Juan Pablo II y Juan XXIII

 

 

 

A todos nos gusta contar nuestra relación personal con los dos papas que mañana serán canonizados en una ceremonia en la que estarán presentes otros dos papas. Conocí a Juan XXIII a través de las ‘Vidas ilustre y ejemplares’ en forma de comics que mis padres nos compraban. Juan Pablo II ha sido el papa de la juventud de mi familia. Tanto mi marido como mis hijos y yo misma (por turnos,nunca todos a la vez), hemos estado cerca de él en sus viajes por España (Santiago, Granada, Asturias, Madrid…) y en Roma. Muchas historias para recordar y dar gracias a Dios. Palabras impresas en periódicos y revistas, desperdigadas por La Red y guardadas en el corazón…

Estos  vídeos  que comparto en mi blog  son un eslabón más en esa cadena humana que nos une tan estrechamente alrededor del Papa Bueno y Del Papa de los jóvenes.

Sí, aunque ya peinemos canas ¡Esta es la juventud del Papa!…

Como dice el Papa Francisco: ‘¡Hay que armar lío!’…

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Cercanía

El papa Francisco buscado como él dijo casi en el fin del mundo, ha abierto de par en par las puertas de la Iglesia Católica. Su sonrisa y sentido del humor, su trato sencillo y cercano nos ha cautivado. No sé si por breves instantes, desde el balcón de la logia, se quedó prendado de la multitud que le aclamaba enfervorizada en la Plaza de San Pedro pero en realidad  lo que sí prendió  fue la llama de la oración en los fieles católicos del mundo  entero, uniéndonos con el Padrenuestro como Cristo nos enseñó, invitando  a rezar  por Benedicto XVI, por él mismo… por todos. No sólo no estamos huérfanos sino que vela por nosotros un Papa bueno y afable. Los caminos de Dios allanan los nuestros y una vez más comprobamos que si no contamos con Él, las cuentas no salen. Sí, quien más y quien menos había hecho su lista de ‘papables’ y contra todo pronóstico, la elección nos ha traído como sucedió con Juan Pablo II, otro Papa venido de lejos pero con una cercanía tan grande y entrañable que es sencillo descubrir nuestra seguridad en la Barca de Pedro. Portadas de periódicos y revistas, editoriales, artículos de opinión… el amplio entramado de los medios de comunicación  parece girar en torno a la Sede de Pedro, mientras el papa Francisco reza, se encomienda a la Virgen –hasta le llevó  unas flores- y, sencillamente, se aplica con alma, corazón y vida a la nueva tarea que ha caído sobre sus hombros. No es una persona joven y sin embargo se ha convertido en la roca firme donde el mismo Cristo sigue edificando su Iglesia. Verdaderamente, los caminos de Dios no son los nuestros y el Espíritu Santo tiene mucho que ver en todo esto. La vida sigue con su vorágine habitual, lo que hoy es noticia, mañana deja de serlo pero católicos o no, estamos ante una nueva etapa de La Iglesia que sigue empeñada en evangelizar a todos los pueblos. Es mucha la información que estamos recibiendo acerca del papa Francisco; historias y anécdotas se  entrecruzan zigzagueando con la vida cotidiana del nuevo representante de Cristo en la tierra que humildemente se ha calzado  las sandalias del pescador para recorrer  los caminos y llegar a  las gentes. No deja de sorprender  su afabilidad, la firmeza de su fe y la contundencia de sus enseñanzas: la naturalidad de un hombre de Dios que ha cargado sobre sus hombros el peso de la Iglesia. Creo que necesita de todos al igual que todos y cada uno podemos sentirnos interpelados por este Cristo que nos hace sentir tanto su cercanía.

Tiempo de silencio

Ante el anuncio de Benedicto XVI de dejar su ministerio por falta de fuerzas, se han alzado voces por doquier, originando un sinfín de opiniones  sobre lo divino y lo humano que han dado un vuelco de trescientos sesenta grados al contenido en los medios de  comunicación. El mundo entero está pendiente de Roma, del futuro inmediato de la Iglesia Católica.  Sorpresa,  emoción, respeto, reconocimientos, dudas, esperanza, fe.  La egregia figura del Papa parece sellada por la grandeza de su sencillez. ‘El humilde siervo de la viña del Señor’ ha hecho con su ayuda cuanto ha podido. Ahora es Dios quien decidirá sobre qué ‘piedra’ seguirá edificando su Iglesia. Precisamente,  Benedicto XVI ha sido piedra angular en este convulso Siglo XXI. Su vida y obras conforman un extraordinario testimonio de fe y razón,  verdad y amor, sencillez y sabiduría… y sobre todo, santidad. Este adiós es literalmente un ‘a Dios’ firme y preclaro, con abundante  doctrina de teólogo y  piedad de niño –como aquel pequeño que correteaba por su Alemania natal-  que se ha resuelto en la certeza de ponerlo todo en manos de su, nuestro Padre Dios. Este Papa no nos abandona, tampoco nos deja tiempo para la nostalgia.  Al leer parte de su legado notaremos su cercanía sí, pero sobre todo el  atractivo de la doctrina de Cristo. Hemos tenido un buen maestro, su sonrisa paternal ha desterrado toda rigidez, nos ha cautivado. Su voz afable ha propiciado un clima de confianza.  ‘Recemos por el Papa para que el Señor le proteja, le de vida y  le  haga feliz en la tierra’. Ha recibido muchos talentos y, a simple vista, los ha hecho fructificar abundantemente. ¡Habemus Papa!… Ahora y cuando Dios quiera. En el fondo, muchos sentimos este adiós sin despedida. Somos humanos y necesitamos la cercanía. Nos habíamos acostumbrado a la seguridad de su presencia entrañable, como los hijos pequeños que no se preocupan de nada porque saben que su padre vela por ellos. BenedictoXVI  no se ha arredrado ante la dificultad y ha gobernado La Iglesia con pulso firme. Ahora, cuando las fuerzas le fallan, como hijo predilecto, lo deja todo en manos de Dios. Tenemos mucho que agradecer a este buen Papa y nos gustaría que supiese de nosotros, de nuestro cariño e incluso de nuestros propósitos por intentarlo de nuevo y mejorar. Son muchas las portadas de periódicos dedicadas a Benedicto XVI. También le podemos dedicar a él y al próximo Papa tiempo de oración, tiempo de reflexión, tiempo de silencio.

Artículo publicado hoy e La Tribuna de Albacete