Respuestas vacías

‘Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto cambiaron todas las preguntas’

Mario Benedetti

Creo que alguna que otra vez nos hemos quedado, literalmente, a cuadros al recibir respuestas que poco o nada tenían que ver con nuestras preguntas. Los interrogantes se agrandan, virtualmente hablando, enmarcando más o menos puntos suspensivos que nos llevan a considerar la situación con cierto grado de reflexión. Dos puntos, aparte o seguido. Esperar y desesperar tiene que ver y no poco con la virtud de la paciencia. Importante, saber dónde nos encontramos y qué medios tenemos a corto, medio y largo plazo para alcanzar nuestros objetivos. Actualizar planificación y continuar (punto y seguido)  o comenzar de nuevo (punto y aparte). La vida, con su efecto búmerang, nos hace regresar de cuando en cuando al punto de partida, planeando. De manera que no es demasiado difícil situarnos y saber a qué atenernos. Quizás son muchas las preguntas que no tienen respuesta, pero también podemos responder nosotros tratando de llenar el vacío. El eco, lejos de perderse, se transformará en altavoz inteligente e inteligible. Ni tenemos todo al alcance, ni podemos dar nada por perdido. La dificultad bien encarada fortalece y cimenta a la persona, convirtiéndola en  generadora espléndida de una comunicación  positiva y eficaz,  abundante en  valores. Saber hacer preguntas y saber responder a quien nos interpela con verdad y coherencia. La verdad  nos libera de la mentira, la ignorancia y la mediocridad. Preguntar es querer saber, conocer, investigar, comprobar, colaborar, aprender, emprender, trabajar. No dar nada por hecho, ni incapacitarnos ante los obstáculos. De alguna manera, somos parte tanto de las preguntas como de las respuestas que la vida, antes o después, nos  presenta. Preparación constante para enriquecer nuestro bagaje, fortalecido por el orden y la voluntad. La puesta en marcha es personal. La personalidad de cada uno es un plus ineludible en todos los campos del saber, del querer, del vivir. La vida nos va marcando, de un modo u otro, un itinerario de preguntas y respuestas, al tiempo que nos ofrece cierto margen de maduración para saber entender, y también aceptar aquello que no acabamos de comprender. Indispensable formación, formación, formación. Nuestro crecimiento personal, en el más amplio sentido de la expresión, no se produce de manera espontánea. De ahí, la necesidad de una buena educación en familia como base para acceder y completar planes de estudio y trabajo en las distintas etapas de la vida. Imprescindible la exigencia personal y saber acudir cuando sea necesario a quien mejor pueda orientarnos. A la hora de elegir nuestro ‘modus vivendi’, libertad responsable. Como equivocarse es humano, saber rectificar y recomenzar siempre. Preguntas y respuestas con las que vamos construyendo el impresionante puzle de la vida. Eso sí, pieza a pieza…

 

 

Estoy aquí

 

Escribir a pie de página de la vida es para mí un trabajo apasionante que abarca  días y noches, el latido de la existencia. Casi como el respirar, voy tomando nota de personas, lugares, circunstancias, sin necesidad de lápiz ni papel. Saber mirar, saber escuchar  y encontrar una voz  es un aprendizaje constante que lejos de cansar, fortalece la capacidad de expresión, herramienta básica y fundamental para las relaciones humanas.  Somos, por naturaleza, seres sociales. Lo nuestro es la comunicación. La paradoja, es que a pesar y también a causa de las redes sociales, la soledad de muchas personas se ha convertido en altavoz para recordarnos el tú a tú del trato genuino en  familia, con vecinos y amigos, en el trabajo y en las diversas circunstancias que la vida nos va deparando.

En la media distancia, a través de periódicos, revistas, programas de fiestas, boletines informativos y también en redes sociales, voy aportando mi bagaje personal de palabras estructuradas con esmero, tratando de construir piezas que encajen en el gran puzzle de la vida. Tengo que confesar que no dejo de aprender leyendo atentamente la existencia, al tiempo que disfruto con los libros de siempre, sin dejar de leer y subrayar artículos magistrales de tantos buenos maestros en todos los órdenes del saber.

Estoy aquí, en mi blog personal, desde hace unos años y hasta que Dios quiera.  Desde ‘EL BLOG  DE  KIKA’ también voy a seguir cerca de tantísimos seguidores agradecidos. Por supuesto que  continuo  con mis colaboraciones habituales y  estoy abierta a otras,  donde me  llamen  o tengan a bien recibirme.

El motivo de esta entrada en mi cuaderno de bitácora es agradecer  a todos los lectores que me han echado de menos en el periódico donde más tiempo llevaba colaborando ¡Casi veintiún años!… y sin explicación creíble, aplazamientos injustificados, llamadas en espera de reuniones que nunca se acaban… el silencio es la última respuesta que tengo, amén que, desde primeros de noviembre, han dejado de publicarme.  Jamás hubiera esperado algo así.  De todas formas agradezco haber podido tener una columna y publicado cientos de artículos, y sobre todo la posibilidad de conocer y tratar de amistad con tanta gente buena.

Pues aquí estoy para servir a Dios y a usted, como me enseñaron mis mayores. No tengo demasiado trabajo, ni estoy cansada, ni tan siquiera he tirado la toalla.

Pienso seguir articulando la vida… Por favor ¿Se lo puede decir a sus amigos?…

                                                                       ENTRE SUS LABORES. Kika Tomás y Garrido

 

 

 

 

‘¡Se lo voy a contar todo a Dios!’

Es la conmovedora frase que  un niño sirio herido por una bomba pronunció  antes de morir en el quirófano. Palabras que, sin lugar a duda, nos han llegado al alma. Palabras que son un aldabonazo  para nuestras conciencias. Palabras engarzadas del  dolor, tristeza y queja de un niño pequeño  que,  a buen seguro,  estará  en los brazos de Dios. Palabras que interpelan y obligan  a reflexionar. Palabras repletas de gritos enmudecidos  y  silencios que claman a viva voz. Palabras que tendrían que levantar un impetuoso  viento de paz, esa paz  siempre  empañada que  parece no empezar nunca. Palabras que seguramente habrán dicho otras muchas personas de todas las edades: niños, jóvenes y mayores  atrapados  injustamente en batallas y luchas de guerras por doquier. Palabras que quizás podríamos hacer nuestras, preguntándonos: ¿Qué le contaría yo a Dios?… ¿Curiosidad?…  ¿Examen de conciencia o coherencia?…  ¿Hablar por hablar?… ‘¡Se lo voy a contar todo a Dios!’… Dolor, desamparo, sollozo… y la tremenda confianza en Dios, de un niño herido de muerte, testigo de los horrores de la guerra. Vivimos en una sociedad  inmersa en la comunicación. Noticias de todo tipo y condición, sin filtros de ninguna clase, nos invaden sigilosamente, acostumbrándonos, si no lo remediamos, a recibirlas en bandejas de indiferencia. Casi sin darnos cuenta, percibimos el dolor y el horror, bajo la influencia de una especie de anestesia que tras espantarnos o condolernos momentáneamente ante lo que ocurre, nos tranquiliza y conduce a pasar página y seguir con lo de siempre, sin hacer nada y olvidando el sufrimiento  ajeno. Las redes sociales tienen capacidad de sobra para enredar  y desorientar a más de un incauto. Cierto que ni tenemos a mano la solución de todo, ni podemos vivir de espaldas a cuanto acontece, pero tampoco es necesario publicar  por publicar,  y menos incontroladamente. Tras la inmensa cantidad  de  intereses particulares y sectarios creados, es preciso generar  y fomentar un capital de humanidad que vele por los intereses comunes. Notas al margen, necesitamos formación para saber ir a las fuentes fidedignas y pasar por alto cuanto estimemos oportuno. Los límites de la libertad personal conllevan un exigente y estimable plus de responsabilidad. También me cuesta entender la publicación de imágenes que muestran con crudeza el dolor de los demás. ¿Qué quieren que les diga?… Si el niño, herido de muerte por una bomba, fuese hijo suyo ¿les gustaría ver esa fotografía publicada?… A mí, no. Quiero confiar en la deontología profesional.  No sé si ese niño al que más de uno hubiésemos querido abrazar, se lo diría todo a Dios, porque Él ya lo sabía, y curando  sus heridas, lo  tendrá entre sus brazos  con cariño y ternura eternos. Tampoco sé lo que cada uno de nosotros le dirá un día a Dios, pero sí sé que en el fondo de nuestro corazón, cada uno sabe lo que Él le pide, poco o mucho, para entre todos hacer un mundo mejor. Igual no es tan difícil.

Pendientes

 

Ella decía que no le gustaba llevar  pendientes y sólo se los ponía de vez en cuando, pero un día que tenía interés en ir más arreglada, comprobó que se habían cerrado los agujeros de sus orejas y no dudó en ir cuánto antes a hacérselos de nuevo…historias. Querer y no querer. Porque sí o por si acaso. Con gusto o a disgusto. Disyuntivas banales cuando se trata de escoger una opción u otra en asuntos más o menos superficiales. La cuestión cambia de cariz cuando se trata de algo fundamental y nos quedamos pendientes de un hilo porque no estamos acostumbrados a tomar decisiones firmes. ‘El sí pero no’ o el ‘no dependiendo de’ es  un  toma y daca habitual que nos ayuda a resolver con cierta diplomacia  cuestiones que pueden desviarnos de nuestro camino o afianzarnos en la ruta a seguir. Ser o no ser es causa pendiente de todos y cada uno. La cuestión no se resuelve tapando o abriendo agujeros. Va más allá de querer resolverlo todo en un santiamén. No. Somos humanos y fallamos. Lo normal es tener casi siempre algo pendiente, pero ir amontonando asuntos por resolver es elegir el camino a ninguna parte. La vida misma, parece empeñada en atraer nuestra atención hacia lo que realmente importa, nos enseña con lecciones, muchas veces magistrales, a estar pendientes de ella, de cada persona, de la familia, sus derechos y deberes. No son pocas las asignaturas en las que nuestra sociedad necesita sacar al menos la nota de corte para superar carencias que desdicen del mismísimo concepto de humanidad (Capacidad para sentir afecto, comprensión y solidaridad hacia las demás personas). Por supuesto que la esperanza es lo último que se pierde, sobre todo si nos empeñamos en mantenerla estando pendientes unos de otros. Uno a uno, somos imprescindibles. Nuestro quehacer en la vida es personal e intransferible, a no ser que no nos importe dejar espacios en blanco, vacíos de existencia. Ser y  en especial ser para los demás es el fundamento de la felicidad. Dejarla pendiente del endeble hilo de nuestro yo conduce a la frustración. Gracias a Dios somos iguales y variopintos a un tiempo. Conocer a los demás y conocernos a nosotros mismos es una garantía para la buena comunicación. Cada uno es como es y tiene lo que tiene. La aceptación es el primer paso para acoger, comprender y querer. Y, por supuesto, fundamento para emprender con éxito. La vida no deja de ser una aventura. Arrieros somos, y en el camino nos encontramos con personas excepcionales que nos hacen ver cuánto tenemos pendiente por agradecer. Conozco a un chico joven  que, a pesar de tener una limitación importante para mover las manos, se defiende con destreza vendiendo cupones de la ONCE. Siempre está de buen ánimo. Un día me acerqué a comprarle. Mientras me atendía le pregunté qué le había sucedido y me respondió que fue a causa del parto. Le dije una verdad: -Pero…es guapico. Me sonrió y dijo: ‘-No me cambio por nadie. Dios lo ha querido así, bendito sea’…Sonreí y dije: ‘Que Dios le bendiga’…

Artículo publicado en la Tribuna de Albacete

Los cambios

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Como la vida misma. Ayer, hoy, mañana. A pesar de que una amplia mayoría se decanta por dedicar a cada día su propio afán, mientras los cambios a mejor siempre son bienvenidos, los que pueden suponer  pérdida o incógnita indescifrable son evitados o acogidos, cuando no hay más remedio, con cierto recelo. La seguridad del terreno conocido también puede conllevar un inmovilismo que ignore la superación personal. Cambiar por cambiar carece de sentido y suele acabar en cambalache cuando se trata de cosas de poco valor. Cambian las etapas de nuestra vida al tiempo que en cada una de ellas sufrimos los cambios correspondiente de la edad. Los años que vamos cumpliendo nos sorprenden en los mil y un cambios que toda persona experimenta casi sin haber olvidado los infantiles de cromos de la más diversa índole. Sin apenas haber podido acostumbrarnos al reciente cambio de hora, la misma vorágine de la vida nos ha llevado hasta las puertas del invierno al tiempo que vislumbramos una nueva primavera política tras ese extraño letargo gubernamental. Si fuera como en Fuenteovejuna, la ovación también sería todos a una pero ‘Largo me lo fiáis amigo Sancho’ si hay que  luchar contra extraños gigantes que giran y giran dando vueltas sobre sí mismos, impulsados frenéticamente por vientos desnortados. Cambiamos de casa, de ciudad, de trabajo pero no tanto de amigos. Amigos para siempre entona la canción, mientras reconocemos casi de modo habitual, una constante ruptura de parejas en detrimento de una peligrosa desestabilización del matrimonio y la vida familiar. ‘Toda la vida, te estaría queriendo…’ cantaba Antonio Machín. Al parecer, ahora, estamos en otra onda. El cambio personal cuesta planteárselo pero no deja de ser la banda sonora de la felicidad. Afinar o desafinar es cuestión de ir ajustando los distintos parámetros de la conducta a nuestro objetivo en la vida. La gran maestra, según Enrique Rojas, que nos enseña a ir descubriendo  caminos.  A veces, se hace necesario enderezar el rumbo e incluso cambiar de dirección abandonando esa ruta equivocada que, con bastante frecuencia, nos cuesta reconocer. Retomo el rumbo de este artículo, sujeto a tantos cambios de tema, con un denominador común que toca a cada uno subrayar, los demás. Cercanos o lejanos, esperan nuestra respuesta en estos tiempos, empeñados en correr, como siempre. Y sin prisa para querer, como  casi toda la vida.  Hay cosas que nunca cambian.

Artículo publicado en La Tribuna de Albacete

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Tomar partido

 

Es la opción más sensata cuando se pretende hacer las cosas con un mínimo de sentido común. Ni el ‘todo vale’ ni ‘nada me importa’ son buenos compañeros de viaje. Saber hacia dónde vamos y con qué medios contamos es condición sine qua non para conseguir optimizar objetivos. De nuevo, elecciones generales a la vista… que visto lo visto, muestra un exhaustivo cansancio con tendencia a no mirar a ninguna parte, pero eso no vale. Hay demasiado en juego para no tomar partido y no me refiero a unas determinadas siglas ni a ningún candidato en concreto sino a todos y cada uno de los hipotéticos votantes del 26-J. Curiosamente, la fecha entona con el final del curso escolar. La mayoría de nuestra clase política  no creo que revalide los exámenes, de ahí el apoyo extraordinario que puede hacer el ciudadano de a pié contrastando la verdadera realidad de los programas electorales de cada partido y votando en consecuencia, a ver si de una vez por todas se logran acuerdos coherentes. De nada sirve dar la espalda a la penosa realidad de echarse la culpa unos a otros. La panorámica actual ha desenmascarado las falsas apariencias. No estamos en un baile de disfraces. Dar la cara dista mucho del descaro y la falta de respeto por sistema. Saber estar es el espejo más fidedigno de saber ser. Ojo, que nos puede tocar bailar con la más fea. Por si acaso, habrá que ir eligiendo una pareja que no deje en la estacada a nuestra consensuada democracia. Que cada cual haga cuanto esté de su mano para evitar más desacuerdos de desacuerdos. No se trata de una fantasmagórica cruzada de políticos amateurs  sino de personas que asuman su responsabilidad en los diferentes estamentos de la sociedad, de manera que vayan encajando las piezas del proyecto común sin aditamentos  dañinos o fútiles. La corrupción ha campeado a sus anchas por los intrincados caminos  a seguir para salir de una vez por todas de esta crisis desfondada por el poderoso caballero don dinero en el bolsillo insaciable de demasiados gigantes egoístas. En resumen, tomar partido por las necesidades de los demás y las propias que va, incluso más allá de las obras de misericordia que, por otra parte, no nos vendría mal repasar, por aquello de ‘Enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, perdonar las injurias… y rogar a Dios por vivos y difuntos’.

Artículo publicado hoy en La Opinión de Murcia

El discurso

 讲话例证漫-人物的政客-51824618‘Exposición oral sobre un asunto determinado, pronunciada ante un público a fin de convencerlo o conmoverlo  en especial en un acto solemne o político’.  La preparación del discurso de investidura por parte de Pedro Sánchez y su equipo, no creo que haya sido tarea fácil cuando las cuentas (habidas y por haber) no acaban de cuadrar, y el público a convencer es tan amplio como diverso. Han malgastado demasiadas palabras en rechazar e incluso despreciar al partido que más votos cosechó en las elecciones generales, siendo su líder objeto de una inquina fuera de contexto de lo que siempre hemos entendido por buenas maneras. Y así, no. ‘Las eventuales contingencias que predisponen al auditorio y ora allanan los designios del discurso, ora lo dificultan, deben trazarle al orador su plan; el comienzo, el despliegue y el término de su arenga (…). No bastan voces rotundas y ademanes vistosos para disimular la vaciedad é incoherencia de las ideas…’ (Antonio Maura y Montaner).  Ante una audiencia entendida o no, aburrida y tensa, hastiada de corrupción y falsas apariencias, un discurso  que no sea coherente y rotundo, puede caer fácilmente en el saco un tanto agrietado de nuestra democracia. ¿Qué será, será?… Seguimos sin ser adivinos y lo que es peor, no sabemos  a qué árbol  podremos  arrimarnos, por aquello de la buena sombra que cobije el bien común. Nunca entenderé a los gobiernos que por sistema, tiran patas arriba los logros alcanzados por sus antecesores por el mero hecho de pertenecer a otro partido. Creo que el progreso es tarea de todos y cada uno de nosotros al margen de ideologías políticas, y tenemos que aprender  a  respetar para consolidar lo conseguido y  así  crecer sin anclarnos en el país de nunca jamás. No sé si habrá ganancia de pescadores en este río revuelto de políticos ausentes, silenciosos,  oportunistas, prepotentes, populistas, corruptos… y quiero pensar  también en inteligentes  eficaces y coherentes. La posible expectación ante el discurso de investidura  exige  claridad del mensaje y solidez argumental. A veces, los avatares del destino nos pueden llevar a situaciones impredecibles. Cuando escribo este artículo el panorama político es de total incertidumbre. Me viene a la memoria, la excepcional película  ‘El discurso del rey’ en la que junto a la evocación histórica, la magistral interpretación de los personajes, pone de relieve el esfuerzo y la responsabilidad personal en la toma de decisiones y la nitidez de la auténtica grandeza en la lucha cuasi titánica por servir al bien común. Amor, familia, amistad, profesionalidad y toda una serie de circunstancias, favorables y desfavorables, que subrayan la necesidad de trabajar en equipo y la soledad, aún en buena compañía, de quien ha de reinar. Creo que por parte de nuestros políticos, no estaría de más un examen de coherencia que a buen seguro ya ha hecho el ciudadano de a pié… pero este es otro discurso.

Artículo publicado hoy en La Opinión de Murcia