Nieves y bienes

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Tándem recién estrenado que puede revestir de sueños cumplidos este nuevo año. El tiempo vuela, pero de vez en cuando, parece detenerse mostrándonos las mejores postales. Postales sin trampa ni cartón, preparadas no para escribir y enviar por el correo tradicional, sin necesidad de usar un sobre, sino para contemplar paisajes increíbles, arropados por la nieve. Paradoja que, sin lugar a duda, nos deja helados dentro del embelesamiento que nos produce el espectacular manto blanco, al tiempo que la realidad nos despabila con todo tipo de alertas ante la peligrosidad que conlleva. Aludes, placas de hielo, derrumbes, caídas y un largo etcétera que con frecuencia nos coge desprevenidos y no podemos controlar. Hace frío, mucho frío y sin querer remediarlo, nos atrae el calor de hogar. Sí, son buenos días para   disfrutar con la nieve, cada cual según sus posibilidades. También lo son para estar en casa, en familia, quizá cada uno en lo suyo, pero juntos, sin prisas que nos impidan hablar de nuestras cosas o hacer esas tareas hogareñas que postergamos siempre. Tiempo de visitar a quienes están enfermos o demasiado solos. Sí, ya sé, que esto último deberíamos hacerlo siempre, pero parece que cuando hace tanto frío, todos necesitamos más el abrigo del cariño. Año de nieves, año de bien querer y buen obrar. El mundo en que vivimos necesita que todos aportemos al menos nuestro granito de arena para fomentar la unidad, descartar la corrupción, fomentar la solidaridad… multiplicar las oportunidades laborales y conseguir de una vez por todas que nuestros representantes ejerzan con profesionalidad y auténtica vocación, siguiendo el ejemplo de los mejores… ‘¡Haberlos, haylos!’… Más allá de falsas apariencias, como muñecos de nieve abrigados con bufandas de mil colores, sombreros y botones. Con pipas en la boca, sin poder fumar. Muñecos que al final desaparecen sin dejar ni rastro.

Artículo publicado en La Tribuna de Albacete

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Año 2018. Actualizar

Los que tenemos un blog, escribimos, editamos y actualizamos los post o entradas que van conformando nuestro particular y al mismo tiempo universal cuaderno de bitácora, en el que con cierta frecuencia plasmamos el contenido que consideramos oportuno según intereses personales o profesionales. Ahora, todo el mundo, grandes y pequeños, blogueros o no, acabamos de estrenar nueva entrada en nuestra vida. Un año nuevo al que impulsivamente lanzamos innumerables propósitos casi, casi, imposibles de llevar a cabo porque suelen aparecer y desaparecer como luces de bengala. ‘Año 2018. Actualizar’: No es, ni más ni menos, que actuar con la sensatez suficiente para saber a qué atenernos con los mimbres que contamos. El afán y la holgura de cada día. Conocimiento de nosotros mismos y del pequeño y gran mundo que nos rodea, y volver a empezar una y las veces que sean necesarias, con un plus de mejora personal en el que se admiten fallos como parte de ese macro puzle que año tras año intentamos completar. Lo que importa es la voluntad y un afán de superación optimista pero repleto de sentido común. Centrarnos en lo que tenemos que hacer sin comparaciones con lo que otros hacen. Es en cierto modo seguir unas reglas de juego en las que siempre podemos compartir, enseñar y aprender, construyendo entre todos un mundo mejor. Por supuesto que tenemos que hacer propósitos, pero concretos, sinceros y que se puedan contar de sobra con los dedos de una mano. La vida sigue su curso imparable y nosotros vamos ajustando el rumbo. Unas veces habrá que hacer grandes virajes, otras seguir sin más el día a día. Distinguir importante y accesorio, urgente y opcional, fundamental y superficial. En definitiva, los pros y contras de nuestro vivir. Amor, trabajo, cultura y amistad conforman la base de nuestra existencia. La novedad de 2018 es que actualicemos lo mejor de nosotros mismos… Ahí es nada… Pero vale la pena. ¡Buenos propósitos!

Artículo publicado hoy en La Tribuna de Albacete

recorte la tribuna 8.1.18

Darle la vuelta al mundo

  

Puede que parezca un proyecto utópico, ideal pero imposible de realizar. A simple vista, estoy completamente de acuerdo. ¿Cómo llevar a cabo una empresa de tamaño calibre?… ‘Querer es poder’. La voluntad es nuestra principal herramienta para darle la vuelta al mundo, situándolo en su lugar. Sí, anda bastante perdido de cara al bien común, dando tumbos que siempre golpean en la fragilidad del ser humano. Pobreza, indigencia, soledad… Miedo, indiferencia, silencios…  Guerras y ansias de paz. No podemos consentir que el mundo siga girando fuera de órbita. El hermano ayudado por el hermano, ciudades amuralladas. Expresiones proverbiales que marcan nítidamente el camino a seguir. Unir voluntades hacia el bien común. Cada mes de diciembre, el mundo se inunda de luz. No, no me refiero a los millones de luces de colores que adornan nuestras ciudades de cara a la fiestas navideñas. Sí, al Misterio de ‘Dios con nosotros’, verdadera Luz del mundo. Los ángeles siguen anunciándonos ‘Gloria a Dios en el cielo y paz a los hombres de buena voluntad’. Querer es lo primero. De nuevo, nos encontramos en este tiempo de adviento, de espera, de preparar el camino para recibir al Rey de reyes, al Niño Dios, custodiado por María y José en un humilde portal, entre pajas, al calor de un buey y una mula. Venid, vamos a adorarle. Es fácil dar la vuelta al mundo dejándolo rodar por montañas de ternura. ‘José mira a María, María mira a José, el Niño mira a los dos y se sonríen los tres’. En familia, desde la familia según el querer de Dios, podemos hacer un mundo mejor porque en la familia (valen todas las repeticiones) se quiere a cada uno por sí mismo, sin importar carencias o defectos, y del mismo modo, se ayuda para conseguir que cada cual, dé lo mejor de sí mismo, y siempre pensando en los demás, con una entrega llena de alegría, donde prima la tolerancia, el servicio, el perdón y sobre todo, la ilusión de quererse cada vez más y mejor. Vienen jornadas de fiesta. En Navidad lo natural es quererse y desear mil parabienes. El día a día es un regalo que tenemos que desenvolver con agradecimiento, valorando todo lo bueno que recibimos sin apenas darnos cuenta. Es tiempo de pensar en los demás, de ayudar según nuestras posibilidades (muchos pocos siguen haciendo mucho), de compartir alegría, de conseguir que el calor del Hogar de la Sagrada Familia caldee el corazón del mundo. Seguro que le damos la vuelta. ¡Feliz Nochebuena! ¡Feliz Navidad!

Espacios

Espacios interiores y exteriores, de mayor o menor amplitud. Lugares habitables o no, reales o imaginarios. Vivimos en un sinfín de espacios destinados a ser el soporte de nuestra existencia cuando nos referimos a su particular enclave físico. Casas, calles y plazas, oficinas, comercios, centros culturales y lúdicos… compartimos, disfrutamos e incluso sufrimos estar apiñados, separados, cercanos, alejados… o, sencillamente, viviendo con la suficiente holgura para saber y saborear de soledad y compañía. Tenemos, o deberíamos tener, espacios en nuestra familia, en la sociedad, entre vecinos y amigos, colegios, en el trabajo… en diferentes enclaves geográficos según las circunstancias personales. Espacios que, en cierto modo, van determinando nuestro modo de estar en la vida, de ahí la importancia de cuidar ese entorno, universal y particular a un tiempo, para que no se resquebraje en pro de modas fuera de toda pasarela de cordura. Familia y educación conforman la llave maestra de una sociedad coherente con la tradición y el progreso en pro de un mundo mejor. Espacios de sensatez que hagan saltar las alarmas ante cualquier despropósito que dañe el bien común. ‘Mi casa, mi mundo’, nuestras casas, nuestros innumerables espacios, nuestro mundo. Espacios privilegiados para observar, contemplar, reflexionar, escribir, describir, opinar, comunicar… a pie de página de la vida, tomando cuidadosamente el pulso de la existencia. Un pulso que se dispara ante tantos sobresaltos por incongruencias que perjudican la convivencia pacífica dentro de un marco legal. Ante tantos buenos entendedores, no hacen falta más palabras. Palabras, palabras que van conformando este artículo que, debido al rediseño de ‘La Tribuna de Albacete’, estrena espacio. ¡Gracias!…

 

 

 

 

 

Letras, palabras, frases… oraciones

 

Como siempre, a pie de página de la vida que pasa y se queda, que viene y va deletreando la existencia. Apenas balbuceamos las primeras letras, cuando sin del todo saber, comprendemos el significado de las palabras que fundamentan nuestro vivir… Amor, familia, amistad, verdad, paz, trabajo, fidelidad… Palabras que van construyendo frases quizás no grandilocuentes, pero repletas de esa coherencia que subraya la dignidad de toda vida. Oraciones, que tantas veces dan fe de un creer en un más allá, transido de ruego y súplica, de perdón y agradecimiento, de adoración y desagravio. Ese rezar sin orar de la vida que esculpe jaculatorias repletas de súplica. Letras, palabras, frases… oraciones que quizás aprendimos de niños. Crecer es un sin parar y quizás un sinvivir del que tendríamos que tomar nota, como siempre, a pie de página de esta vida cuasi empeñada en escaparse de nuestras manos. Coger las riendas de la existencia, tantas veces desbocada, es tarea imprescindible para todo aquel que quiera aprovechar al máximo el lujo de vivir. Dos días y una eternidad. Deletrear, leer y escribir, entender, captar la existencia. Pasar por alto y detenerse, de cuando en cuando, en el camino. Perder y ganar tiempo junto a innumerables compañeros de viaje. Arrieros somos, cargando con el devenir de la vida que fluctúa sobre las olas del porvenir. Un sinfín de palabras para comunicarnos con los demás, también a través de la elocuencia del silencio. Hablar y callar. Reflexionar. Escuchar, atender, comprender, aprender, enseñar… Fundamentar nuestro vivir con la rúbrica de la verdad. Esmerada caligrafía virtual que narra los pormenores de la existencia, página a página. Y van quedando los recuerdos como cimientos de los proyectos más audaces. El día a día, con sus letras, palabras y frases que no pocas veces se convierten en oraciones que suben al cielo como lluvia de estrellas que caen sobre nosotros de nuevo… Estrellas fugaces y miles, millones de deseos. Voces y silencios, siempre, repito, a pie de página de esa vida que, aún sin saber, escribimos todos los días… Amor, familia, amistad, verdad, paz, trabajo, fidelidad… Palabras, que el buen Dios, no deja de enseñarnos una y otra vez, sin tener en cuenta nuestros tachones o borrones. Despacito y buena letra…

De vinos y amores

 

Se dice que los viejos son los mejores. Será por el tiempo que, imperceptiblemente, va poniendo cada cosa en su sitio. Será por saber esperar su mejor cata. Será por haber aprendido a querer. Será… Como un brindis a los mejores veranos de nuestra vida. Hoy, amaneció un espléndido día. Al caer la tarde, como todas las tardes, se sentó en la vieja mecedora de la casa de campo, bajo la sombra de unas moreras. Contemplaba la vida, al tiempo que balanceaba sus recuerdos. Cuánto había querido y cómo se había dejado querer. Amores de verano como rayos de sol, llenos de luz y calor, que habían iluminado su vida, respetando las luces y sombras de su existencia. ¡Magnífico paisaje! Se decía, una y otra vez, al tiempo que esculpía los rincones de esa memoria un tanto desmemoriada, que le regalaba los recuerdos con una nitidez sobrecogedora. Ella, en su ancianidad, recordando el baño en la antigua balsa del campo, con peces de colores ¡De verdad! Y los miedos infantiles que su padre quería espantar a fuerza de chapuzones  que la abuela no consentía. El verano era un racimo en sazón de una familia numerosa, donde la madre estaba pendiente de todos. Muchos hermanos para jugar y jugar, hasta la extenuación. Sonreía. ¡Qué bien lo pasaban! El tiempo iba dando vueltas a la vida, giraba, como las ruedas de las bicicletas, testigos de excursiones y batacazos. Testigos también, en los años adolescentes, de las idas y venidas de amigos, los guateques en el cenador del jardín, los primeros amores… Y, el que se quedó para siempre… Paseos a la luz de la luna, bajo un cielo cuajado de estrellas… ¡Cuántas, fugaces! Y deseos que no siempre se cumplieron. Y llegaron los hijos. Y, los veranos se renovaron con otro querer. Crecieron como las plantas que tienen buenas raíces y buenos cuidados. Y,  la historia se repetía en ese marco incomparable de la casa de campo familiar, donde el lujo era quererse. Y, empezaron a llegar los nietos para rubricar esos amores de verano y de siempre. – ¡Abuela, abuela!… Que ya es tarde para estar dormida. Ella, abriendo los ojos al tiempo que sonreía, respondió: – En realidad, estaba soñando despierta…

La canción del verano

No puedo creer que, a estas alturas del verano, se encuentre a alguien que no haya escuchado e incluso tarareado la canción del verano 2017.  A ver, a ver… ¿Sí?… ¿No?… Reflexione… Sin prisa… ‘Despacito’… Ante la duda o incluso la certeza, no deje de cantar, por dentro y por fuera, sus canciones preferidas, sí, esas que siempre guardamos a buen recaudo en un lugar del corazón. Es probable que no las recordemos todas al pie de la letra, pero seguro nunca olvidaremos las que en el transcurrir del tiempo, van componiendo la banda sonora de nuestra vida. Música de ayer y hoy, imperecederas… Melodías que surcan las notas del pentagrama de nuestra existencia en clave muy personal, con espacios y líneas que recorren esa partitura invisible que casi con el aliento sostenido y la elocuencia de muchos silencios, seguimos marcando al compás de cada etapa de nuestras vidas. Canciones de cuna y juegos infantiles, canciones de viejos y nuevos amores. Música clásica, antigua, moderna. Tradición y folclore. Marchas militares. Himnos. Canciones  más o menos pegadizas. Letras más o menos versadas… Yo canto, tú cantas, él canta, nosotros, vosotros, ellos…  cantamos de un modo u otro a la vida, nuestra gran compañera de viaje. Despacito o, a todo ritmo, un mar de músicas acaricia, como las olas que vienen y van, las playas de la existencia, arrastrando y llevando en volandas, recuerdos y sentimientos, con espuma de nostalgia y agua de alegría bulliciosa. Cantares de gesta, Cantar de los cantares, voces de otros tiempos y lugares. Dar la nota, ajustar el tono, llevar la batuta, dirigir la orquesta, aclarar la voz, afinar los instrumentos. ¡Silencio! …Se canta… Sueños de innumerables noches de verano, bajo la luz de la luna y cielos estrellados, engalanados de azul noche. Melodías que como estrellas fugaces despiertan deseos y anhelos. Canciones de los mejores veranos de nuestra vida. Despacito, despacito… no dejemos escapar esas tertulias familiares y entre amigos -amigos para siempre- donde casi siempre suena una guitarra.