Un día de fiesta

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Año tras año, la Región Murciana  celebra el día de su, nuestra, fiesta. Efeméride cuasi familiar para estrechar los lazos que nos unen. Estupenda ocasión de volver a casa a disfrutar de todo aquello que conocemos y queremos, y  por circunstancias de la vida que nos trae y nos lleva por esos mundos de Dios, tantas veces echamos de menos. Son nuestras raíces. Geografía e Historia se funden forjando el carácter que rebosa murcianía. En la capital, ciudad y huerta conforman ese cachito de cielo que un día Dios dejó caer, nuestra Murcia bonica. Como en toda fecha importante, junto a las celebraciones oficiales, múltiples fiestas familiares cuyo denominador común es el encuentro y la alegría de volver a estar juntos. Sí, las fiestas se convierten en entrañables cuando se cultiva el arraigo familiar. Vamos y venimos pero siempre con la ilusión de volver a los lugares de siempre con las personas que más queremos. No pretendo descubrir nuevos horizontes, tan solo mostrar con algo de nitidez el nuestro, tan cercano que apenas lo percibamos. Son de extraordinario valor esas celebraciones familiares que facilitan el trato natural entre las distintas generaciones. Con el paso del tiempo, unos se irán y otros vendrán,  con la buena costumbre de hacer familia. Días de fiesta y gratos encuentros.  Casi sin sentir pero llenos de sentido, de padres a hijos  vamos pasándonos el testigo, reconociéndonos, gratamente sorprendidos,  en iguales modos de actuar. Se aprende a vivir como se aprende a querer.  Hoy celebramos el día de nuestra Región. Vivimos un tiempo confuso para  dilucidar con claridad a qué atenernos. La desconfianza desteje y rompe la unidad democrática. La salida de la crisis ha sido tapiada por un fuerte muro de corrupción. Aun así, es bueno celebrar para vernos, hablar y buscar entre todos la solidez del bien común. Puede que los pactos sean llevados a cabo entre pocos pero somos muchos los que, lejos de dejarnos conducir por el desencanto o revancha, queremos exigir y respaldar. Revalidar nuestro voto es un compromiso adquirido. Si cada uno hiciera cuanto está de su parte, el cambio estaba asegurado. Celebrar por celebrar, puede que sí, quiero creer que  no. Hoy es un día de fiesta, fiesta cuasi familiar. Pasar el testigo, espléndida celebración.

Artículo publicado hoy en La Opinión de Murcia

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