Joaquín Navarro Valls

In memoriam

Persona fiel, excelente profesional, siempre dispuesto a servir a los demás, abierto y atento a todos, amigo entrañable… y un extenso curriculum de humanidad, de vida y ¿por qué no?… de santidad. La grandeza de la vida corriente que tanto predicó San Josemaría y que muchos, aún a trancas y barrancas, queremos vivir, tratando de hacer poesía de la prosa de cada día. Ha sido mi marido, compañero de trabajo de uno de los hermanos de Joaquín, el que me animó a escribir  in memoriam. Se da la circunstancia que su mujer y yo fuimos también compañeras de colegio. Total, un entramado de amistad, confianza y cariño. Creo  que  para el mundo entero, Navarro Valls era una persona respetada, cercana y querida. Como buen cartagenero, emprendedor y amante del mar. Navegó sin miedo ¡Mar adentro! Abriendo las puertas a Cristo en todas las circunstancias de su vida. Seguro que en presencia de La Estrella de los mares – ¡Salve! –  Madre del Divino Amor, San Juan Pablo II lo habrá recibido en el cielo, abrazando a su buen amigo como solo se puede abrazar de cara a la eternidad. Bueno, en realidad, quería escribir para agradecer a Joaquín Navarro Valls por cuanto hizo por el mundo, siendo tan buen comunicador de las cosas de Dios. Personalmente, coincidí con él en tres ocasiones, y me atendió amablemente, sonriente, tranquilo, como si no tuviera otra cosa que hacer. Y yo no era nadie importante… Gracias, gracias, gracias. Como broche final, un recuerdo especial para sus padres, personas buenas y generosas que formaron una familia según el querer de Dios. De árbol tan bueno, ¡qué frutos!… Termino agradeciendo por tanto y por todo. Un gran abrazo para cuantos le querían.

Kika Tomás y Garrido

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‘¡Se lo voy a contar todo a Dios!’

Es la conmovedora frase que  un niño sirio herido por una bomba pronunció  antes de morir en el quirófano. Palabras que, sin lugar a duda, nos han llegado al alma. Palabras que son un aldabonazo  para nuestras conciencias. Palabras engarzadas del  dolor, tristeza y queja de un niño pequeño  que,  a buen seguro,  estará  en los brazos de Dios. Palabras que interpelan y obligan  a reflexionar. Palabras repletas de gritos enmudecidos  y  silencios que claman a viva voz. Palabras que tendrían que levantar un impetuoso  viento de paz, esa paz  siempre  empañada que  parece no empezar nunca. Palabras que seguramente habrán dicho otras muchas personas de todas las edades: niños, jóvenes y mayores  atrapados  injustamente en batallas y luchas de guerras por doquier. Palabras que quizás podríamos hacer nuestras, preguntándonos: ¿Qué le contaría yo a Dios?… ¿Curiosidad?…  ¿Examen de conciencia o coherencia?…  ¿Hablar por hablar?… ‘¡Se lo voy a contar todo a Dios!’… Dolor, desamparo, sollozo… y la tremenda confianza en Dios, de un niño herido de muerte, testigo de los horrores de la guerra. Vivimos en una sociedad  inmersa en la comunicación. Noticias de todo tipo y condición, sin filtros de ninguna clase, nos invaden sigilosamente, acostumbrándonos, si no lo remediamos, a recibirlas en bandejas de indiferencia. Casi sin darnos cuenta, percibimos el dolor y el horror, bajo la influencia de una especie de anestesia que tras espantarnos o condolernos momentáneamente ante lo que ocurre, nos tranquiliza y conduce a pasar página y seguir con lo de siempre, sin hacer nada y olvidando el sufrimiento  ajeno. Las redes sociales tienen capacidad de sobra para enredar  y desorientar a más de un incauto. Cierto que ni tenemos a mano la solución de todo, ni podemos vivir de espaldas a cuanto acontece, pero tampoco es necesario publicar  por publicar,  y menos incontroladamente. Tras la inmensa cantidad  de  intereses particulares y sectarios creados, es preciso generar  y fomentar un capital de humanidad que vele por los intereses comunes. Notas al margen, necesitamos formación para saber ir a las fuentes fidedignas y pasar por alto cuanto estimemos oportuno. Los límites de la libertad personal conllevan un exigente y estimable plus de responsabilidad. También me cuesta entender la publicación de imágenes que muestran con crudeza el dolor de los demás. ¿Qué quieren que les diga?… Si el niño, herido de muerte por una bomba, fuese hijo suyo ¿les gustaría ver esa fotografía publicada?… A mí, no. Quiero confiar en la deontología profesional.  No sé si ese niño al que más de uno hubiésemos querido abrazar, se lo diría todo a Dios, porque Él ya lo sabía, y curando  sus heridas, lo  tendrá entre sus brazos  con cariño y ternura eternos. Tampoco sé lo que cada uno de nosotros le dirá un día a Dios, pero sí sé que en el fondo de nuestro corazón, cada uno sabe lo que Él le pide, poco o mucho, para entre todos hacer un mundo mejor. Igual no es tan difícil.

En el recuerdo, una canción

Apenas ayer, murió el Prelado del Opus Dei, Monseñor Javier Echevarría, Pastor y Padre de un buen ganadico… Los anales de la historia guardarán la suya como  preciado tesoro de santidad. Cuantos le hemos conocido, también guardamos muchos recuerdos en nuestro corazón.

Con motivo del centenario del nacimiento de Josemaría Escrivá de Balaguer, Fundador del Opus Dei, se celebró en Roma un Congreso Internacional sobre La  grandeza de la vida ordinaria, al que tuve la suerte de asistir y comprobar esa grandeza hasta en los detalles más pequeños.

Recuerdo con emoción a don Javier, El Padre, disfrutando con esta canción que tarareamos todos los asistentes en el Auditorio de Santa Cecilia. Junto a la pena de su inesperada muerte, la esperanza de que nunca nos dejará. Como entona la melodía de Juan de la Encina…

‘Pastor de buen grado yo siempre sería, pues tanta alegría me da este ganado que tengo jurado de nunca dejalle, más siempre guardalle.’

Desde mi blog, este pequeño homenaje lleno de agradecimiento y cariño.

¡HOLA, AMIGO!

Con mayúsculas y negrita, entre signos de admiración, subrayando la que suscita el autor del saludo en cuantos le conocen. Aparentemente es una persona normal pero en el trato directo impresiona descubrir su nivel de excelencia. No, no me refiero a títulos académicos, trayectoria profesional u otros logros que me constan los tiene. Tampoco lo reduciría a categoría humana porque algo tiene de divino su modo de afrontar la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) que padece. Será por vivir en Murcia, cachito de cielo que Dios una tarde se dejó caer. Será porque tiene un cielo –valga la redundancia- de mujer. Será porque sus hijos, nueras y nietos están pendientes de él. Será por sus hermanos, sobrinos, familia toda… será, será. Le digo que se queje y me responde negativamente. Dice que tiene tanto que agradecer… él sabrá su trato con Dios pues de lo divino y lo humano ha hecho un tándem inseparable. A su casa vamos  los que le queremos a pasar raticos inolvidables, hablando, riendo, brindando por tanto bueno de la vida con fecha de caducidad más o menos cercana.  Nacemos, vivimos, morimos y despertamos para la vida eterna. Todos estamos de paso y nadie sabe a ciencia cierta la fecha de su ida a ese cielo que Dios tiene prometido para aquellos que le quieren. Quien tiene un amigo –sabemos y saboreamos-  tiene un tesoro. Amigos, él y su mujer, que nos tienen ensimismados, embobados, entusiasmados. Cómo estamos aprendiendo a querer, a aceptar con  bonhomía lo que la vida nos vaya deparando. Bueno, algunos son como alumnos adelantados. Otros, apenas balbuceamos las primeras letras. Le digo que rezo por él todos los días, y es verdad, aunque voy a tener que pedirle que lo haga él por mí. Entre nosotros, creo que tiene mano. Me gusta y ayuda ir a verle pero, a veces,  no puedo por las propias limitaciones de la vida. Entonces, le echo de menos, y más cuando sé que se interesa por mí, como por todos. Vive para los demás. Su día a día pasa también por ser dependiente de personas y artilugios que le ayudan en sus limitaciones. Él sigue cultivando sus aficiones culturales y lúdicas. Y no hay manera de que se quejen, ni él ni su mujer. Llamas a su casa y al abrir la puerta, ella sonríe. Pasas al salón y él sonríe, siempre con aire festivo. A todos nos gustaría poder amainar su sufrimiento (escondido entre su tesoro de amistad).  Hoy no he podido ir a verle y me he puesto a escribir, a esbozar el retrato de un hombre bueno… ¡Hola, amigo!

Artículo publicado hoy en La Opinión de Murcia

La casa de siempre

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Tras la época estival, tiempo por excelencia de vacaciones, el regreso a la cotidianidad de la vida es algo natural y cuasi deseado por todos porque, al fin y al cabo, es la viga maestra de nuestra existencia. – ‘¡Estamos en la casa de siempre!’… Afirmaba feliz una niña de cinco años al llegar a la suya. Contaban sus padres que de igual manera daba la bienvenida a sus abuelos preguntando alborozada:-‘¿Ya estáis en la casa de siempre?’… Sabiduría infantil revestida de tanta verdad que invita a reflexionar y agradecer tanto como tenemos y se nos olvida apreciar. La vida misma, el mayor bien, de valor incalculable. La familia: padre, madre, hijos, hermanos… la gran aventura de quererse. Los amigos, vecinos, compañeros de trabajo o de penas y fatigas. El mundo repleto de gente que va y viene en su diario quehacer. Aldeas, pueblos, ciudades. Campos y huertos, vegas y veredas, selvas y desiertos. Ríos y mares. El universo con su cielo cuajado de estrellas. Días de sol y noches de luna llena. Fauna y flora. Colores, aromas y sabores. Voces y silencio. Partituras y pinceles. Música, danza. Cuadros, oleos y acuarelas. La vida con sus carencias y demasías, llantos y risas. La casa de siempre donde lo normal es quererse. Septiembre. El verano desparrama su luz para dar brillo a los colores ocres del otoño. Las vacaciones nos dan energía para volver a intentarlo de nuevo. ¡Estamos en la casa de siempre!… Nuestra gente, nuestros cachivaches. Hogar, dulce hogar… con sus paces y sus guerras, donde a cada uno se quiere por quien es, sin componendas. Casas que se vacían y se llenan. Puertas que se abren y se cierran. Ventanas con rayos de luz, sombras y tristezas. ¡Casa mía y cama mía!…decía mi abuela. Mientras, el mundo gira y gira, dando a veces extrañas vueltas. Hay guerras, hambre, persecución, huida, enfermedad, muerte, desolación. Las noticias no dejan de sorprendernos con tragedias que afectan a la humanidad entera y de modo especial nos impresionan cuando nos toca de cerca. Apenas hace unos días, cuando iban a visitar un Santuario de la Virgen, sufrían un terrible accidente de tráfico en México mujeres del Opus Dei, muriendo en el impacto diez de ellas y el conductor del vehículo. De las que quedaron gravemente heridas, ya ha muerto otra. La llamada universal a la santidad que predica esta Prelatura Personal de la Iglesia Católica se vive en un ambiente de familia que palpita con el sentir de cada uno de sus miembros. Algo se muere en el alma cuando un amigo se va… pero cuando se trata de unas hijas, de unas hermanas, de personas de tu familia, el único consuelo es pensar en el cielo que Dios tiene prometido a todos los que le quieren. Es como regresar a la casa de siempre… pero  a lo grande.

Artículo publicado hoy en La Opinión de Murcia

Cuentas y cuentos

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Pare usted de contar de cuentas que no salen y se embrollan en el cuento de nunca acabar. Cuentos insólitos interpretados por personajes fantasmagóricos. Cuentas que no cuadran enmarcadas con demasiada desfachatez, mientras dos más dos siguen sumando cuatro. No es un juego que ande entre bobos y nos estamos jugando demasiado para hacer mutis por el foro y luego rasgarnos las vestiduras. La expectación es máxima  pero dista años luz de la generada al detectarse por primera vez, una onda gravitacional, ondulaciones en el tejido espacio-temporal que viajan a la velocidad de la luz predichas hace justo un siglo por Albert Einstein. Avance que contrasta con la constante  marcha atrás de políticos empeñados en tropezar y caer, no dos, sino las veces que sea en los mismos errores. Rectificar es de sabios (¿…?) y de santos o al menos de personas que de verdad quieren ser buenas y ayudan cuanto pueden para que lo consigan los demás. ‘Somos hermanos’, le dijo el Papa Francisco, al Patriarca ortodoxo ruso. El primer encuentro, un abrazo y la firma de una declaración conjunta, gesto que rompe una separación. ‘¡Ahora las cosas son más fáciles!’ respondió Kiril. Las lecciones magistrales las encontramos en las mejores páginas del libro de la vida, sin embargo los libros de Historia, no dejan de mostrarnos también los tremendos errores del ser humano. Héroes y villanos como en los cuentos que no nos cansábamos de escuchar y que, seguramente, seguiremos contando a nuestros más pequeños. ‘Érase una vez…’ Hace tiempo leí que en cierta ocasión se acercó a Einstein una mujer para preguntarle qué podía hacer para que sus hijos fueran más inteligentes y Einstein le respondió: ‘Léale cuentos de hadas’. Ella, riéndose, le replicó: ‘Ya, ¿y qué debo hacer después de haberle leído cuentos de hadas?´. Y Einstein le dijo: ‘Pues léale más cuentos de hadas’. Quizás, como afirma quien narró esta anécdota, la escritora australiana  Mem Fox, Einstein pensaba que ´los cuentos de hadas requieren una mente atenta a los detalles, muy activa en la resolución de problemas, capaz de viajar por los corredores de la predicción y la búsqueda de los significados’. Érase una vez…  los buenos cuentos que ayudan a los niños a descubrir la esperanza porque brujas, monstruos, fantasmas y miedos pueden ser vencidos por pequeños y grandes valientes que siempre superan  al mal con el bien. Cuentas y cuentos. Cuentos para no dejar de contar.

Artículo publicado hoy en La Opinión de Murcia

MAYO

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Estamos en un mes de romerías. Mucha gente va de acá para allá y no precisamente a un santuario. El peregrinaje de políticos y partidarios por diferentes ciudades de España, puede que no despierte mucha devoción, visto lo visto, la penitencia se ajusta como un guante a  las faltas cometidas por los corruptos de cada partido. Unos a otros se tiran piedras en forma de acusación, llegando las descalificaciones al límite de lo políticamente correcto. La pregunta que nos hacemos es si realmente todos están libres del pecado de la corrupción. La respuesta, celosamente guardada en las urnas de las próximas elecciones. Será, será… ¡Dios nos pille confesados!… Mientras, prefiero contemplar el colorido de las flores que tan generosamente nos regala la naturaleza cada mes de mayo y disfrutar de las auténticas romerías.

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Peregrinaciones populares y festivas a alguna ermita o santuario de La Virgen en señaladas ocasiones, con algarabía de bailes y canciones, oraciones a voz en grito, con aplausos y vítores. Familias enteras, amigos y peñas, recogen en viandas y vestimenta lo típico de la romería de cada lugar. Folclore. La Patrona de cada ciudad es agasajada según costumbre. Mayo se ha convertido en el mes de La Virgen.  Con flores a porfía, con flores a María. Rosarios de Avemarías rezadas, engarzadas con la ilusión, inocencia y alegría de la gente menuda de los colegios; Rosarios rezados con el rubor y fervor de los adolescentes; Avemarías de familias enteras. Misterios gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos, contemplados con la novedad de la fe, la seguridad de la esperanza y la verdad e ilusión del amor. Porque los enamorados no se cansan de repetir lo mismo una y otra vez. Y, una y otra vez los misterios del Rosario, alumbran y deslumbran por caminos de fe. Romerías. Es mucha la gente que va a los santuarios a ver a su Virgen  para contarle no sé qué cosas, y decirle otras. Es un mirarla y sonreír. Es un rezarle y confiar. Y venga que encender velas y hacerle fotografías sin parar. ¿Acaso hay alguien que todavía no tiene móvil y whatsapp? Timbres, músicas y  vibraciones. Cuentas de innumerables rosarios de gentes que quieren querer más. Oraciones que antes de subir al cielo pasan por el camarín de la Virgen que siempre es consuelo. Mayo, tiempo de romerías. Venid y vamos todos. Con flores y oraciones, con dudas y frustraciones, convencidos o dudosos. Quizás expectantes. No importa. Mayo, mes de María y nuestro. Flores para una Virgen que siempre espera. Es Madre, sí, con mayúsculas. Romerías. Alegría.

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Artículo publicado hoy en La Opinión de Murcia