Inventario

 

Quizá pueda parecer extraño un inventario a primeros de año, cuando lo habitual es hacerlo a su término, pero de común somos tan olvidadizos que apenas reconocemos nuestros bienes y casi nos pasamos la vida sumidos en una especie de mística ojalatera (ojalá fuera, ojalá tuviese, ojalá pasara… ojalá, ojalá…), que nos impide valorar y disfrutar de cuanto tenemos porque estamos pendientes de lo que poseen los demás. Si realmente nos aplicásemos en hacer una lista más o menos ordenada de nuestra fortuna (familia, casa, comida, ropa, amigos, trabajo y un largo etcétera), seríamos más agradecidos. La gratitud influye en la realización personal porque ayuda a la buena comunicación entre unos y otros. La persona agradecida atrae. Ese modo de ser es generador de buenos sentimientos, de actitud positiva ante la vida. La familia es la mejor escuela de aprendizaje, ayuda a tomar conciencia de cuanto hemos recibido gratuitamente. Es fácil que en el día a día, ni siquiera nos paremos a pensar en aquello de valor que tanto bien nos hace para afrontar la vida con optimismo. De ahí el inventario  que me atrevo a sugerir en este año recién estrenado. La falsilla es personal e intransferible porque no somos repetidos. Sin embargo, la tónica general es desprenderse de ese hombre viejo que se empeña en seguirnos a todas partes con sus manías trasnochadas. Borrón y cuenta nueva, esforzándonos por convertir nuestros deberes y haberes en un saldo de felicidad extensible a cuántos nos rodean. No digo que sea fácil o difícil, lo importante es elaborarlo y cuando parece que todo se tuerce, echarle una miradita para afianzar nuestra estima y  esforzarnos en seguir adelante, a pesar de los pesares, poniéndonos metas asequibles que fortalecerán nuestra ilusión como base de otras que nos harán superarnos para conseguir todo cuanto nos propongamos. Planificación anual seria. Somos los responsables de la gran empresa de nuestra vida. Programación mensual, según circunstancias, tiempo y lugar. No, no hay que hacer comparaciones con otros. Sí es aconsejable ayudar y dejarse ayudar. Importantísimo atenerse al activo que poseemos, es decir, ser realistas y ‘no pretender cazar leones por el pasillo de nuestra casa’. Sencillamente, ilusionarnos con lo que podemos hacer según la etapa de la vida en que nos encontremos, eso sí siendo ‘avariciosos’ con todas nuestras posibilidades. Crucial, comenzar y recomenzar cada día. Ese volver a intentarlo que nos alejará del pesimismo dañoso e inútil. No sé ustedes, pero apenas iniciado mi inventario, no puedo dejar de dar gracias a Dios por todo y por tanto… sin olvidar que la vida, como las monedas, tiene su cara y su cruz. De un modo u otro, todos aspiramos a la felicidad. Es la empresa de nuestra vida. Culminarla con éxito es encontrar el camino. Suerte y ¡Feliz año 2017!…

Artículo publicado en La Tribuna de Albacete

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Lecciones aprendidas

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Saber o no saber es la cuestión que subraya cualitativamente nuestro modo de actuar. Iniciada la temporada de vacaciones de verano, las mochilas suelen ir cargadas de notas que perfilan el nivel alcanzado tras un curso de estudio. El aprovechamiento  del tiempo suele ser el quid de un buen resultado. El saber va ocupando el lugar que le dejamos y, en consecuencia, es de gran ayuda para ir situándonos en la vida a nivel profesional y, personalmente, en las distintas facetas de nuestra existencia porque es indispensable conocernos a nosotros mismos y cuanto nos rodea para saber a qué atenernos. Cierto que no somos perfectos y las limitaciones de unos y otros forman parte del anclaje vital, pero al menos podemos lograr una buena perspectiva para gestionar nuestra andadura de la mejor manera posible. Saber lo que queremos. Punto de partida y objetivos a conseguir. Calibrar medios y dificultades. Comenzar y recomenzar recorriendo con ilusión el itinerario trazado. No estamos solos, ‘arrieros somos y en el camino andamos’. Las relaciones humanas conforman nuestra personalidad. Conocer, querer, sufrir, perdonar, comprender, aprender, enseñar, corregir, ayudar, aconsejar, edificar, disfrutar. Buen bagaje para ser feliz, teniendo en cuenta que el entramado de la felicidad se  teje cada día con optimismo  a la luz de nuestros valores, contando con las caras y cruces de la vida. Todos cargamos en la nuestra un bagaje personal que va perfilando el nivel alcanzado. En este terreno, las vacaciones no existen porque serían un sinvivir. No obstante, todo tiene su tiempo oportuno y saber aprovecharlo es sacar el mejor partido en cualquier circunstancia que podamos encontrarnos. Apenas comenzadas las vacaciones, no son pocos los estudiantes que arrinconan los libros, algunos hasta olvidan las lecciones aprendidas sin base, mecánicamente, para los exámenes. Bastantes, aprovechan el verano para afianzar algún idioma, hacer deporte y participar en campamentos y convivencias que fomentan la amistad y educan en valores. Las actividades solidarias son un plus enriquecedor para todos. Las vacaciones en familia, el bien más preciado. Sin pausa y sin prisa, estar unos con otros, al tanto y  atentos en saber querer sin condiciones. El verano, como todos los veranos, se presenta caluroso, con planes que salen o no, con circunstancias diversas, esperadas o inesperadas, con problemas y soluciones en un mundo convulsionado por guerras, terrorismo, persecuciones, pobreza, miseria, desesperación. Gente que va y viene, personas sin hogar, campos de refugiados, pateras de muerte y esperanza. Políticos desnortados, incongruentes, incomprendidos. Corrupción por doquier. Oportunismo totalitarista. La vida misma que casi deja de sorprendernos al tiempo que nos da las mejores lecciones. Lecciones aprendidas que no deberíamos de olvidar porque la historia se repite. La toma de decisiones ni a tontas ni a locas y mucho menos a ciegas. No se dejen deslumbrar por el sol que más calienta.

Artículo publicado hoy en La Opinión de Murcia

 

Ráfagas

De viento impetuoso, repentino y de corta duración. La climatología nos ha servido generosamente unas raciones que nos han dejado casi sin aliento. Las diferencias abismales de temperatura, de un día para otro, han revolucionado los armarios en busca de la cuasi olvidadas prendas de abrigo. No estamos acostumbrados a quedarnos helados, aunque sí petrificados ante otras ráfagas que alteran el comportamiento humano hasta  límites increíbles. Vivimos en una sociedad súpercomunicada con una gigantesca cantidad de información, imposible de digerir ni tan siquiera dirigir por nadie. Somos torpedeados por millones de mensajes de todo tipo y condición, con capacidad para deformar e incluso destruir nuestras relaciones personales más genuinas. Junto a este aparente catastrofismo, las mismas redes que pueden enredarnos, se convierten en tabla de salvación para multitud de proyectos. El mensaje principal queda fuera de toda ráfaga de intereses económicos o políticos. Tampoco tiene nada que ver con los que enarbolan el sentimentalismo tabloide ni con los que no respetan la intimidad de las personas. El buen emisor, respeta la  libertad y capacidad de elección que tiene el buen receptor. Aquí está el fundamento de la buena comunicación; la formación a lo largo de las distintas etapas de nuestra vida, como una constante que nos ayuda a equilibrar ser y parecer, a elegir o rechazar, a fijarnos o pasar por alto, a empeñarnos con inteligencia, voluntad y corazón en aquello que nos proponemos, con capacidad para superar errores y volver a intentarlo de nuevo. Muchas veces, tendremos que ponernos a cubierto de ciertas ráfagas de insensatez, ignorancia e incluso mentiras con falsa apariencia de verdad. Otras, habrá que argumentar  la validez del compromiso a nobles ideales sin pérdida de libertad alguna. Parece increíble pero hay quienes piensan que en la vida todo es jauja, funcionando a  ráfagas de caprichos y deseos, con el pseudo carné de me apetece o me cansa sin más. Incongruencia tras incongruencia, deslumbrados por los mensajes más inverosímiles. Un modo de complicarse la existencia  por nada y hastiarse sin disfrutarla. Porque la vida, como las monedas, tiene su cara y su cruz, solo que nunca se deprecia y su valor sigue siempre en alza. Encararla con  confianza es lanzar al vuelo la felicidad que disfrutamos cada día, al tiempo que nos empeñamos en la grata tarea de hacerla llegar a los demás. Ráfagas.

Artículo publicado hoy en La Opinión de Murcia

Cantar de Navidad

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Una cosa son los villancicos, canciones populares alegres que se cantan por Navidad, y otra escribir sobre ella. Es otro cantar, conocido y tarareado por muchos, mientras no pocos nos esmeramos en cuasi dibujar las letras más bonitas y entrañables. Borrón y cuenta nueva, año tras año, Navidad tras Navidad, lucen lunas y estrellas con cierto rubor ante la Luz del mundo, un mundo que se asemeja a un inmenso belén repleto de figuras vivientes que andan en sus afanes, atentas o ajenas al gran acontecimiento. Nos miramos unos a otros, con la curiosidad innata de ver y aprender, recordar u olvidar. Son muchos los caminos que se entrecruzan o no por múltiples y variopintos paisajes que cambian de color del día a la noche. Soles y estrellas iluminan el firmamento, extendiendo sus rayos de luz por ríos y mares casi de cuento. Se levantan altivos palacios y castillos, puentes y altísimos edificios. Palmeras de oriente y occidente, árboles frutales, jardines y bosques, pueblos y ciudades. Casas pequeñas y grandes. La gente viene y va, ríe y llora, sufre, disfruta, trabaja, descansa, tiene, carece, busca, halla… Navidad es un canto a la esperanza. Dios mismo es El que viene, se acerca a nosotros, se abaja. Como Niño recién nacido sonríe ante nuestro asombro. En un viejo portal, al calor de un buey y una mula, entre pajas humilde cuna. Eligió a su Madre, La Virgen María, más excelsa que ninguna, custodiada por el bueno de San José. Una familia, un hogar, un nacimiento, unas dificultades, una historia de Amor, con mayúsculas, que trajo la paz a los hombres de buena voluntad. Cantar de Navidad, cantar de la familia de los hijos de Dios. Somos parte de un monumental belén viviente. Lo que importa es acercarse un poco más al portal cada Nochebuena. El Niño nos aguarda. Su Madre, también nuestra, nos lo enseñará y dejará que lo estrechemos en nuestros brazos  y que le demos muchos besos. Llega La Navidad, plazas y calles brillan ataviadas con guirnaldas de luces y adornos. Estrellas y campanas, abetos y flores de pascua, ángeles y pastores. Belenes para visitar. Regresamos a nuestro hogar. Unos vienen, otros van, algunos ya no están… Como cada Nochebuena, como cada Navidad, la historia se repite con la novedad de volver a empezar. Preparamos nuestras casas para celebrar fiesta tan familiar. El belén, el árbol, los regalos. Nos afanamos por agradar, ayudar, querer a los demás. Nadie escatima esfuerzos. Tarareamos villancicos yendo de allá para acá. Guitarras y panderetas, zambombas y cascabeles. Voces infantiles, ternura, recuerdos, vivencias, emociones. La Nochebuena que viene, la Nochebuena se va. Días de fiesta y calor de hogar. Alrededor de Jesús, María y José ¡Feliz Navidad!

 

Artículo publicado en La Opinión de Murcia

Callejear

 

Caminar, pasear, deambular, zascandilear. Ir sin rumbo fijo, disfrutando de la ciudad y su gente. Diciembre es el mes del año que invita de manera especial a vagar de aquí para allá, parece que todo el mundo está en la calle. El alumbrado navideño crea un entorno cuasi familiar que facilita la convivencia, vamos y venimos en un ambiente descomplicado y festivo. La vida sigue el curso de los acontecimientos sin desviar su ruta, somos nosotros los que nos detenemos deslumbrados quizás por la luz del Adviento, tiempo de confiada espera. A la luz también de la fe, conmueve la grandeza de un Dios que se anonada al alcance de su criatura y nace en un humilde portal. Noche de inmensa ternura. La Virgen y San José mecen su cuna. A la luz, tantas veces confusa, del mundo, guirnaldas de colores, ornato de plazas y calles, tiendas grandes y pequeñas, escaparates. La luna del cielo presume de estrellas, tras las lunas de los escaparates, las  estrellas de los regalos son los juguetes. El frio diciembre se caldea en cada hogar. Tiempo -como todos los tiempos- de volver a casa y estar en familia. Zambombas y pastores anteceden a la cabalgata real. ¡Ya vienen! ¡Ya llegan!… No, todavía tenemos que esperar. Calles alfombradas, surcadas por árboles de Navidad. Se oye algún que otro villancico, ensayo de fiesta escolar. En paseos principales, la muestra artesanal. Todo brilla en la ciudad. Unos vienen, otros van. Nadie se ha de encontrar solo. Una mirada, dos sonrisas, tres palabras, gestos de complicidad. Unos tienen, a otros les falta. Toma y daca. Ven y verás. Todos podemos ayudar. Solidaridad. Diciembre, partitura musical. Músicos callejeros, música del comercio, conciertos de Navidad. Algunas personas tararean el  villancico familiar. Flores de Pascua, turrones y polvorones. Bolsas  y paquetes, regalos preparados con ilusión por pajes e infinidad de amigos invisibles. Carbón para muchos que tiznados ya están. Castañas asadas. Diciembre huele a hogar: Las comidas de la abuela, el plato típico del lugar. Los hogares se revisten de Navidad. Belenes grandes y pequeños, alguno monumental. Escenas de ayer, hoy y siempre, nos acercan hasta el humilde portal. Estrellas, sol y luna. Diciembre, navideño, invita a callejear. Las ciudades se engalanan acogiendo a cuantos se acercan a ellas. Surgen encuentros esperados e inesperados, grupos y corrillos de gente dicharachera, sin prisas, en compás de espera. Estiramos nuestro tiempo tejiendo con esmero guirnaldas con los colores de Navidad: Rojo, verde, plata y oro. La vida de familia nos recuerda una vez más  y,  a título personal, el de aquella entrañable película de Frank Capra ‘¡Qué bello es vivir!’… Callejear, caminar, pasear, deambular, zascandilear.

 

Artículo publicado hoy en La Opinión de Murcia

Buenos deseos

Saber agradecer es una asignatura nada complicada en la que siempre podemos subir nota pero con las prisas de la vida puede que la dejemos pendiente de un hilo fuera del entramado de la felicidad.

Antes y después de las vacaciones de verano recibí  dos correos llenos de buenos deseos, cada uno con su vídeo correspondiente.

Tras el descanso veraniego retomo los deberes cotidianos agradeciendo y compartiendo la ilusión de volver a intentarlo. Es como la música de fondo de nuestra vida.

Disfruten

Y sean felices