Pasando página

Casi sin darnos cuenta, escribimos la vida. Un día y otro. Unas historias, miles, millones de historias. Páginas y páginas, con buena o mala letra. Garabatos, tachones, borrados…y un recomenzar cada día para volver a intentarlo siempre. No, no es un ejercicio de redacción para alumnos que apenas saben construir unas frases inconexas ni tampoco se trata de un ejercicio para evaluar en algún que otro examen de grado más o menos superior. Nuestra vida es más sencilla y complicada a un tiempo que no deja de latir. Palpitar de la existencia que cada cual percibe según época, lugar y un sinfín de coordenadas que nos ayudan a construir castillos cimentados en el aire de la imaginación que vuela como loca de la casa en la aldea global. Tan lejos, tan cerca. Fuera y dentro, dentro y fuera. Unas letras, un pensamiento, unos hechos que quizá fueron. El ser y parecer subrayado de aciertos y desconciertos. Y la armonía de unas páginas lanzadas al viento de la historia, a pié también de página de la vida. Tomando nota, anotando tomas, como aquellas máquinas de cine súper ocho, artesanalmente, de manera notable para alcanzar los sobresalientes que la vida , repito, nos concede, mejor, nos regala cuando nos entusiasmamos contemplándola, viviéndola y contándola. Punto y aparte, punto y seguido. A punto, siempre. Escribiendo y pasando página…

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