¡Ay, perdón!

Perfecto, lo que se dice perfecto, no somos ninguno de los habitantes de nuestra aldea global. Nos equivocamos una y otra vez , tanto en nuestras actividades cotidianas particulares como en las que nos relacionan con los demás. Volvemos a intentarlo pero no siempre logramos nuestro objetivo, puesto en el punto de mira  de la vida misma  ante todas las situaciones personales y sociales posibles. Rectificar dicen que es de sabios pero si no sabemos o no queremos saber, la enmienda se convierte  en un imposible para la buena convivencia. Querer hacer las cosas bien es el primer peldaño hacia la superación y el éxito. Subir y bajar es una constante en la trayectoria hacia la excelencia. Peldaño a peldaño de la mano de la verdad, el bien y la belleza, alcanzaremos los logros mejores, cada cual en el nivel de exigencia adecuado, reafirmando nuestra personalidad en todas las circunstancias de la vida. Como seres sociales que somos, la relación con los demás es un campo de batalla interesantísimo en el que hemos de esgrimir nuestras mejores armas para luchar contra las constantes intromisiones que dificultan y deterioran la buena convivencia. Lo describe gráficamente el infinitivo de la acción. Convivir es vivir con… con todos y cada uno, aceptando, respetando, tolerando, comprendiendo, queriendo, siendo personas que transmiten paz y alegría. Es bueno saber el terreno que pisamos para no resbalar, salpicar o caer de bruces en  cuanto aboca a la enemistad e incluso a una amarga soledad. Decía lo de subir y bajar peldaños para esa mejoría personal que sin lugar a duda se convierte en motor de cambio de la sociedad. Ojo avizor, no es igual cambio que cambalache, falsas promesas que realidades tangibles; seguir luchando por conseguir los objetivos propuestos que tirarlo todo por la borda en zafarrancho de combate. En el día a día, tenemos la oportunidad del mejor entrenamiento.  Para mí resultó una grata experiencia, compartida con otros viandantes, una no muy lejana jornada repleta de innumerables ‘Ay, perdón’ y sus correspondientes sonrisas de disculpa ante situaciones como… ‘Invadir la acera hablando unos con otros sin dejar paso’, ‘Ir alguien ensimismado con el móvil y tener que parar para que no se estampe con nosotros’, ‘Tener también que frenar en seco, peatonalmente hablando, para no resultar atropellados por la persona que sale precipitadamente de un portal’… giros bruscos, encontronazos inesperados, meteduras de pata, despistes, palabras inoportunas … situaciones que casi sin querer nos van orientando hacia el camino de la buena convivencia. Cuestión de seguir ejercitándonos en saber ser y saber estar. Y por hoy, se acabó. ¡Ay, perdón! No quería dar un portazo como punto y final. Gracias por sonreír.

Artículo publicado hoy en La Tribuna de Albacete

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