Bibliotecas de antaño

Grandiosas en tamaño y elocuencia, no precisamente porque los libros hablaran con fluidez, sino por la cantidad y variedad temática que albergaban sus estanterías. Contemplando en mis años adolescentes la de un familiar, prestigioso Jurista, quedé boquiabierta de la cantidad de volúmenes que tenía. Él, comprendiendo mi asombro, me explicó la prestancia que, en determinadas profesiones, daba una buena biblioteca, hasta el extremo que había quienes compraban libros antiguos por metros, a fin de completar las estanterías más altas. Con el paso de los años y la visita a bibliotecas de renombre en diferentes lugares de nuestra aldea global, descubrí el impresionante tesoro cultural conservado en palacios, abadías, museos y un largo etcétera de lugares en los que lejos de perdernos, nos encontramos, a pie de página, generación tras generación. Aprender a leer es mucho más que deletrear la vida. Leer para saber, conocer, comprender, hablar, enseñar, comunicar, distinguir, opinar, estudiar, amar, rezar, distraerse, reír, llorar, informar, soñar…escribir… y mucho más. Recuerdo en casa de mis padres, junto a los libros infantiles, los de vidas ilustres y ejemplares que casi sin darnos cuenta iban cimentando el nivel cultural en nuestra numerosa familia. En el despacho de mi padre había dos bonitas librerías de madera noble, con puertas acristaladas y llave. Pidiendo el consabido permiso teníamos acceso conforme nos íbamos haciendo mayores. El paso inexorable del tiempo me fue llevando, sin ser ratón de biblioteca, por públicas y privadas, hasta llegar a la que actualmente tenemos en casa, libro tras libro, a través de bastantes años y de la que seguimos haciendo uso mi marido, hijos, amigos y más. El orden no altera el producto de sentirse cobijado entre miles de páginas que dan otro aire a la vida. Libros de historia, arte, literatura… libros de ayer y hoy.  Estoy de acuerdo con Arturo Pérez- Reverte: ‘Una biblioteca es memoria, amuebla una vida, y la define. Raro es no advertir el corazón y la cabeza de un ser humano tras un repaso minucioso a los libros que tiene en casa, o que no tiene’. Si querer remediarlo, me gusta leer y volver a leer esos libros que sin saberlo se convierten en viejos amigos, como las librerías de antaño.

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