De vinos y amores

 

Se dice que los viejos son los mejores. Será por el tiempo que, imperceptiblemente, va poniendo cada cosa en su sitio. Será por saber esperar su mejor cata. Será por haber aprendido a querer. Será… Como un brindis a los mejores veranos de nuestra vida. Hoy, amaneció un espléndido día. Al caer la tarde, como todas las tardes, se sentó en la vieja mecedora de la casa de campo, bajo la sombra de unas moreras. Contemplaba la vida, al tiempo que balanceaba sus recuerdos. Cuánto había querido y cómo se había dejado querer. Amores de verano como rayos de sol, llenos de luz y calor, que habían iluminado su vida, respetando las luces y sombras de su existencia. ¡Magnífico paisaje! Se decía, una y otra vez, al tiempo que esculpía los rincones de esa memoria un tanto desmemoriada, que le regalaba los recuerdos con una nitidez sobrecogedora. Ella, en su ancianidad, recordando el baño en la antigua balsa del campo, con peces de colores ¡De verdad! Y los miedos infantiles que su padre quería espantar a fuerza de chapuzones  que la abuela no consentía. El verano era un racimo en sazón de una familia numerosa, donde la madre estaba pendiente de todos. Muchos hermanos para jugar y jugar, hasta la extenuación. Sonreía. ¡Qué bien lo pasaban! El tiempo iba dando vueltas a la vida, giraba, como las ruedas de las bicicletas, testigos de excursiones y batacazos. Testigos también, en los años adolescentes, de las idas y venidas de amigos, los guateques en el cenador del jardín, los primeros amores… Y, el que se quedó para siempre… Paseos a la luz de la luna, bajo un cielo cuajado de estrellas… ¡Cuántas, fugaces! Y deseos que no siempre se cumplieron. Y llegaron los hijos. Y, los veranos se renovaron con otro querer. Crecieron como las plantas que tienen buenas raíces y buenos cuidados. Y,  la historia se repetía en ese marco incomparable de la casa de campo familiar, donde el lujo era quererse. Y, empezaron a llegar los nietos para rubricar esos amores de verano y de siempre. – ¡Abuela, abuela!… Que ya es tarde para estar dormida. Ella, abriendo los ojos al tiempo que sonreía, respondió: – En realidad, estaba soñando despierta…

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La canción del verano

No puedo creer que, a estas alturas del verano, se encuentre a alguien que no haya escuchado e incluso tarareado la canción del verano 2017.  A ver, a ver… ¿Sí?… ¿No?… Reflexione… Sin prisa… ‘Despacito’… Ante la duda o incluso la certeza, no deje de cantar, por dentro y por fuera, sus canciones preferidas, sí, esas que siempre guardamos a buen recaudo en un lugar del corazón. Es probable que no las recordemos todas al pie de la letra, pero seguro nunca olvidaremos las que en el transcurrir del tiempo, van componiendo la banda sonora de nuestra vida. Música de ayer y hoy, imperecederas… Melodías que surcan las notas del pentagrama de nuestra existencia en clave muy personal, con espacios y líneas que recorren esa partitura invisible que casi con el aliento sostenido y la elocuencia de muchos silencios, seguimos marcando al compás de cada etapa de nuestras vidas. Canciones de cuna y juegos infantiles, canciones de viejos y nuevos amores. Música clásica, antigua, moderna. Tradición y folclore. Marchas militares. Himnos. Canciones  más o menos pegadizas. Letras más o menos versadas… Yo canto, tú cantas, él canta, nosotros, vosotros, ellos…  cantamos de un modo u otro a la vida, nuestra gran compañera de viaje. Despacito o, a todo ritmo, un mar de músicas acaricia, como las olas que vienen y van, las playas de la existencia, arrastrando y llevando en volandas, recuerdos y sentimientos, con espuma de nostalgia y agua de alegría bulliciosa. Cantares de gesta, Cantar de los cantares, voces de otros tiempos y lugares. Dar la nota, ajustar el tono, llevar la batuta, dirigir la orquesta, aclarar la voz, afinar los instrumentos. ¡Silencio! …Se canta… Sueños de innumerables noches de verano, bajo la luz de la luna y cielos estrellados, engalanados de azul noche. Melodías que como estrellas fugaces despiertan deseos y anhelos. Canciones de los mejores veranos de nuestra vida. Despacito, despacito… no dejemos escapar esas tertulias familiares y entre amigos -amigos para siempre- donde casi siempre suena una guitarra.

 

 

 

 

 

Tormentas

 

Entre la tempestad y la calma podemos encontrar no solo un sinfín de fenómenos atmosféricos sino también situaciones incontrolables y extremas, ante las que la respuesta individual y colectiva, puede trazar   un   arco   iris   de   esperanza   o   socavar   laberintos sin salida. Sensatez y buen hacer no se improvisan. Previsiones   y   acopio   también   de   un buen bagaje personal para saber afrontar las situaciones que de un modo u otro nos depara la vida. Verano   tras   verano, nos vemos sorprendidos -somos olvidadizos- por cantidad de aguaceros, granizadas, vendavales y pedreas que parecen desprenderse con violencia de inmensos nubarrones prácticamente tiznados de negro. Mientras tanto el sol guarda a buen recaudo el calor sofocante que nos regalará con generosidad, extendiendo sus rayos hasta el infinito. Apenas estrenada la temporada por excelencia de vacaciones nos encontramos de lleno con una auténtica tormenta de inestabilidad ambiental, que   como efecto dominó se extiende por todos los estamentos sociales, sin que la batuta de una buena política logre un concierto de cooperación y mejora que prescinda de dimes y diretes partidistas, discusiones y acusaciones propias de competencias desleales. Ni quito ni pongo rey, pero defiendo el interés de nuestra sociedad. Nunca es de recibo la pérdida de tiempo ni de dinero, menos cuando la tremenda crisis pasada, no deja de pisarnos los talones. No es difícil adivinar dónde se encuentra el Talón de Aquiles de quiénes parecen querer cargarse a toda costa nuestra democracia. Que cada cual atienda a su juego, pero poniendo las cartas sobre la mesa, no nos vendría mal, un examen de coherencia. Cuando parece que las aguas van volviendo a su cauce, una tormenta de ideas se introduce en este artículo imitando quizás a los grandes ejecutivos empresariales. Pensar, proponer, calcular, idear, construir, deconstruir, elaborar, innovar, cambiar, repetir, cuestionar, solucionar, pisar suelo, tocar techo, frenar, salir disparados, hablar, dialogar, escuchar, hacer oídos sordos, exclamar, intuir, competir, adivinar, desechar, aceptar, ilusionarse, volver a intentarlo, descubrir, encubrir, mostrar, señalar, fundamentar… sumar y seguir en un sinfín de posibilidades para pasar un verano estupendo, cada cual a su manera y de mil maneras, eso sí, llevando el equipaje imprescindible; familia, amigos, personas a quiénes queremos o que sabemos necesitan ser queridas. Aparte, las opciones de campo, playa, ciudad, pueblos y aldeas, montañas, incluso castillos de verdad, de arena o en el aire, ¿por qué no? Las tormentas de la convivencia veraniega se amainan con el arco iris de la condescendencia y el sol de todos los veranos brilla con la ilusión de un tiempo feliz donde junto al descanso y aficiones de cada uno, llevamos el calor de hogar, sí ese querernos tal como somos sin exigir más allá de lo que se puede dar. Conocernos y aceptarnos es un gran paso. No, no hace falta coger las botas de siete leguas, eso pasa solo en los cuentos. Pero nuestra realidad también puede ser fantástica. No sé si les habré atormentado demasiado. Tras la tempestad, un arco iris de buenos deseos para las vacaciones de todos.

Artículo publicado  en La Tribuna de Albacete

 

Joaquín Navarro Valls

In memoriam

Persona fiel, excelente profesional, siempre dispuesto a servir a los demás, abierto y atento a todos, amigo entrañable… y un extenso curriculum de humanidad, de vida y ¿por qué no?… de santidad. La grandeza de la vida corriente que tanto predicó San Josemaría y que muchos, aún a trancas y barrancas, queremos vivir, tratando de hacer poesía de la prosa de cada día. Ha sido mi marido, compañero de trabajo de uno de los hermanos de Joaquín, el que me animó a escribir  in memoriam. Se da la circunstancia que su mujer y yo fuimos también compañeras de colegio. Total, un entramado de amistad, confianza y cariño. Creo  que  para el mundo entero, Navarro Valls era una persona respetada, cercana y querida. Como buen cartagenero, emprendedor y amante del mar. Navegó sin miedo ¡Mar adentro! Abriendo las puertas a Cristo en todas las circunstancias de su vida. Seguro que en presencia de La Estrella de los mares – ¡Salve! –  Madre del Divino Amor, San Juan Pablo II lo habrá recibido en el cielo, abrazando a su buen amigo como solo se puede abrazar de cara a la eternidad. Bueno, en realidad, quería escribir para agradecer a Joaquín Navarro Valls por cuanto hizo por el mundo, siendo tan buen comunicador de las cosas de Dios. Personalmente, coincidí con él en tres ocasiones, y me atendió amablemente, sonriente, tranquilo, como si no tuviera otra cosa que hacer. Y yo no era nadie importante… Gracias, gracias, gracias. Como broche final, un recuerdo especial para sus padres, personas buenas y generosas que formaron una familia según el querer de Dios. De árbol tan bueno, ¡qué frutos!… Termino agradeciendo por tanto y por todo. Un gran abrazo para cuantos le querían.

Kika Tomás y Garrido

El verano ya está aquí

Mientras la primavera parece no querer decir adiós, se suceden  días claros, rebosantes de sol y calor, con otros  oscuros y  tormentosos. La vida misma, de estación en estación, sin compás de espera. Los pasajeros –gente de todos los tiempos- van y vienen, vamos y venimos siguiendo el curso de los acontecimientos, implicados o como meros espectadores. Ayer y hoy se diluyen en mañana. Pasado entrelazado de entrega y renuncia,  presente y futuro. El tiempo, como el agua y el aire, se nos va de las manos casi sin sentir. Dar sentido a la vida es plenitud. Plenitud que colma de felicidad. Felicidad  que se aprehende practicando, más que en un toma y daca cualquiera, en el esmero por afinar cada nota para interpretar nuestra vida como la mejor melodía. El verano ya está aquí. Hay en el ambiente cierta prisa por terminar. Cierre de ejercicio de cuanto nos ocupa y preocupa, para abrir de par en par la época vacacional, sueño de todas las noches veraniegas. De un modo u otro, cada cual se aplica en alcanzar el mayor éxito en este curso 2016-2017. Evaluaciones, exámenes y notas. Proyectos, objetivos y logros. Ponderar con cierta objetividad la propia vida: Amor, cultura, amistad, trabajo. Mirada retrospectiva e introspectiva. Ser y parecer. Terminar y recomenzar. Queramos o no, somos pasajeros del tiempo. Es bueno ir ligeros de equipaje. Libertad y fuerza de voluntad. Ante las prisas de siempre, la premisa machadiana… ‘Despacito y buena letra que el hacer las cosas bien importa más que el hacerlas’… Tiempo al tiempo… Tiempo de sembrar y tiempo de recoger lo sembrado. Y, queriendo, no dejamos de soñar  despiertos con los mejores veranos de nuestra vida. Tiempo de familia y amistad, de descanso y distracción. Paseos a la orilla del mar, por el campo o la ciudad. Salgamos o no de nuestro hábitat, los días se visten de largo, repletos de luz, color y calor. Tiempo de practicar algún deporte. Tiempo para nosotros y para los demás. Días claros y azules, noches estrelladas. La vida como una gran estrella fugaz, nos invita a descubrirla y pedir un deseo. Tiempo de adensar en la propia alma –como diría María Zambrano- cuanto hemos vivido. Tiempo de relajarnos, agradecer y reponer fuerzas para la siguiente andadura. Las variopintas edades, circunstancias y lugares, personalizan cada respuesta. Llevamos nuestras ilusion  –vuelan alto-,  como cometas de todos los colores. ¡Bienvenido verano! Las  puertas ya están abiertas.

Pendientes

 

Ella decía que no le gustaba llevar  pendientes y sólo se los ponía de vez en cuando, pero un día que tenía interés en ir más arreglada, comprobó que se habían cerrado los agujeros de sus orejas y no dudó en ir cuánto antes a hacérselos de nuevo…historias. Querer y no querer. Porque sí o por si acaso. Con gusto o a disgusto. Disyuntivas banales cuando se trata de escoger una opción u otra en asuntos más o menos superficiales. La cuestión cambia de cariz cuando se trata de algo fundamental y nos quedamos pendientes de un hilo porque no estamos acostumbrados a tomar decisiones firmes. ‘El sí pero no’ o el ‘no dependiendo de’ es  un  toma y daca habitual que nos ayuda a resolver con cierta diplomacia  cuestiones que pueden desviarnos de nuestro camino o afianzarnos en la ruta a seguir. Ser o no ser es causa pendiente de todos y cada uno. La cuestión no se resuelve tapando o abriendo agujeros. Va más allá de querer resolverlo todo en un santiamén. No. Somos humanos y fallamos. Lo normal es tener casi siempre algo pendiente, pero ir amontonando asuntos por resolver es elegir el camino a ninguna parte. La vida misma, parece empeñada en atraer nuestra atención hacia lo que realmente importa, nos enseña con lecciones, muchas veces magistrales, a estar pendientes de ella, de cada persona, de la familia, sus derechos y deberes. No son pocas las asignaturas en las que nuestra sociedad necesita sacar al menos la nota de corte para superar carencias que desdicen del mismísimo concepto de humanidad (Capacidad para sentir afecto, comprensión y solidaridad hacia las demás personas). Por supuesto que la esperanza es lo último que se pierde, sobre todo si nos empeñamos en mantenerla estando pendientes unos de otros. Uno a uno, somos imprescindibles. Nuestro quehacer en la vida es personal e intransferible, a no ser que no nos importe dejar espacios en blanco, vacíos de existencia. Ser y  en especial ser para los demás es el fundamento de la felicidad. Dejarla pendiente del endeble hilo de nuestro yo conduce a la frustración. Gracias a Dios somos iguales y variopintos a un tiempo. Conocer a los demás y conocernos a nosotros mismos es una garantía para la buena comunicación. Cada uno es como es y tiene lo que tiene. La aceptación es el primer paso para acoger, comprender y querer. Y, por supuesto, fundamento para emprender con éxito. La vida no deja de ser una aventura. Arrieros somos, y en el camino nos encontramos con personas excepcionales que nos hacen ver cuánto tenemos pendiente por agradecer. Conozco a un chico joven  que, a pesar de tener una limitación importante para mover las manos, se defiende con destreza vendiendo cupones de la ONCE. Siempre está de buen ánimo. Un día me acerqué a comprarle. Mientras me atendía le pregunté qué le había sucedido y me respondió que fue a causa del parto. Le dije una verdad: -Pero…es guapico. Me sonrió y dijo: ‘-No me cambio por nadie. Dios lo ha querido así, bendito sea’…Sonreí y dije: ‘Que Dios le bendiga’…

Artículo publicado en la Tribuna de Albacete

Inventario

 

Quizá pueda parecer extraño un inventario a primeros de año, cuando lo habitual es hacerlo a su término, pero de común somos tan olvidadizos que apenas reconocemos nuestros bienes y casi nos pasamos la vida sumidos en una especie de mística ojalatera (ojalá fuera, ojalá tuviese, ojalá pasara… ojalá, ojalá…), que nos impide valorar y disfrutar de cuanto tenemos porque estamos pendientes de lo que poseen los demás. Si realmente nos aplicásemos en hacer una lista más o menos ordenada de nuestra fortuna (familia, casa, comida, ropa, amigos, trabajo y un largo etcétera), seríamos más agradecidos. La gratitud influye en la realización personal porque ayuda a la buena comunicación entre unos y otros. La persona agradecida atrae. Ese modo de ser es generador de buenos sentimientos, de actitud positiva ante la vida. La familia es la mejor escuela de aprendizaje, ayuda a tomar conciencia de cuanto hemos recibido gratuitamente. Es fácil que en el día a día, ni siquiera nos paremos a pensar en aquello de valor que tanto bien nos hace para afrontar la vida con optimismo. De ahí el inventario  que me atrevo a sugerir en este año recién estrenado. La falsilla es personal e intransferible porque no somos repetidos. Sin embargo, la tónica general es desprenderse de ese hombre viejo que se empeña en seguirnos a todas partes con sus manías trasnochadas. Borrón y cuenta nueva, esforzándonos por convertir nuestros deberes y haberes en un saldo de felicidad extensible a cuántos nos rodean. No digo que sea fácil o difícil, lo importante es elaborarlo y cuando parece que todo se tuerce, echarle una miradita para afianzar nuestra estima y  esforzarnos en seguir adelante, a pesar de los pesares, poniéndonos metas asequibles que fortalecerán nuestra ilusión como base de otras que nos harán superarnos para conseguir todo cuanto nos propongamos. Planificación anual seria. Somos los responsables de la gran empresa de nuestra vida. Programación mensual, según circunstancias, tiempo y lugar. No, no hay que hacer comparaciones con otros. Sí es aconsejable ayudar y dejarse ayudar. Importantísimo atenerse al activo que poseemos, es decir, ser realistas y ‘no pretender cazar leones por el pasillo de nuestra casa’. Sencillamente, ilusionarnos con lo que podemos hacer según la etapa de la vida en que nos encontremos, eso sí siendo ‘avariciosos’ con todas nuestras posibilidades. Crucial, comenzar y recomenzar cada día. Ese volver a intentarlo que nos alejará del pesimismo dañoso e inútil. No sé ustedes, pero apenas iniciado mi inventario, no puedo dejar de dar gracias a Dios por todo y por tanto… sin olvidar que la vida, como las monedas, tiene su cara y su cruz. De un modo u otro, todos aspiramos a la felicidad. Es la empresa de nuestra vida. Culminarla con éxito es encontrar el camino. Suerte y ¡Feliz año 2017!…

Artículo publicado en La Tribuna de Albacete