La voz

Probando, probando… hemos escuchado, alguna que otra vez, mientras mirábamos con más o menos atención, a quien, con micrófono en mano, modulaba el tono de su voz ante un auditorio distraído o expectante. Cuando tenemos interés en que nos escuchen solemos poner cuantos medios tenemos al alcance. Importa sobremanera el contenido, porque las palabras necias ensordecen hasta las mismas tapias. Hablar por hablar sin más lleva consigo la pendiente que aboca al fracaso de la comunicación en un mundo con superávit de conexiones. Me encontraba probando mi portátil por enésima vez, tras pantallazos y apagones que todavía dudo que se hayan resuelto al cien por cien, cuando vi que peligraba uno de mis trabajos más queridos, escribir a pie de página de la vida. Punto y seguido, nunca aparte, de mis labores como madre de familia numerosa. Condición por la que estoy acostumbrada a concentrarme en la más absoluta algarabía. La particular música de fondo era hoy el telediario, no sé de qué cadena pero encadenaba tantos por cientos de mujeres que renunciaban a la maternidad por el trabajo y viceversa. Versados en el tema, muchos y dispares… según apunten a un blanco u otro, pero la realidad necesita ponerse las botas de siete leguas para seguir muy, pero que muy de lejos a las mujeres que tratan de conciliar vida laboral y familiar. Conciliación es la palabra clave. ‘Clave: Noticia o idea por la cual se hace comprensible algo que era enigmático’. Del dicho al hecho sigue existiendo un largo trayecto por recorrer. En los márgenes, no en la cuneta, quedamos y seguimos quiénes de un modo u otro hemos ido abriendo camino, tanto a nivel empresarial como personalmente, tomando decisiones arriesgadas, no cómodas ni fáciles, a pesar de las apariencias. Decidir responsablemente es de gran ayuda para conciliar la propia vida tratando de negociar los talentos recibidos al máximo rendimiento. Lo de ganar o perder es opcional según la perspectiva. La vida, esa gran maestra, nos va dando lecciones que no acabamos de aprender… y hay cursos que no se repiten. Modular nuestra voz para hacernos oír con claridad en el tema de la conciliación familiar-laboral, supone un amplio auditorio que de una vez por todas debería de dejar de hacer oídos sordos. Y no sólo las madres. Los padres también la necesitan. Al escribir y en cierto modo alzar la voz, no puedo menos que recordar al inolvidable FranK Sinatra. Se le reconoce el haber sido el primer cantante que hace uso consciente de los medios de ampliación de sonido con el objeto de situar su voz por encima del sonido de la orquesta. Esa es la idea. Si me preguntan como lo hice, pueden leer o cantar, al menos tararear la respuesta… ‘Tal vez lloré, tal vez reí. Tal vez gané, tal vez perdí. Y, ahora sé que fui feliz’… A mi manera.

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Estoy aquí

 

Escribir a pie de página de la vida es para mí un trabajo apasionante que abarca  días y noches, el latido de la existencia. Casi como el respirar, voy tomando nota de personas, lugares, circunstancias, sin necesidad de lápiz ni papel. Saber mirar, saber escuchar  y encontrar una voz  es un aprendizaje constante que lejos de cansar, fortalece la capacidad de expresión, herramienta básica y fundamental para las relaciones humanas.  Somos, por naturaleza, seres sociales. Lo nuestro es la comunicación. La paradoja, es que a pesar y también a causa de las redes sociales, la soledad de muchas personas se ha convertido en altavoz para recordarnos el tú a tú del trato genuino en  familia, con vecinos y amigos, en el trabajo y en las diversas circunstancias que la vida nos va deparando.

En la media distancia, a través de periódicos, revistas, programas de fiestas, boletines informativos y también en redes sociales, voy aportando mi bagaje personal de palabras estructuradas con esmero, tratando de construir piezas que encajen en el gran puzzle de la vida. Tengo que confesar que no dejo de aprender leyendo atentamente la existencia, al tiempo que disfruto con los libros de siempre, sin dejar de leer y subrayar artículos magistrales de tantos buenos maestros en todos los órdenes del saber.

Estoy aquí, en mi blog personal, desde hace unos años y hasta que Dios quiera.  Desde ‘EL BLOG  DE  KIKA’ también voy a seguir cerca de tantísimos seguidores agradecidos. Por supuesto que  continuo  con mis colaboraciones habituales y  estoy abierta a otras,  donde me  llamen  o tengan a bien recibirme.

El motivo de esta entrada en mi cuaderno de bitácora es agradecer  a todos los lectores que me han echado de menos en el periódico donde más tiempo llevaba colaborando ¡Casi veintiún años!… y sin explicación creíble, aplazamientos injustificados, llamadas en espera de reuniones que nunca se acaban… el silencio es la última respuesta que tengo, amén que, desde primeros de noviembre, han dejado de publicarme.  Jamás hubiera esperado algo así.  De todas formas agradezco haber podido tener una columna y publicado cientos de artículos, y sobre todo la posibilidad de conocer y tratar de amistad con tanta gente buena.

Pues aquí estoy para servir a Dios y a usted, como me enseñaron mis mayores. No tengo demasiado trabajo, ni estoy cansada, ni tan siquiera he tirado la toalla.

Pienso seguir articulando la vida… Por favor ¿Se lo puede decir a sus amigos?…

                                                                       ENTRE SUS LABORES. Kika Tomás y Garrido

 

 

 

 

Mi móvil, tu móvil, su móvil

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En singular y en plural conectando sin cesar, en todo tiempo y lugar con gente conocida o desconocida, cercana o lejana. ‘Mi móvil, mi mundo’, inmovilizando cada vez más el tú a tú del trato directo y personal que es lo que realmente nos ayuda a cuidar las relaciones familiares y sociales. El abuso de las redes sociales, que paso de enumerar, ningunea  a la persona hasta el extremo de aislarla en una inmensa soledad  rodeada de miles de seguidores y amigos. Extraña paradoja recubierta de silencio, vibración o un sinfín de sonidos que irrumpen e interrumpen la vida misma con total impunidad.  El móvil ha pasado a ser un elemento imprescindible en la sociedad actual porque además de medio eficacísimo de comunicación, es un manejable instrumento de trabajo y consulta, distracción e incluso portal de cultura. Todo tan a mano que ‘enredarse’, en el sentido literal de la palabra, nos puede llevar a quedar atrapados en la Red. Cuestión incuestionable que precisa de una clara respuesta individual forjada de entendimiento y voluntad en el amplio margen de la libertad personal. Esta es la tesitura en que podemos encontrarnos o perdernos. Mientras tanto, me gusta pensar en otros móviles de nuestra vida. En aquello que nos mueve a ser o actuar de una manera determinada. En las fechas que nos encontramos, la muerte no deja de tener un precio que no saldan los haberes materiales que hayamos podido acumular. Antes, después y mientras tanto. Ser o no ser, realmente, eterna cuestión. Más que los muertos vivientes, fantasmagóricos y festivos, creo que es interesante considerar la grandeza de la vida de tantas personas que murieron pero dejaron una huella indeleble abriendo caminos de felicidad, compartida por todos los santos sí,  también por personas que quizás no estén en los altares pero que han dejado un gran legado de bondad, en el sentido de hacer en cada momento lo que hay que hacer. Creo que todos podemos dedicar un poco de nuestro tiempo para recordar tanto bueno y ¿Por qué no?… seguir su ejemplo. Mi móvil, tu móvil, su móvil. Apagar y encender. Conectar. Esa es la cuestión.

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Artículo publicado hoy en La Opinión de Murcia

Cuestión de talla

 

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Ni siempre ni nunca pero es un dato a tener en cuenta más allá de cualquier sistema métrico de pesas y medidas. Paso a paso, desfiles de pasarela  y de la vida misma, a pie de calle. La moda que fue, es y  pasa en un abrir y cerrar de ojos, como  sueño de verano bajo un sol que de manera implacable deslumbra y calienta. El calor hace estragos  en los más variopintos modelos veraniegos al margen de los buenos cánones de belleza. La calle se transforma en escenario de un extraño baile de máscaras  donde cada cual interpreta un papel a su medida. La paradoja es que se obvia  talla y tallaje.  Los espejos del mal gusto deforman la realidad y saber quién es quién puede resultar enigmático. Las apariencias más que engañar confunden al personal. Trapos y harapos visten, o peor, desvisten la auténtica moda, con modos y modales que rasgan impunemente las hechuras  de las buenas maneras. Es bastante habitual ir por la calle y cruzarse  con personas de toda clase y condición,  que no se sabe si han salido de casa a medio vestir o se han disfrazado como los demás ocultando e incluso anulando su propia personalidad. La moda es arte y artesanía, papel de regalo que envuelve primorosamente nuestro ser personal, respetando dignidad y libertad. Lo demás no son más que rotos añadidos a un penoso descosido ético y estético que  enturbia todo atisbo de belleza. La elegancia en el ser y en el vestir configura  la talla personal. Hoy en día no suele haber problema en el tallaje a la hora de comprar a medida. Sí parece haberlo en la adquisición equivocada de prendas que no se ajustan a los parámetros del más común de los sentidos. Así nos va. Ante la falta del más elemental sentido del pudor, se distorsionan las relaciones humanas. De la función bonita que se esperaba en  la función de levita, hemos pasado a no saber hasta dónde vamos a llegar con esta disfunción generalizada no sólo del buen gusto sino de saber aparentar lo que realmente somos, vistiendo con idoneidad. Dar la talla supera con creces el tallaje universal en las prendas de vestir. Desnudarse de prejuicios no es sinónimo de desvestirse inadecuadamente. El fondo de armario no tiene que desfondar nuestra intimidad. La persona no es sólo cuerpo pero el vestido trasluce nuestra personalidad. Pespunte a pespunte podemos marcar nuestro itinerario urbano…con urbanidad. Modos y modales  subrayan la auténtica moda para cada ocasión. También hay que saber vestir el cargo. Va más allá de unas mangas remangadas, unas greñas rebuscadas o una corbata ‘a lirondo, a lirondo’ como el famoso sombrero de la canción que me quito y me  pongo. Cuestión de dar la talla.

Artículo publicado hoy en La Opinión de Murcia

¡Ay, perdón!

Perfecto, lo que se dice perfecto, no somos ninguno de los habitantes de nuestra aldea global. Nos equivocamos una y otra vez , tanto en nuestras actividades cotidianas particulares como en las que nos relacionan con los demás. Volvemos a intentarlo pero no siempre logramos nuestro objetivo, puesto en el punto de mira  de la vida misma  ante todas las situaciones personales y sociales posibles. Rectificar dicen que es de sabios pero si no sabemos o no queremos saber, la enmienda se convierte  en un imposible para la buena convivencia. Querer hacer las cosas bien es el primer peldaño hacia la superación y el éxito. Subir y bajar es una constante en la trayectoria hacia la excelencia. Peldaño a peldaño de la mano de la verdad, el bien y la belleza, alcanzaremos los logros mejores, cada cual en el nivel de exigencia adecuado, reafirmando nuestra personalidad en todas las circunstancias de la vida. Como seres sociales que somos, la relación con los demás es un campo de batalla interesantísimo en el que hemos de esgrimir nuestras mejores armas para luchar contra las constantes intromisiones que dificultan y deterioran la buena convivencia. Lo describe gráficamente el infinitivo de la acción. Convivir es vivir con… con todos y cada uno, aceptando, respetando, tolerando, comprendiendo, queriendo, siendo personas que transmiten paz y alegría. Es bueno saber el terreno que pisamos para no resbalar, salpicar o caer de bruces en  cuanto aboca a la enemistad e incluso a una amarga soledad. Decía lo de subir y bajar peldaños para esa mejoría personal que sin lugar a duda se convierte en motor de cambio de la sociedad. Ojo avizor, no es igual cambio que cambalache, falsas promesas que realidades tangibles; seguir luchando por conseguir los objetivos propuestos que tirarlo todo por la borda en zafarrancho de combate. En el día a día, tenemos la oportunidad del mejor entrenamiento.  Para mí resultó una grata experiencia, compartida con otros viandantes, una no muy lejana jornada repleta de innumerables ‘Ay, perdón’ y sus correspondientes sonrisas de disculpa ante situaciones como… ‘Invadir la acera hablando unos con otros sin dejar paso’, ‘Ir alguien ensimismado con el móvil y tener que parar para que no se estampe con nosotros’, ‘Tener también que frenar en seco, peatonalmente hablando, para no resultar atropellados por la persona que sale precipitadamente de un portal’… giros bruscos, encontronazos inesperados, meteduras de pata, despistes, palabras inoportunas … situaciones que casi sin querer nos van orientando hacia el camino de la buena convivencia. Cuestión de seguir ejercitándonos en saber ser y saber estar. Y por hoy, se acabó. ¡Ay, perdón! No quería dar un portazo como punto y final. Gracias por sonreír.

Artículo publicado hoy en La Tribuna de Albacete

Llamadas, chats, contactos

 

De la ‘A’  a  la  ‘ Z’, por nombres, apellidos, apelativos familiares y un sinfín de posibilidades, guardamos en nuestros móviles una amplísima agenda de contactos con los que conectamos una y otra vez, casi por arte de magia, sin importar las circunstancias y localización de cada cual porque los teléfonos tienen memoria y alarmas para advertir o avisar de seres y aconteceres. Tenemos en nuestras manos una fantástica herramienta de comunicación… si la sabemos utilizar. Parodiando el inicio del soneto burlesco de Quevedo, ‘Érase un hombre a una nariz pegado’… Érase una persona, millones de personas, pegadas a un móvil como si fuera un apéndice de su mano, incluso de su vida. Llamadas, chats, contactos, fotografías, vídeos, selfies, música e infinidad de sonidos que interrumpen por doquier sin querer, sin deber, sin parar. De un modo u otro, todos  estamos movilizados e inmovilizados a un tiempo. El mundo en nuestra pequeña pantalla y nosotros, tantas veces, fuera de cobertura porque no es lo mismo un emoticono, más o menos sabio que expresa hasta lo inexplicable, que la presencia de un familiar, un amigo, vecino, compañero de trabajo o de las penas y fatigas de la vida. Ni siempre ni nunca pero sí con frecuencia necesitamos estar con quiénes más queremos. Cuántos buenos e inolvidables raticos pasados juntos, donde se habla de todo y de nada, pero estamos pendientes unos de otros. Miradas, sonrisas, complicidad, confianza, voces y susurros, besos, ternura, diálogos, canciones, silencios, lágrimas, recuerdos, proyectos… la vida misma, nosotros mismos, la cadencia del acontecer en las distintas etapas y circunstancias de nuestra existencia. Mientras escribo este artículo  mi marido me ha enviado varias fotografías típicas de Las Fiestas de Primavera, bueno lo ha hecho a uno de los grupos familiares que tenemos, y los Whatsapp han circulado con fluidez. Han llamado por teléfono tres de mis hijos, desde diferentes puntos de nuestra geografía. Unos pendientes de otros, sí, pero en realidad, aunque sea circunstancial, estoy sola en casa. No creo que vengan los ladrones, sin embargo necesito que alguien robe este silencio que se me figura denso de más… y vuelve a sonar el móvil, otro hijo que llama, y hablamos, al tiempo oigo la llave… ya empiezan a venir, ni todos ni siempre, pero cada rincón de casa parece recobrar su sentido. Es hora de cenar. Enchufo el móvil para no quedarme sin batería, espero varias llamadas y tengo que enviar algún que otro mensaje. Tiempo al tiempo, pero no hay nada como disfrutarlo junto a quienes queremos.

Artículo publicado hoy en  La Opinión de Murcia

Elucubraciones

A diestro y siniestro. Cábalas (conjeturas, suposiciones) que hacen cavilar (reflexionar con preocupación e insistencia o de forma profunda y minuciosa) a las mentes más sesudas sin llegar a una conclusión fehaciente (fidedigno, que da testimonio de la certeza de algo). La cuestión planteada por los últimos acontecimientos en el entorno político-social de España, abre un descomunal interrogante  cuasi imposible de cerrar,  al tiempo que un intensivo vaivén de puertas, giratorias o no, se tambalean, virtualmente, ante la amenaza de portazos sin fin. Lo normal es que nadie se pille un dedo, pero las consecuencias del destartale pueden conducirnos a un peligroso despeñamiento de nuestro sistema político, llevando a España a la deriva. ¡Dios nos pille confesados! En este año santo de la misericordia, muchos intentaremos ganar el jubileo, mientras otros, se afanarán en esconder el exceso de miseria bajo nuestra ajada y ultrajada piel de toro. Piel, repito, de paquidermo parecen tener los inmersos en la corrupción, común denominador de cuantos han hecho de la política una falsa moneda de cambio. Cercana la celebración de San Valentín es fácil hacer analogías recordando a Gustavo Adolfo Bécquer: ‘Por una mirada, un mundo, por una sonrisa, un cielo, por un beso… ¡yo no sé qué te diera por un beso!’… ¿Qué se darán por un  ministerio, por un sillón, por un puesto?… Ser o no ser Presidente,  parece ser la cuestión, pero lo incuestionable, indiscutible e indudable es el bien común que actualmente parece ser el menos común en los perseguidores del poder a toda costa. Anegados por la corrupción, salpicar al adversario se ha convertido en un juego sucio en el que todos perdemos. Quiero creer que no todo está perdido. Quiero confiar en los auténticos políticos. ‘Haberlos, haylos’. Quiero pensar que España va a seguir unida y fortalecida por el empeño de todos en afianzar lo conseguido y luchar si dejación en el esfuerzo por lograr lo mejor para esta tierra de conquistadores. Que el buen hacer y la bonhomía aboguen por la renovación de intereses en pro del bien común. España más que diferente, tiene que ser ella misma, buscando la perfección acorde a su idiosincrasia. Elucubraciones, reflexiones sobre algo conseguido tras un intenso trabajo intelectual. Elucubrar para establecer conclusiones y soluciones. Lo que creo que todos tenemos claro es que ´cuando seamos mayores´ no querremos ser presidentes a toda costa. Se lo podemos decir a nuestros vecinos…

Artículo publicado hoy en La Tribuna de Albacete