más clara que el agua. Todos hemos perdido en las urnas, de ahí que navegar contra corriente sea tarea común. El recuento  post-electoral parece haberse convertido en el  ‘trueque de algo de poco valor, a veces con intención de engañar’ o lo que es igual, en el cambalache de nuestros votos como un juego de cromos en busca del trono perdido o añorado. Manejo y trapicheo quedan muy lejos del auténtico buen hacer político. Los pactos entre partidos han de ir buscando el interés de España alejándose de intereses partidistas. Carece de sentido  no sólo desandar el camino andado sino tropezar en las mismas piedras. ‘Caminante no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace camino, y al volverla cara atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar…’ (Antonio Machado). Creo que somos mayoría los que hemos apostado por el cambio. Cambio sin cambalaches, desechando la corrupción y el abuso de poder. Defendiendo políticas generadoras del bien común y  la convivencia pacífica, respetando la dignidad y la libertad de cada persona. Se han hecho muchas cosas mal pero algo, y no poco, se ha hecho bien. Tirarlo todo por la borda es perder oportunidades, tiempo, inversiones, puestos de trabajo y en consecuencia, dinero. No estamos para desperdiciar nada y mucho menos, dejar escapar a los mejores inversores. El alza económica se sustenta en la confianza de los mercados. No hace falta ser un experto analista para descubrir lo que constantemente sucede ante nuestros ojos. El cambio también nos interpela a nivel personal porque la corrupción se ha extendido como maltrecha piel de toro por todo el territorio nacional. O somos gente de una pieza o no vamos hacia ninguna parte. Como siempre, el quid de la cuestión se sustenta y fortalece en la familia, auténtico garante de la formación de la persona. Y, en la medida que mejoren las familias se consolidará la sociedad. Arrieros somos y en este cruce de caminos hay que saber y querer tomar la buena dirección. Está claro que en una sociedad plural los pactos son necesarios pero no nos vengan con cambalaches ni siquiera con el lúdico cambio de cromos de los años escolares. El patio en el que nos encontramos es mucho más amplio que el del colegio o el de nuestra propia casa, aunque llueva y se moje como los demás.

Artículo publicado hoy en La Tribuna de Albacete

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s