Un lugar para soñar

Hace unos días leí un atractivo anuncio para ir de vacaciones a un lugar en el que paisaje y hospedaje aunaban condiciones inmejorables, sobre todo teniendo en cuenta esta época, nada fácil, en la que nos ha tocado vivir. La oferta era sugerente: ‘Un lugar para soñar’. Tomé nota del mensaje no como un corta y pega sin más, sino con la intención de compartir lo bueno de la vida a pesar de la pandemia que estamos sufriendo.  A poco que callejeemos (lo mejor, quedarse en casa), percibimos inquietud social: Se oye… ‘El mundo no volverá a ser como antes’, ‘Qué tiempo tan triste’, ’Imposible seguir así’. Se ven: Colas interminables en comedores sociales, gente deambulando o sentada en lugares estratégicos pidiendo unas monedas con cierta humildad y esperanza, pero también algunos, lo que es más triste y preocupante, insultando ante la negativa.  Asimismo, se ven numerosos  locales cerrados con cartelería propia de una crisis en toda regla: ‘Se traspasa’, ‘Últimos días por cese de negocio’, ‘Se vende’… Casi parece utópico encontrar ahora un lugar para soñar… ¡La vida misma!… La realidad frente a los sueños, luces y sombras, dualidad de la felicidad que va más allá de ‘La vida es sueño’ de Calderón de la Barca. Cierto que los sueños, sueños son… pero la vida es, por excelencia, nuestro lugar para soñar y, a pesar de los pesares, una y otra vez, hemos comprobado que son muchos los sueños que se hacen realidad. Amanece cada día, que no es poco… No, no voy a sacar la vena poética con soles y estrellas, pero a poco que contemplemos – con el corazón, por supuesto- a nuestro alrededor, descubriremos que estamos rodeados de gente buena que se esfuerza por conseguir un mundo feliz para todos, respetando la libertad personal. Un mundo feliz que no se amilana ante la injusticia y la violación de los derechos fundamentales de la persona. Derecho a la vida desde la concepción a la muerte natural. Derecho de los padres a elegir la educación que quieren para sus hijos. Derecho a la libertad religiosa. Derechos que podrían resumirse en poder vivir en paz. ‘La paz empieza nunca’, título de la novela de Emilio Romero que parecen querer plagiar las circunstancias actuales. Que los sueños se hagan realidad es tarea de todos. ‘Los infinitos héroes desconocidos valen tanto como los héroes más grandes de la historia’. Saber sacar brillo a nuestro quehacer en la vida. Seguro que se hace realidad lo que predijo San Josemaría (el Santo de lo ordinario): ‘Soñad y os quedaréis cortos’…

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