Tomar partido

 

Es la opción más sensata cuando se pretende hacer las cosas con un mínimo de sentido común. Ni el ‘todo vale’ ni ‘nada me importa’ son buenos compañeros de viaje. Saber hacia dónde vamos y con qué medios contamos es condición sine qua non para conseguir optimizar objetivos. De nuevo, elecciones generales a la vista… que visto lo visto, muestra un exhaustivo cansancio con tendencia a no mirar a ninguna parte, pero eso no vale. Hay demasiado en juego para no tomar partido y no me refiero a unas determinadas siglas ni a ningún candidato en concreto sino a todos y cada uno de los hipotéticos votantes del 26-J. Curiosamente, la fecha entona con el final del curso escolar. La mayoría de nuestra clase política  no creo que revalide los exámenes, de ahí el apoyo extraordinario que puede hacer el ciudadano de a pié contrastando la verdadera realidad de los programas electorales de cada partido y votando en consecuencia, a ver si de una vez por todas se logran acuerdos coherentes. De nada sirve dar la espalda a la penosa realidad de echarse la culpa unos a otros. La panorámica actual ha desenmascarado las falsas apariencias. No estamos en un baile de disfraces. Dar la cara dista mucho del descaro y la falta de respeto por sistema. Saber estar es el espejo más fidedigno de saber ser. Ojo, que nos puede tocar bailar con la más fea. Por si acaso, habrá que ir eligiendo una pareja que no deje en la estacada a nuestra consensuada democracia. Que cada cual haga cuanto esté de su mano para evitar más desacuerdos de desacuerdos. No se trata de una fantasmagórica cruzada de políticos amateurs  sino de personas que asuman su responsabilidad en los diferentes estamentos de la sociedad, de manera que vayan encajando las piezas del proyecto común sin aditamentos  dañinos o fútiles. La corrupción ha campeado a sus anchas por los intrincados caminos  a seguir para salir de una vez por todas de esta crisis desfondada por el poderoso caballero don dinero en el bolsillo insaciable de demasiados gigantes egoístas. En resumen, tomar partido por las necesidades de los demás y las propias que va, incluso más allá de las obras de misericordia que, por otra parte, no nos vendría mal repasar, por aquello de ‘Enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, perdonar las injurias… y rogar a Dios por vivos y difuntos’.

Artículo publicado hoy en La Opinión de Murcia

El discurso

 讲话例证漫-人物的政客-51824618‘Exposición oral sobre un asunto determinado, pronunciada ante un público a fin de convencerlo o conmoverlo  en especial en un acto solemne o político’.  La preparación del discurso de investidura por parte de Pedro Sánchez y su equipo, no creo que haya sido tarea fácil cuando las cuentas (habidas y por haber) no acaban de cuadrar, y el público a convencer es tan amplio como diverso. Han malgastado demasiadas palabras en rechazar e incluso despreciar al partido que más votos cosechó en las elecciones generales, siendo su líder objeto de una inquina fuera de contexto de lo que siempre hemos entendido por buenas maneras. Y así, no. ‘Las eventuales contingencias que predisponen al auditorio y ora allanan los designios del discurso, ora lo dificultan, deben trazarle al orador su plan; el comienzo, el despliegue y el término de su arenga (…). No bastan voces rotundas y ademanes vistosos para disimular la vaciedad é incoherencia de las ideas…’ (Antonio Maura y Montaner).  Ante una audiencia entendida o no, aburrida y tensa, hastiada de corrupción y falsas apariencias, un discurso  que no sea coherente y rotundo, puede caer fácilmente en el saco un tanto agrietado de nuestra democracia. ¿Qué será, será?… Seguimos sin ser adivinos y lo que es peor, no sabemos  a qué árbol  podremos  arrimarnos, por aquello de la buena sombra que cobije el bien común. Nunca entenderé a los gobiernos que por sistema, tiran patas arriba los logros alcanzados por sus antecesores por el mero hecho de pertenecer a otro partido. Creo que el progreso es tarea de todos y cada uno de nosotros al margen de ideologías políticas, y tenemos que aprender  a  respetar para consolidar lo conseguido y  así  crecer sin anclarnos en el país de nunca jamás. No sé si habrá ganancia de pescadores en este río revuelto de políticos ausentes, silenciosos,  oportunistas, prepotentes, populistas, corruptos… y quiero pensar  también en inteligentes  eficaces y coherentes. La posible expectación ante el discurso de investidura  exige  claridad del mensaje y solidez argumental. A veces, los avatares del destino nos pueden llevar a situaciones impredecibles. Cuando escribo este artículo el panorama político es de total incertidumbre. Me viene a la memoria, la excepcional película  ‘El discurso del rey’ en la que junto a la evocación histórica, la magistral interpretación de los personajes, pone de relieve el esfuerzo y la responsabilidad personal en la toma de decisiones y la nitidez de la auténtica grandeza en la lucha cuasi titánica por servir al bien común. Amor, familia, amistad, profesionalidad y toda una serie de circunstancias, favorables y desfavorables, que subrayan la necesidad de trabajar en equipo y la soledad, aún en buena compañía, de quien ha de reinar. Creo que por parte de nuestros políticos, no estaría de más un examen de coherencia que a buen seguro ya ha hecho el ciudadano de a pié… pero este es otro discurso.

Artículo publicado hoy en La Opinión de Murcia

Cuentas y cuentos

dragon-1085225_960_720

Pare usted de contar de cuentas que no salen y se embrollan en el cuento de nunca acabar. Cuentos insólitos interpretados por personajes fantasmagóricos. Cuentas que no cuadran enmarcadas con demasiada desfachatez, mientras dos más dos siguen sumando cuatro. No es un juego que ande entre bobos y nos estamos jugando demasiado para hacer mutis por el foro y luego rasgarnos las vestiduras. La expectación es máxima  pero dista años luz de la generada al detectarse por primera vez, una onda gravitacional, ondulaciones en el tejido espacio-temporal que viajan a la velocidad de la luz predichas hace justo un siglo por Albert Einstein. Avance que contrasta con la constante  marcha atrás de políticos empeñados en tropezar y caer, no dos, sino las veces que sea en los mismos errores. Rectificar es de sabios (¿…?) y de santos o al menos de personas que de verdad quieren ser buenas y ayudan cuanto pueden para que lo consigan los demás. ‘Somos hermanos’, le dijo el Papa Francisco, al Patriarca ortodoxo ruso. El primer encuentro, un abrazo y la firma de una declaración conjunta, gesto que rompe una separación. ‘¡Ahora las cosas son más fáciles!’ respondió Kiril. Las lecciones magistrales las encontramos en las mejores páginas del libro de la vida, sin embargo los libros de Historia, no dejan de mostrarnos también los tremendos errores del ser humano. Héroes y villanos como en los cuentos que no nos cansábamos de escuchar y que, seguramente, seguiremos contando a nuestros más pequeños. ‘Érase una vez…’ Hace tiempo leí que en cierta ocasión se acercó a Einstein una mujer para preguntarle qué podía hacer para que sus hijos fueran más inteligentes y Einstein le respondió: ‘Léale cuentos de hadas’. Ella, riéndose, le replicó: ‘Ya, ¿y qué debo hacer después de haberle leído cuentos de hadas?´. Y Einstein le dijo: ‘Pues léale más cuentos de hadas’. Quizás, como afirma quien narró esta anécdota, la escritora australiana  Mem Fox, Einstein pensaba que ´los cuentos de hadas requieren una mente atenta a los detalles, muy activa en la resolución de problemas, capaz de viajar por los corredores de la predicción y la búsqueda de los significados’. Érase una vez…  los buenos cuentos que ayudan a los niños a descubrir la esperanza porque brujas, monstruos, fantasmas y miedos pueden ser vencidos por pequeños y grandes valientes que siempre superan  al mal con el bien. Cuentas y cuentos. Cuentos para no dejar de contar.

Artículo publicado hoy en La Opinión de Murcia

Elucubraciones

A diestro y siniestro. Cábalas (conjeturas, suposiciones) que hacen cavilar (reflexionar con preocupación e insistencia o de forma profunda y minuciosa) a las mentes más sesudas sin llegar a una conclusión fehaciente (fidedigno, que da testimonio de la certeza de algo). La cuestión planteada por los últimos acontecimientos en el entorno político-social de España, abre un descomunal interrogante  cuasi imposible de cerrar,  al tiempo que un intensivo vaivén de puertas, giratorias o no, se tambalean, virtualmente, ante la amenaza de portazos sin fin. Lo normal es que nadie se pille un dedo, pero las consecuencias del destartale pueden conducirnos a un peligroso despeñamiento de nuestro sistema político, llevando a España a la deriva. ¡Dios nos pille confesados! En este año santo de la misericordia, muchos intentaremos ganar el jubileo, mientras otros, se afanarán en esconder el exceso de miseria bajo nuestra ajada y ultrajada piel de toro. Piel, repito, de paquidermo parecen tener los inmersos en la corrupción, común denominador de cuantos han hecho de la política una falsa moneda de cambio. Cercana la celebración de San Valentín es fácil hacer analogías recordando a Gustavo Adolfo Bécquer: ‘Por una mirada, un mundo, por una sonrisa, un cielo, por un beso… ¡yo no sé qué te diera por un beso!’… ¿Qué se darán por un  ministerio, por un sillón, por un puesto?… Ser o no ser Presidente,  parece ser la cuestión, pero lo incuestionable, indiscutible e indudable es el bien común que actualmente parece ser el menos común en los perseguidores del poder a toda costa. Anegados por la corrupción, salpicar al adversario se ha convertido en un juego sucio en el que todos perdemos. Quiero creer que no todo está perdido. Quiero confiar en los auténticos políticos. ‘Haberlos, haylos’. Quiero pensar que España va a seguir unida y fortalecida por el empeño de todos en afianzar lo conseguido y luchar si dejación en el esfuerzo por lograr lo mejor para esta tierra de conquistadores. Que el buen hacer y la bonhomía aboguen por la renovación de intereses en pro del bien común. España más que diferente, tiene que ser ella misma, buscando la perfección acorde a su idiosincrasia. Elucubraciones, reflexiones sobre algo conseguido tras un intenso trabajo intelectual. Elucubrar para establecer conclusiones y soluciones. Lo que creo que todos tenemos claro es que ´cuando seamos mayores´ no querremos ser presidentes a toda costa. Se lo podemos decir a nuestros vecinos…

Artículo publicado hoy en La Tribuna de Albacete

Con papel de regalo

 

Regalos-Cajas-FDG

 

De cuando en cuando, la vida nos regala pequeñas y grandes historias que nos gusta guardar con especial papel de regalo para poder desenvolverlas, una y otra vez, y disfrutar de su contenido.  Gracias a Dios, nuestro entorno ofrece, en el diario acontecer, tesoros  que no están escondidos  pero  para  descubrirlos es indispensable, como decía un buen profesor: ‘Saber mirar, saber escuchar, saber pensar, saber expresar aquello que hemos mirado, escuchado y pensado’.  Con frecuencia, vamos y venimos de un sitio a otro, casi atropelladamente y así es poco probable que nos demos cuenta de cuanto acontece a nuestro alrededor. Comienzo a desenvolver con cuidado algunos de estos regalos, envolviéndolos a la vez con el papel de este periódico, la Opinión de Murcia, para que lleguen puntualmente a su destino. Siempre llama mi atención esos pequeños  y  grandes tesoros familiares. Me encontraba en la cola de una  caja de supermercado  cuando descubrí a una joven familia haciendo lo mismo en otra. La madre, estaba pendiente del bebé que llevaba en un cochecito pero no dejaba de sonreír contemplando embobada  a su marido y al niño mayor (no creo pasara de cinco años), enfrascados por lo visto en una interesante conversación. Me dejé llevar por la curiosidad  y  ,con poco disimulo, me acerqué a ellos. El niño llevaba pegada en la parte delantera de su cazadora, grandes  etiquetas que  seguramente su padre le había puesto para entretenerlo y llamarlo al orden durante la compra. Divertido, hablaba a su hijo que no dejaba de mirarle con los ojos abiertos como platos. Más o menos, le decía: –‘Prepárate que ahora la cajera te cogerá así (lo tomaba tumbado boca abajo), y te pasará por esa cinta donde pasan todas las cosas que se compran aquí’…-‘Ya verás la sorpresa que se va a llevar cuando descubra lo que vales… ¡no puede ni imaginarlo!’… Mientras el matrimonio  y  su hijo ‘mayor’ sonreían felices, me apresuré a envolver el regalo con especial ternura. Otro pequeño tesoro lo descubrí medio enredado en La Red, en el portal de una vivienda invadido por unas cuantas adolescentes absortas con sus móviles hasta que una de ellas exclamó: -‘¡Qué gracioso mi padre!…escribiendo…escribiendo…escribiendo… para decirme: -‘Vale’… envolví la historia con el esmero con que tanto buenos padres educan a sus hijos queriéndoles por encima de todo… ¡Vale!… Enlazando… Cómo los hijos aprenden a valorar  y  a querer a sus padres, tanto… que cuando faltan, se emocionan al hablar de ellos, reconociendo cuánto les echan de menos… Como hizo  Alejandro Sanz  en el último programa ‘¿En tu casa o en la mía?’ de Bertín Osborne: ‘Se lleva mal los primeros… cien años’… La vida, la familia…Con el mejor papel de regalo.

Artículo publicado hoy en La Opinión de Murcia

A bocajarro

De improviso, inopinadamente, a quemarropa, brutalmente, sin rodeos… muerte, dolor, pánico, terror. La vida arrebatada de un zarpazo. Desolación, tristeza, incomprensión, rabia, locura, hedor. Lágrimas… llanto de impotencia y miedo; sollozos de pena, ternura, soledad, fraternidad. Búsqueda desesperada de los seres queridos. Encuentros… y encuentros. Vidas destrozadas literal y anímicamente. Desorientación. Almas en pena. Gritos, alaridos. Misericordia. Ayuda, abrazos, cobijo, regazo, consuelo, descanso. Todos somos víctimas del sinsentido del terrorismo, de la violencia exacerbada. Libertad, igualdad y fraternidad ante la barbarie. Unidad por un mundo en paz. No sé por qué (¿…?) he recordado el título del libro ‘La paz empieza nunca’ (Emilio Romero. Premio Planeta 1957). Curiosamente, el personaje central dice  que vivir resulta una aventura y que una buena parte de las vidas son aventuras apasionantes que no figuran en las Historias Universales, porque éstas son unos libros muy pequeños y bastante ingenuos…y habla de un náufrago que de repente, perdido todo, descubre algo que le lleva a luchar por salvarse… La paz empieza nunca podría ser el título de una buena novela y nada más, pero no podemos ser ingenuos, inmersos como estamos en esta que dicen tercera guerra mundial de  innumerables campos de batalla. Vidas truncadas, heroísmos inenarrables, náufragos que alzan sus brazos al mundo entero. Historias de amor y odio. Testimonios impresionantes de personas extraordinarias con capacidad para reconstruir su existencia aferrados a lo mejor que tienen, el recuerdo omnipresente de sus seres queridos asesinados a bocajarro, y el empeño por luchar y hacer felices a los que más quieren… Todos somos París y cualquier escenario de la barbarie. Y  rezamos aún sin saber rezar porque necesitamos hablar con el Dios de todos para que nos ayude y proteja, para decirle que no entendemos, para pedirle quizá que de una vez por todas, nos amemos. ‘El hermano ayudado por el hermano es tan fuerte como una ciudad amurallada’…donde no hay entrada para el odio. Libertad, igualdad, fraternidad bajo el cielo  de la ciudad de la luz. Nuevo atentados terroristas. Sigue la vida, con luces y sombras, tristezas y alegrías… El tiempo pasará… pero siempre nos quedará París…

Artículo publicado hoy en  La Opinión de Murcia

 

Sin palabras

Tras la semana del debate sobre el estado de la Nación, no encuentro mejor título para el artículo de hoy. La Nación, bien y mal, depende como se mire. Así que gracias o improperios, según el punto de vista. Son demasiados los ojos que no quieren ver y los oídos que no se aplican a escuchar. Ahora, lo que es hablar por hablar, sin dejar títere con cabeza, largo y tendido. ¿Nos merecemos los políticos que tenemos? Ni quito ni pongo. Como muchos españoles, me pregunto: ¿Dónde está la auténtica clase política? La respuesta puede dejarnos sin palabras. ‘Haberlos, haylos’ pero una gran mayoría  -como ‘esos locos bajitos’- ha de crecer mucho para dar la talla. El debate ha producido más de un empacho y, me atrevería  a afirmar, cierta desconfianza e inseguridad. Tampoco faltan los que han salido satisfechos como si se tratase de un gran banquete en el que se han comido al adversario. Mientras, los ciudadanos de a pié, seguimos atónitos, sin palabras dignas de articularse, por respeto, ante tal zafarrancho de combate. ¿Tan difícil es poner los puntos sobre las íes sin hacer peligrosos e innecesarios derrapes partidistas? La verdad sigue demostrándose sola. La consolidación de nuestra economía y la competitividad van generando confianza en los inversores, eso no significa  que estén terminados los deberes pero tampoco que sea imposible realizar la tarea pendiente, aportando cada cual (partidos políticos) sus mejores apuntes a fin de conseguir esa buena nota que sitúe a España como nación próspera.  A la espera de resultados óptimos en las próximas elecciones, barajemos las cartas que tenemos entre manos  –economía, educación, trabajo, investigación, sanidad, políticas sociales, justicia…-  para ganar la partida, dejando que todos puedan entrar en el juego con propuestas y acuerdos que se pueden conseguir cuando se trabaja en equipo. Indudablemente no es lo mismo ver los toros desde la barrera que estar en el ruedo y lidiar al toro ofreciendo una buena faena. Creo que aún hay políticos que dan la talla y también nos dejan sin palabras  ante el buen ejercicio de su vocación política. Lo malo son los espontáneos que se lanzan imprudentemente poniendo en peligro su integridad y la de los demás. La responsabilidad ante las urnas es personal. La libertad para votar queda fortalecida por la verdad que hemos de buscar en el programa de los distintos partidos políticos, obviando los fuegos artificiales que brillan y hacen mucho ruido pero desaparecen sin apenas dejar rastro.  Apostar  por una trayectoria de mejora que no tire por la borda los logros alcanzados. El debate sobre el estado de la Nación no deja de ser un acto de comunicación. La argumentación ha sido extensa, la solidez ha demostrado con creces el peso específico de cada cual. No debe ser fácil templar, contenerse, evitar el exceso en la tribuna de oradores del  Congreso pero es preferible la elocuencia del silencio a modos de actuar que dejan sin palabras. Ser o no ser, eterna cuestión.

Artículo publicado en La Opinión de Murcia