¡HOLA, AMIGO!

Con mayúsculas y negrita, entre signos de admiración, subrayando la que suscita el autor del saludo en cuantos le conocen. Aparentemente es una persona normal pero en el trato directo impresiona descubrir su nivel de excelencia. No, no me refiero a títulos académicos, trayectoria profesional u otros logros que me constan los tiene. Tampoco lo reduciría a categoría humana porque algo tiene de divino su modo de afrontar la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) que padece. Será por vivir en Murcia, cachito de cielo que Dios una tarde se dejó caer. Será porque tiene un cielo –valga la redundancia- de mujer. Será porque sus hijos, nueras y nietos están pendientes de él. Será por sus hermanos, sobrinos, familia toda… será, será. Le digo que se queje y me responde negativamente. Dice que tiene tanto que agradecer… él sabrá su trato con Dios pues de lo divino y lo humano ha hecho un tándem inseparable. A su casa vamos  los que le queremos a pasar raticos inolvidables, hablando, riendo, brindando por tanto bueno de la vida con fecha de caducidad más o menos cercana.  Nacemos, vivimos, morimos y despertamos para la vida eterna. Todos estamos de paso y nadie sabe a ciencia cierta la fecha de su ida a ese cielo que Dios tiene prometido para aquellos que le quieren. Quien tiene un amigo –sabemos y saboreamos-  tiene un tesoro. Amigos, él y su mujer, que nos tienen ensimismados, embobados, entusiasmados. Cómo estamos aprendiendo a querer, a aceptar con  bonhomía lo que la vida nos vaya deparando. Bueno, algunos son como alumnos adelantados. Otros, apenas balbuceamos las primeras letras. Le digo que rezo por él todos los días, y es verdad, aunque voy a tener que pedirle que lo haga él por mí. Entre nosotros, creo que tiene mano. Me gusta y ayuda ir a verle pero, a veces,  no puedo por las propias limitaciones de la vida. Entonces, le echo de menos, y más cuando sé que se interesa por mí, como por todos. Vive para los demás. Su día a día pasa también por ser dependiente de personas y artilugios que le ayudan en sus limitaciones. Él sigue cultivando sus aficiones culturales y lúdicas. Y no hay manera de que se quejen, ni él ni su mujer. Llamas a su casa y al abrir la puerta, ella sonríe. Pasas al salón y él sonríe, siempre con aire festivo. A todos nos gustaría poder amainar su sufrimiento (escondido entre su tesoro de amistad).  Hoy no he podido ir a verle y me he puesto a escribir, a esbozar el retrato de un hombre bueno… ¡Hola, amigo!

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Lecciones aprendidas

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Saber o no saber es la cuestión que subraya cualitativamente nuestro modo de actuar. Iniciada la temporada de vacaciones de verano, las mochilas suelen ir cargadas de notas que perfilan el nivel alcanzado tras un curso de estudio. El aprovechamiento  del tiempo suele ser el quid de un buen resultado. El saber va ocupando el lugar que le dejamos y, en consecuencia, es de gran ayuda para ir situándonos en la vida a nivel profesional y, personalmente, en las distintas facetas de nuestra existencia porque es indispensable conocernos a nosotros mismos y cuanto nos rodea para saber a qué atenernos. Cierto que no somos perfectos y las limitaciones de unos y otros forman parte del anclaje vital, pero al menos podemos lograr una buena perspectiva para gestionar nuestra andadura de la mejor manera posible. Saber lo que queremos. Punto de partida y objetivos a conseguir. Calibrar medios y dificultades. Comenzar y recomenzar recorriendo con ilusión el itinerario trazado. No estamos solos, ‘arrieros somos y en el camino andamos’. Las relaciones humanas conforman nuestra personalidad. Conocer, querer, sufrir, perdonar, comprender, aprender, enseñar, corregir, ayudar, aconsejar, edificar, disfrutar. Buen bagaje para ser feliz, teniendo en cuenta que el entramado de la felicidad se  teje cada día con optimismo  a la luz de nuestros valores, contando con las caras y cruces de la vida. Todos cargamos en la nuestra un bagaje personal que va perfilando el nivel alcanzado. En este terreno, las vacaciones no existen porque serían un sinvivir. No obstante, todo tiene su tiempo oportuno y saber aprovecharlo es sacar el mejor partido en cualquier circunstancia que podamos encontrarnos. Apenas comenzadas las vacaciones, no son pocos los estudiantes que arrinconan los libros, algunos hasta olvidan las lecciones aprendidas sin base, mecánicamente, para los exámenes. Bastantes, aprovechan el verano para afianzar algún idioma, hacer deporte y participar en campamentos y convivencias que fomentan la amistad y educan en valores. Las actividades solidarias son un plus enriquecedor para todos. Las vacaciones en familia, el bien más preciado. Sin pausa y sin prisa, estar unos con otros, al tanto y  atentos en saber querer sin condiciones. El verano, como todos los veranos, se presenta caluroso, con planes que salen o no, con circunstancias diversas, esperadas o inesperadas, con problemas y soluciones en un mundo convulsionado por guerras, terrorismo, persecuciones, pobreza, miseria, desesperación. Gente que va y viene, personas sin hogar, campos de refugiados, pateras de muerte y esperanza. Políticos desnortados, incongruentes, incomprendidos. Corrupción por doquier. Oportunismo totalitarista. La vida misma que casi deja de sorprendernos al tiempo que nos da las mejores lecciones. Lecciones aprendidas que no deberíamos de olvidar porque la historia se repite. La toma de decisiones ni a tontas ni a locas y mucho menos a ciegas. No se dejen deslumbrar por el sol que más calienta.

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Tiempo de espera

Resulta paradójico que un mundo dominado por la prisa  esté marcado por innumerables tiempos de espera. Nacer, vivir y morir, trilogía  que comprende nuestra existencia. Llegamos a la luz del mundo, tras los meses de gestación de nuestra madre. Espera gozosa y gozo esperanzado. Redundancia de una ilusión que se repite en su novedad ante el misterio de la vida. Día tras día, casi en un abrir y cerrar de ojos, nos vemos envueltos en esa vorágine que nos lleva de acá para allá en un sinfín de situaciones que tendremos que aprender a afrontar siguiendo el curso del tiempo sí, pero tomándonos el nuestro con sus esperas para ir completando cabalmente el puzle de la existencia. Tiempo para aprender y tiempo para emprender. Vivir no tiene demora. La vida es un tiempo de espera que no cesa de sorprendernos y  puede desesperarnos si obviamos dar tiempo al tiempo. Son ajustes personales, prisa y cadencia, que tenemos que ir haciendo o  deshaciendo según convenga. Esperamos el amanecer y el anochecer, que llueva y que salga el sol, Esperamos un hijo, a un amigo, a un compañero de trabajo. Esperamos reír o llorar, perder o ganar. Esperamos que nos toque la lotería y todos los premios posibles. Esperamos trabajar, distraernos, disfrutar, viajar. Ir y venir, entrar, salir, escapar, regresar. Esperamos la nota de un examen o evaluación, la de unas oposiciones… Esperamos dar y recibir lo mejor. El mundo está repleto de salas de espera y  gente que quizás no sabe esperar. Sin prisa, sin pausa. Tiempos perdidos y tiempos de gozosa  espera. Importante saber a qué atenernos y también, saber prescindir de certezas innecesarias. Soñar como los enamorados con la ilusión que lo envuelve todo en un dulce compás de espera. Sembrar sin querer arrancar lo sembrado cuando todavía no es tiempo de cosecha. Dejar crecer a las personas, por dentro y por fuera, desarrollar y madurar las ideas, realizar acabadamente nuestro trabajo. La vida no sabe de prisas pero no se detiene. Somos nosotros los que corremos, muchas veces, hacia ninguna parte. Un sinvivir salpicado de porqués y para qué. Tomar y dejar, recibir, compartir. La vida, otra vez y siempre, es una inmensa sala de espera dónde quizás dejemos pasar el tiempo viendo lo que hacen los demás, hojeando revistas de no sé qué corazones, hablando por hablar o interesándonos sinceramente por la vida de los demás. Hay que coger turno para casi todo, saber aguardar pacientemente y no dejar pasar nuestra oportunidad. Tiempo de espera. Nacer, vivir, morir…

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La Morenica

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Romería de septiembre, La Virgen de La Fuensanta, acompañada por todos, es llevada casi en volandas a su Santuario del monte. Miles de corazones laten al unísono ante La Patrona de Murcia. ¡Guapa, guapa, guapa! ¡Vamos, vamos, vamos!… Cantinela acostumbrada y generosa de un querer enamorado. La gente se ‘arrejunta’, se apiña arropando a La Morenica tras su estancia en La Catedral, donde el ir y venir de unos y otros, ha sido una vez más, la espléndida rúbrica del cariño de todos los murcianos a su Virgen. Más que  goteo, ha sido un diluvio de personas de toda clase y condición ante la Madre de todos que, constantemente se lleva al  cielo nuestras peticiones. ‘Yo no sé qué tiene Tu cara morena que lloran los ojos a su claridad’… Desde la persona más anciana hasta la última recién nacida, con flores y oraciones, miradas suplicantes, ruegos y agradecimientos, balbuceo de oraciones y avemarías rezadas, Rosario tras Rosario. La Virgen contempla serena. Como la Madre más buena, escucha y parece que calla, mientras no para de decir a su Hijo todas las cosas buenas que sabe de nosotros. Flores para Ella… pétalos de colores que, a manos llenas, dejan caer sobre La Morenica, gente buena, como rocío de oración huertana, a la Reina de Cielo y Tierra. Bailes y canciones, entusiasmo y alegría. ¡Venga! ¡Vamos! Como una gran familia, festejando a La Madre que la mantiene unida.  ¡Guapa! ¡Hermosa!… La Virgen, serena y gozosa, reina  sobre nuestras cosas, cuidando  de cada uno como si hijo único fuera, como hacen las madres, tan buenas, tan nuestras. Romería de septiembre, romería de siempre. Desde la Ciudad o la Huerta, desde todos los rincones de esos mundos de Dios, acompañamos a La Morenica entre vítores y canciones, con flores y oraciones, contándole  nuestro vivir y sinvivir, nuestras preocupaciones y sinsabores, nuestras alegrías e ilusiones, nuestro trabajo o el que necesitamos, nuestros amores… Y también esa cansera que a veces nos deja la existencia, como la tierra sedienta de las aguas que la convierten en espléndido vergel. Romeros, al fin y al cabo, somos en la vida.  En el camino andamos, dice la también vieja canción basada en el poema del caminante que aprendió que se hace camino al andar. Como  el  gran empeño de hacer poesía de la prosa de cada día. La Morenica nos mira, nos está llevando. ¡Venga, venga! ¡Vamos, vamos!

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Regresar

Etimológicamente hablando, regresar es volver al lugar de donde se partió, pero la realidad multiplica por infinito el significado de este verbo, expresando acciones, procesos, estados o existencia que nos afecta de diversas maneras. Septiembre es por excelencia un mes de vuelta a casa, al trabajo, a la rutina de cada día. El ir y venir de unos y otros es la tónica general de la época estival. Las ciudades, casi desiertas, son invadidas literalmente por multitud de vagabundos que campan a sus anchas por doquier. La mendicidad, cada vez más extendida, se convierte en un problema difícil de resolver para el viandante de turno por la imposibilidad de dar algo digno a los diez o más mendigos con que se encuentra cada día. Curiosamente, los de siempre, suelen dar la bienvenida a sus protectores. Un euro, dos euros… necesidad y otros intereses confunden al personal. Ni siempre ni nunca. Saber a qué atenerse y por supuesto colaborar con Caritas, Jesús Abandonado y las diversas asociaciones que en verdad ayudan a quienes más lo necesitan. El candente y  gravísimo problema  de los refugiados nos atañe a todos aunque sean los gobiernos de los distintos países los que tienen que atajar esta crisis humanitaria. El regreso a un futuro digno de miles de personas nos exige también una respuesta personal aunque sea un granito de arena desapercibido en la inmensidad pero necesario. El verano, como todos los veranos, está llegando a su fin. El adiós a las vacaciones es inminente.  Regresamos todos, también los que por una causa u otra, apenas nos hemos movido de casa. La cuestión es sencilla. La vida sigue, es como un tren en marcha del que nadie debe apearse. Es bueno revisar el equipaje y comprobar nuestro destino. No importa si vamos en preferente o en clase turista. Cambian  necesidades y circunstancias pero nosotros seguimos siendo los mismos. En el recorrido, familia, vecinos, compañeros, amigos de siempre y  gente nueva con la que estrechar lazos de compañerismo y amistad. Septiembre es tiempo de encuentros. Nos alegramos de volvernos a ver. Quizás echaremos de menos a alguien a quien queremos. La vida es así, unos vienen y otros van. Regresar es también volver a intentarlo,  una y otra vez, con ilusión y empeño porque vivir a tope (sí, a tope) vale la pena.

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Adiós al colegio, adiós

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Las fiestas escolares de fin de curso son el pistoletazo de salida de las siempre ansiadas vacaciones de verano. Es justo reconocer el mérito de los docentes en la organización de estos eventos que hacen  disfrutar a grandes y chicos, son como la guinda que adorna la trayectoria del tiempo lectivo, el sprint final de llegada a la meta. El adiós al colegio es un hasta pronto para la mayoría. Lo que no tiene sentido es que la vuelta para no pocos, se convierta en una busca imposible del tiempo perdido. Verano. Vacaciones. Descansar cambiando de actividad. No dar cancha a la pereza… a pesar del calor. Son innumerables las actividades veraniegas que  organizan las Asociaciones juveniles  teniendo en cuenta las distintas edades pero sin olvidar que los primeros y principales educadores son los padres. La época estival no tiene que convertirse en un despropósito tras otro que desorienta y despersonaliza en cualquier etapa de la vida. El verano, como todos los veranos, es la estación del año más deseada. Las oportunidades para disfrutarla se abren en un gran abanico que cada uno mueve a su aire. El espléndido paisaje de nuestra geografía se convierte en el lienzo donde se trazan un sinfín de variopintas vacaciones. Adiós al colegio, adiós. Se amalgaman alegría y nostalgia, la emoción contenida deja paso al hacer sencillamente lo que en cada momento hay que hacer. Hábito y virtud. Voluntad y orden. Estudio y constancia. Trabajo y fortaleza. Ilusión y esperanza. Verano y descanso, casi siempre bajo el sol que más calienta. Guardados los enseres escolares (y profesionales), preparamos con ilusión el equipaje veraniego. Junto a lo imprescindible, una cantidad de ´por si acasos’ que son  polizones de ida y vuelta. Las redes sociales se han convertido  en un fondo de armario del que casi nadie quiere prescindir. Apilamos libros (electrónicos o no), quizá el último éxito editorial, el de cabecera, novelas de siempre y algún que otro de estudio. Deberes de vacaciones para todos y para todas. Desde ayudar en casa a hacer algo por los demás. Cuadernos Rubio y el personal e imprescindible de Bitácora. No perder el Norte. Saber de dónde venimos y hacia dónde vamos, mucho más rápido si vamos ligeros de equipaje. Tiempo de luz y sol, de mar y arena, campo, playa, huerta, montaña, bosques y prados, lagos y ríos. Tiempo de familia y amigos. Tiempo de estar con los nuestros. Creo que casi todos fuimos a una escuela o colegio. Ayer y hoy. Lo antiguo y lo nuevo. El adiós y el hasta luego. El verano ya está aquí deslumbrando con sus destellos.

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MAYO

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Estamos en un mes de romerías. Mucha gente va de acá para allá y no precisamente a un santuario. El peregrinaje de políticos y partidarios por diferentes ciudades de España, puede que no despierte mucha devoción, visto lo visto, la penitencia se ajusta como un guante a  las faltas cometidas por los corruptos de cada partido. Unos a otros se tiran piedras en forma de acusación, llegando las descalificaciones al límite de lo políticamente correcto. La pregunta que nos hacemos es si realmente todos están libres del pecado de la corrupción. La respuesta, celosamente guardada en las urnas de las próximas elecciones. Será, será… ¡Dios nos pille confesados!… Mientras, prefiero contemplar el colorido de las flores que tan generosamente nos regala la naturaleza cada mes de mayo y disfrutar de las auténticas romerías.

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Peregrinaciones populares y festivas a alguna ermita o santuario de La Virgen en señaladas ocasiones, con algarabía de bailes y canciones, oraciones a voz en grito, con aplausos y vítores. Familias enteras, amigos y peñas, recogen en viandas y vestimenta lo típico de la romería de cada lugar. Folclore. La Patrona de cada ciudad es agasajada según costumbre. Mayo se ha convertido en el mes de La Virgen.  Con flores a porfía, con flores a María. Rosarios de Avemarías rezadas, engarzadas con la ilusión, inocencia y alegría de la gente menuda de los colegios; Rosarios rezados con el rubor y fervor de los adolescentes; Avemarías de familias enteras. Misterios gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos, contemplados con la novedad de la fe, la seguridad de la esperanza y la verdad e ilusión del amor. Porque los enamorados no se cansan de repetir lo mismo una y otra vez. Y, una y otra vez los misterios del Rosario, alumbran y deslumbran por caminos de fe. Romerías. Es mucha la gente que va a los santuarios a ver a su Virgen  para contarle no sé qué cosas, y decirle otras. Es un mirarla y sonreír. Es un rezarle y confiar. Y venga que encender velas y hacerle fotografías sin parar. ¿Acaso hay alguien que todavía no tiene móvil y whatsapp? Timbres, músicas y  vibraciones. Cuentas de innumerables rosarios de gentes que quieren querer más. Oraciones que antes de subir al cielo pasan por el camarín de la Virgen que siempre es consuelo. Mayo, tiempo de romerías. Venid y vamos todos. Con flores y oraciones, con dudas y frustraciones, convencidos o dudosos. Quizás expectantes. No importa. Mayo, mes de María y nuestro. Flores para una Virgen que siempre espera. Es Madre, sí, con mayúsculas. Romerías. Alegría.

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Artículo publicado hoy en La Opinión de Murcia