Llamar a Dios

No sé si usted lo ha encontrado, pero Dios existe, nos quiere y nos espera siempre. La cuestión es si lo tenemos o no entre nuestros contactos para, de cuando en cuando, o siempre, hablar con Él. Decírselo todo y escuchar su respuesta. Nos quiere tanto que a pesar de que muchas veces no le hacemos ni caso, Él sigue pendiente de nosotros porque nos quiere más que nadie en el mundo y sabe lo que necesitamos para ser felices… ¡Eh! No crean que me he puesto a escribir en plan predicador o algo así, pero a veces la vida misma, nos sirve en bandeja – en este caso, digital – las mejores reflexiones. No hace mucho, una persona amiga me preguntaba en qué consistía la Unción de enfermos. En sentido coloquial le dije que eran muchas bendiciones. Hoy en un libro de meditaciones titulado Hablar con Dios’ de Francisco Fernández-Carvajal he encontrado una explicación muy buena y he buscado la manera más directa de enviársela a mi amigo. Cuando, ni corta ni perezosa, he buscado en Google ‘hablar con dios’, me he quedado de una pieza al leer ‘Hacer una llamada’, ‘No se ha encontrado a dios’… Y me estoy acordando de Santa Teresa de Ávila que decía que Dios estaba entre los pucheros … Y yo, que la santidad  me vendría de lujo, creo que tenemos que poner a Dios entre nuestros contactos… en nuestros grupos… sin necesidad de enredos pero al alcance, cercano, que la gente lo vea, que lo veamos todos y quién quiera, le llame. Siempre está.

¡Ah! Pueden comprobar lo que les digo. Busquen en G, hablar con dios…

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Respuestas vacías

‘Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto cambiaron todas las preguntas’

Mario Benedetti

Creo que alguna que otra vez nos hemos quedado, literalmente, a cuadros al recibir respuestas que poco o nada tenían que ver con nuestras preguntas. Los interrogantes se agrandan, virtualmente hablando, enmarcando más o menos puntos suspensivos que nos llevan a considerar la situación con cierto grado de reflexión. Dos puntos, aparte o seguido. Esperar y desesperar tiene que ver y no poco con la virtud de la paciencia. Importante, saber dónde nos encontramos y qué medios tenemos a corto, medio y largo plazo para alcanzar nuestros objetivos. Actualizar planificación y continuar (punto y seguido)  o comenzar de nuevo (punto y aparte). La vida, con su efecto búmerang, nos hace regresar de cuando en cuando al punto de partida, planeando. De manera que no es demasiado difícil situarnos y saber a qué atenernos. Quizás son muchas las preguntas que no tienen respuesta, pero también podemos responder nosotros tratando de llenar el vacío. El eco, lejos de perderse, se transformará en altavoz inteligente e inteligible. Ni tenemos todo al alcance, ni podemos dar nada por perdido. La dificultad bien encarada fortalece y cimenta a la persona, convirtiéndola en  generadora espléndida de una comunicación  positiva y eficaz,  abundante en  valores. Saber hacer preguntas y saber responder a quien nos interpela con verdad y coherencia. La verdad  nos libera de la mentira, la ignorancia y la mediocridad. Preguntar es querer saber, conocer, investigar, comprobar, colaborar, aprender, emprender, trabajar. No dar nada por hecho, ni incapacitarnos ante los obstáculos. De alguna manera, somos parte tanto de las preguntas como de las respuestas que la vida, antes o después, nos  presenta. Preparación constante para enriquecer nuestro bagaje, fortalecido por el orden y la voluntad. La puesta en marcha es personal. La personalidad de cada uno es un plus ineludible en todos los campos del saber, del querer, del vivir. La vida nos va marcando, de un modo u otro, un itinerario de preguntas y respuestas, al tiempo que nos ofrece cierto margen de maduración para saber entender, y también aceptar aquello que no acabamos de comprender. Indispensable formación, formación, formación. Nuestro crecimiento personal, en el más amplio sentido de la expresión, no se produce de manera espontánea. De ahí, la necesidad de una buena educación en familia como base para acceder y completar planes de estudio y trabajo en las distintas etapas de la vida. Imprescindible la exigencia personal y saber acudir cuando sea necesario a quien mejor pueda orientarnos. A la hora de elegir nuestro ‘modus vivendi’, libertad responsable. Como equivocarse es humano, saber rectificar y recomenzar siempre. Preguntas y respuestas con las que vamos construyendo el impresionante puzle de la vida. Eso sí, pieza a pieza…

 

 

Tarde de toros

corridadetoros
Arena color albero. El ruedo.
Música de pasodoble,
Público en los tendidos.
Una paloma vuela.
Sombra y sol
Calor y color.
Abanicos
Brisa taurina
Aire español.
Toril, toro
Cuadrilla, Picador.
Banderilleros, Torero.
Torero. ¡Brindis!
Traje de luces, montera.
Aplausos ¡Brillo!
Buena faena
¡Ovación!
Orejas y rabo.
¡Vuelta al ruedo!
¡Torero!

(En el día mundial de la Poesía, mi pequeña aportación)

Pasando página

Casi sin darnos cuenta, escribimos la vida. Un día y otro. Unas historias, miles, millones de historias. Páginas y páginas, con buena o mala letra. Garabatos, tachones, borrados…y un recomenzar cada día para volver a intentarlo siempre. No, no es un ejercicio de redacción para alumnos que apenas saben construir unas frases inconexas ni tampoco se trata de un ejercicio para evaluar en algún que otro examen de grado más o menos superior. Nuestra vida es más sencilla y complicada a un tiempo que no deja de latir. Palpitar de la existencia que cada cual percibe según época, lugar y un sinfín de coordenadas que nos ayudan a construir castillos cimentados en el aire de la imaginación que vuela como loca de la casa en la aldea global. Tan lejos, tan cerca. Fuera y dentro, dentro y fuera. Unas letras, un pensamiento, unos hechos que quizá fueron. El ser y parecer subrayado de aciertos y desconciertos. Y la armonía de unas páginas lanzadas al viento de la historia, a pié también de página de la vida. Tomando nota, anotando tomas, como aquellas máquinas de cine súper ocho, artesanalmente, de manera notable para alcanzar los sobresalientes que la vida , repito, nos concede, mejor, nos regala cuando nos entusiasmamos contemplándola, viviéndola y contándola. Punto y aparte, punto y seguido. A punto, siempre. Escribiendo y pasando página…