Año 2018. Actualizar

Los que tenemos un blog, escribimos, editamos y actualizamos los post o entradas que van conformando nuestro particular y al mismo tiempo universal cuaderno de bitácora, en el que con cierta frecuencia plasmamos el contenido que consideramos oportuno según intereses personales o profesionales. Ahora, todo el mundo, grandes y pequeños, blogueros o no, acabamos de estrenar nueva entrada en nuestra vida. Un año nuevo al que impulsivamente lanzamos innumerables propósitos casi, casi, imposibles de llevar a cabo porque suelen aparecer y desaparecer como luces de bengala. ‘Año 2018. Actualizar’: No es, ni más ni menos, que actuar con la sensatez suficiente para saber a qué atenernos con los mimbres que contamos. El afán y la holgura de cada día. Conocimiento de nosotros mismos y del pequeño y gran mundo que nos rodea, y volver a empezar una y las veces que sean necesarias, con un plus de mejora personal en el que se admiten fallos como parte de ese macro puzle que año tras año intentamos completar. Lo que importa es la voluntad y un afán de superación optimista pero repleto de sentido común. Centrarnos en lo que tenemos que hacer sin comparaciones con lo que otros hacen. Es en cierto modo seguir unas reglas de juego en las que siempre podemos compartir, enseñar y aprender, construyendo entre todos un mundo mejor. Por supuesto que tenemos que hacer propósitos, pero concretos, sinceros y que se puedan contar de sobra con los dedos de una mano. La vida sigue su curso imparable y nosotros vamos ajustando el rumbo. Unas veces habrá que hacer grandes virajes, otras seguir sin más el día a día. Distinguir importante y accesorio, urgente y opcional, fundamental y superficial. En definitiva, los pros y contras de nuestro vivir. Amor, trabajo, cultura y amistad conforman la base de nuestra existencia. La novedad de 2018 es que actualicemos lo mejor de nosotros mismos… Ahí es nada… Pero vale la pena. ¡Buenos propósitos!

Artículo publicado hoy en La Tribuna de Albacete

recorte la tribuna 8.1.18

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Sin interferencias

 

Echo de menos la vida sin interferencias. El trato directo y atento, sin constantes interrupciones vía artilugios cada vez más sofisticados. Cuantas más aplicaciones menos explicaciones. Palabras y silencios forman parte del modo de expresarnos. Por mucho que triunfen los mensajes directos con imágenes a todo color y los más variopintos sonidos, el tú a tú, la presencia y cercanía de los interlocutores es condición sine qua non para la buena comunicación. Vivimos en una sociedad hipercomunicada donde la soledad avanza cuasi a pasos agigantados. Extraña y llamativa paradoja que parpadea con fortísima intermitencia. Precaución. Estamos haciendo equilibrios peligrosos al borde del desinterés, indiferencia y olvido de las relaciones genuinamente humanas. ¿Se puede?… Por favor… Hola… Adiós. Preguntas que aguardan respuesta. Encuentros personales. Conversaciones. Miradas, expresiones de cariño. Trato familiar y de amistad. Somos personas, no máquinas que responden automáticamente con una inteligencia artificial carente de sentimientos. Racionalizar el uso de las nuevas tecnologías, de avance imparable, para que no deformen las relaciones humanas. En cierto modo, tenemos que ir en busca del tesoro perdido. Los planos están al alcance de casi todos. Se transmiten de generación en generación y no podemos dar la nuestra por perdida. Recordar y practicar cuanto hemos aprendido para saber estar -dónde y cómo- y seguir disfrutando en familia, con amigos, vecinos y conocidos, de esos ratos entrañables, imprescindibles para el buen querer. Trabajar priorizando siempre el trato personal. Vivir sin perder ninguna parcela de felicidad en la grandísima extensión de las relaciones humanas, donde nadie, nadie debería encontrarse solo. Para eso estamos… sin interferencias.

Letras, palabras, frases… oraciones

 

Como siempre, a pie de página de la vida que pasa y se queda, que viene y va deletreando la existencia. Apenas balbuceamos las primeras letras, cuando sin del todo saber, comprendemos el significado de las palabras que fundamentan nuestro vivir… Amor, familia, amistad, verdad, paz, trabajo, fidelidad… Palabras que van construyendo frases quizás no grandilocuentes, pero repletas de esa coherencia que subraya la dignidad de toda vida. Oraciones, que tantas veces dan fe de un creer en un más allá, transido de ruego y súplica, de perdón y agradecimiento, de adoración y desagravio. Ese rezar sin orar de la vida que esculpe jaculatorias repletas de súplica. Letras, palabras, frases… oraciones que quizás aprendimos de niños. Crecer es un sin parar y quizás un sinvivir del que tendríamos que tomar nota, como siempre, a pie de página de esta vida cuasi empeñada en escaparse de nuestras manos. Coger las riendas de la existencia, tantas veces desbocada, es tarea imprescindible para todo aquel que quiera aprovechar al máximo el lujo de vivir. Dos días y una eternidad. Deletrear, leer y escribir, entender, captar la existencia. Pasar por alto y detenerse, de cuando en cuando, en el camino. Perder y ganar tiempo junto a innumerables compañeros de viaje. Arrieros somos, cargando con el devenir de la vida que fluctúa sobre las olas del porvenir. Un sinfín de palabras para comunicarnos con los demás, también a través de la elocuencia del silencio. Hablar y callar. Reflexionar. Escuchar, atender, comprender, aprender, enseñar… Fundamentar nuestro vivir con la rúbrica de la verdad. Esmerada caligrafía virtual que narra los pormenores de la existencia, página a página. Y van quedando los recuerdos como cimientos de los proyectos más audaces. El día a día, con sus letras, palabras y frases que no pocas veces se convierten en oraciones que suben al cielo como lluvia de estrellas que caen sobre nosotros de nuevo… Estrellas fugaces y miles, millones de deseos. Voces y silencios, siempre, repito, a pie de página de esa vida que, aún sin saber, escribimos todos los días… Amor, familia, amistad, verdad, paz, trabajo, fidelidad… Palabras, que el buen Dios, no deja de enseñarnos una y otra vez, sin tener en cuenta nuestros tachones o borrones. Despacito y buena letra…

La voz

Probando, probando… hemos escuchado, alguna que otra vez, mientras mirábamos con más o menos atención, a quien, con micrófono en mano, modulaba el tono de su voz ante un auditorio distraído o expectante. Cuando tenemos interés en que nos escuchen solemos poner cuantos medios tenemos al alcance. Importa sobremanera el contenido, porque las palabras necias ensordecen hasta las mismas tapias. Hablar por hablar sin más lleva consigo la pendiente que aboca al fracaso de la comunicación en un mundo con superávit de conexiones. Me encontraba probando mi portátil por enésima vez, tras pantallazos y apagones que todavía dudo que se hayan resuelto al cien por cien, cuando vi que peligraba uno de mis trabajos más queridos, escribir a pie de página de la vida. Punto y seguido, nunca aparte, de mis labores como madre de familia numerosa. Condición por la que estoy acostumbrada a concentrarme en la más absoluta algarabía. La particular música de fondo era hoy el telediario, no sé de qué cadena pero encadenaba tantos por cientos de mujeres que renunciaban a la maternidad por el trabajo y viceversa. Versados en el tema, muchos y dispares… según apunten a un blanco u otro, pero la realidad necesita ponerse las botas de siete leguas para seguir muy, pero que muy de lejos a las mujeres que tratan de conciliar vida laboral y familiar. Conciliación es la palabra clave. ‘Clave: Noticia o idea por la cual se hace comprensible algo que era enigmático’. Del dicho al hecho sigue existiendo un largo trayecto por recorrer. En los márgenes, no en la cuneta, quedamos y seguimos quiénes de un modo u otro hemos ido abriendo camino, tanto a nivel empresarial como personalmente, tomando decisiones arriesgadas, no cómodas ni fáciles, a pesar de las apariencias. Decidir responsablemente es de gran ayuda para conciliar la propia vida tratando de negociar los talentos recibidos al máximo rendimiento. Lo de ganar o perder es opcional según la perspectiva. La vida, esa gran maestra, nos va dando lecciones que no acabamos de aprender… y hay cursos que no se repiten. Modular nuestra voz para hacernos oír con claridad en el tema de la conciliación familiar-laboral, supone un amplio auditorio que de una vez por todas debería de dejar de hacer oídos sordos. Y no sólo las madres. Los padres también la necesitan. Al escribir y en cierto modo alzar la voz, no puedo menos que recordar al inolvidable FranK Sinatra. Se le reconoce el haber sido el primer cantante que hace uso consciente de los medios de ampliación de sonido con el objeto de situar su voz por encima del sonido de la orquesta. Esa es la idea. Si me preguntan como lo hice, pueden leer o cantar, al menos tararear la respuesta… ‘Tal vez lloré, tal vez reí. Tal vez gané, tal vez perdí. Y, ahora sé que fui feliz’… A mi manera.

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Estoy aquí

 

Escribir a pie de página de la vida es para mí un trabajo apasionante que abarca  días y noches, el latido de la existencia. Casi como el respirar, voy tomando nota de personas, lugares, circunstancias, sin necesidad de lápiz ni papel. Saber mirar, saber escuchar  y encontrar una voz  es un aprendizaje constante que lejos de cansar, fortalece la capacidad de expresión, herramienta básica y fundamental para las relaciones humanas.  Somos, por naturaleza, seres sociales. Lo nuestro es la comunicación. La paradoja, es que a pesar y también a causa de las redes sociales, la soledad de muchas personas se ha convertido en altavoz para recordarnos el tú a tú del trato genuino en  familia, con vecinos y amigos, en el trabajo y en las diversas circunstancias que la vida nos va deparando.

En la media distancia, a través de periódicos, revistas, programas de fiestas, boletines informativos y también en redes sociales, voy aportando mi bagaje personal de palabras estructuradas con esmero, tratando de construir piezas que encajen en el gran puzzle de la vida. Tengo que confesar que no dejo de aprender leyendo atentamente la existencia, al tiempo que disfruto con los libros de siempre, sin dejar de leer y subrayar artículos magistrales de tantos buenos maestros en todos los órdenes del saber.

Estoy aquí, en mi blog personal, desde hace unos años y hasta que Dios quiera.  Desde ‘EL BLOG  DE  KIKA’ también voy a seguir cerca de tantísimos seguidores agradecidos. Por supuesto que  continuo  con mis colaboraciones habituales y  estoy abierta a otras,  donde me  llamen  o tengan a bien recibirme.

El motivo de esta entrada en mi cuaderno de bitácora es agradecer  a todos los lectores que me han echado de menos en el periódico donde más tiempo llevaba colaborando ¡Casi veintiún años!… y sin explicación creíble, aplazamientos injustificados, llamadas en espera de reuniones que nunca se acaban… el silencio es la última respuesta que tengo, amén que, desde primeros de noviembre, han dejado de publicarme.  Jamás hubiera esperado algo así.  De todas formas agradezco haber podido tener una columna y publicado cientos de artículos, y sobre todo la posibilidad de conocer y tratar de amistad con tanta gente buena.

Pues aquí estoy para servir a Dios y a usted, como me enseñaron mis mayores. No tengo demasiado trabajo, ni estoy cansada, ni tan siquiera he tirado la toalla.

Pienso seguir articulando la vida… Por favor ¿Se lo puede decir a sus amigos?…

                                                                       ENTRE SUS LABORES. Kika Tomás y Garrido

 

 

 

 

Mi móvil, tu móvil, su móvil

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En singular y en plural conectando sin cesar, en todo tiempo y lugar con gente conocida o desconocida, cercana o lejana. ‘Mi móvil, mi mundo’, inmovilizando cada vez más el tú a tú del trato directo y personal que es lo que realmente nos ayuda a cuidar las relaciones familiares y sociales. El abuso de las redes sociales, que paso de enumerar, ningunea  a la persona hasta el extremo de aislarla en una inmensa soledad  rodeada de miles de seguidores y amigos. Extraña paradoja recubierta de silencio, vibración o un sinfín de sonidos que irrumpen e interrumpen la vida misma con total impunidad.  El móvil ha pasado a ser un elemento imprescindible en la sociedad actual porque además de medio eficacísimo de comunicación, es un manejable instrumento de trabajo y consulta, distracción e incluso portal de cultura. Todo tan a mano que ‘enredarse’, en el sentido literal de la palabra, nos puede llevar a quedar atrapados en la Red. Cuestión incuestionable que precisa de una clara respuesta individual forjada de entendimiento y voluntad en el amplio margen de la libertad personal. Esta es la tesitura en que podemos encontrarnos o perdernos. Mientras tanto, me gusta pensar en otros móviles de nuestra vida. En aquello que nos mueve a ser o actuar de una manera determinada. En las fechas que nos encontramos, la muerte no deja de tener un precio que no saldan los haberes materiales que hayamos podido acumular. Antes, después y mientras tanto. Ser o no ser, realmente, eterna cuestión. Más que los muertos vivientes, fantasmagóricos y festivos, creo que es interesante considerar la grandeza de la vida de tantas personas que murieron pero dejaron una huella indeleble abriendo caminos de felicidad, compartida por todos los santos sí,  también por personas que quizás no estén en los altares pero que han dejado un gran legado de bondad, en el sentido de hacer en cada momento lo que hay que hacer. Creo que todos podemos dedicar un poco de nuestro tiempo para recordar tanto bueno y ¿Por qué no?… seguir su ejemplo. Mi móvil, tu móvil, su móvil. Apagar y encender. Conectar. Esa es la cuestión.

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Artículo publicado hoy en La Opinión de Murcia

Cuestión de talla

 

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Ni siempre ni nunca pero es un dato a tener en cuenta más allá de cualquier sistema métrico de pesas y medidas. Paso a paso, desfiles de pasarela  y de la vida misma, a pie de calle. La moda que fue, es y  pasa en un abrir y cerrar de ojos, como  sueño de verano bajo un sol que de manera implacable deslumbra y calienta. El calor hace estragos  en los más variopintos modelos veraniegos al margen de los buenos cánones de belleza. La calle se transforma en escenario de un extraño baile de máscaras  donde cada cual interpreta un papel a su medida. La paradoja es que se obvia  talla y tallaje.  Los espejos del mal gusto deforman la realidad y saber quién es quién puede resultar enigmático. Las apariencias más que engañar confunden al personal. Trapos y harapos visten, o peor, desvisten la auténtica moda, con modos y modales que rasgan impunemente las hechuras  de las buenas maneras. Es bastante habitual ir por la calle y cruzarse  con personas de toda clase y condición,  que no se sabe si han salido de casa a medio vestir o se han disfrazado como los demás ocultando e incluso anulando su propia personalidad. La moda es arte y artesanía, papel de regalo que envuelve primorosamente nuestro ser personal, respetando dignidad y libertad. Lo demás no son más que rotos añadidos a un penoso descosido ético y estético que  enturbia todo atisbo de belleza. La elegancia en el ser y en el vestir configura  la talla personal. Hoy en día no suele haber problema en el tallaje a la hora de comprar a medida. Sí parece haberlo en la adquisición equivocada de prendas que no se ajustan a los parámetros del más común de los sentidos. Así nos va. Ante la falta del más elemental sentido del pudor, se distorsionan las relaciones humanas. De la función bonita que se esperaba en  la función de levita, hemos pasado a no saber hasta dónde vamos a llegar con esta disfunción generalizada no sólo del buen gusto sino de saber aparentar lo que realmente somos, vistiendo con idoneidad. Dar la talla supera con creces el tallaje universal en las prendas de vestir. Desnudarse de prejuicios no es sinónimo de desvestirse inadecuadamente. El fondo de armario no tiene que desfondar nuestra intimidad. La persona no es sólo cuerpo pero el vestido trasluce nuestra personalidad. Pespunte a pespunte podemos marcar nuestro itinerario urbano…con urbanidad. Modos y modales  subrayan la auténtica moda para cada ocasión. También hay que saber vestir el cargo. Va más allá de unas mangas remangadas, unas greñas rebuscadas o una corbata ‘a lirondo, a lirondo’ como el famoso sombrero de la canción que me quito y me  pongo. Cuestión de dar la talla.

Artículo publicado hoy en La Opinión de Murcia