Lecciones aprendidas

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Saber o no saber es la cuestión que subraya cualitativamente nuestro modo de actuar. Iniciada la temporada de vacaciones de verano, las mochilas suelen ir cargadas de notas que perfilan el nivel alcanzado tras un curso de estudio. El aprovechamiento  del tiempo suele ser el quid de un buen resultado. El saber va ocupando el lugar que le dejamos y, en consecuencia, es de gran ayuda para ir situándonos en la vida a nivel profesional y, personalmente, en las distintas facetas de nuestra existencia porque es indispensable conocernos a nosotros mismos y cuanto nos rodea para saber a qué atenernos. Cierto que no somos perfectos y las limitaciones de unos y otros forman parte del anclaje vital, pero al menos podemos lograr una buena perspectiva para gestionar nuestra andadura de la mejor manera posible. Saber lo que queremos. Punto de partida y objetivos a conseguir. Calibrar medios y dificultades. Comenzar y recomenzar recorriendo con ilusión el itinerario trazado. No estamos solos, ‘arrieros somos y en el camino andamos’. Las relaciones humanas conforman nuestra personalidad. Conocer, querer, sufrir, perdonar, comprender, aprender, enseñar, corregir, ayudar, aconsejar, edificar, disfrutar. Buen bagaje para ser feliz, teniendo en cuenta que el entramado de la felicidad se  teje cada día con optimismo  a la luz de nuestros valores, contando con las caras y cruces de la vida. Todos cargamos en la nuestra un bagaje personal que va perfilando el nivel alcanzado. En este terreno, las vacaciones no existen porque serían un sinvivir. No obstante, todo tiene su tiempo oportuno y saber aprovecharlo es sacar el mejor partido en cualquier circunstancia que podamos encontrarnos. Apenas comenzadas las vacaciones, no son pocos los estudiantes que arrinconan los libros, algunos hasta olvidan las lecciones aprendidas sin base, mecánicamente, para los exámenes. Bastantes, aprovechan el verano para afianzar algún idioma, hacer deporte y participar en campamentos y convivencias que fomentan la amistad y educan en valores. Las actividades solidarias son un plus enriquecedor para todos. Las vacaciones en familia, el bien más preciado. Sin pausa y sin prisa, estar unos con otros, al tanto y  atentos en saber querer sin condiciones. El verano, como todos los veranos, se presenta caluroso, con planes que salen o no, con circunstancias diversas, esperadas o inesperadas, con problemas y soluciones en un mundo convulsionado por guerras, terrorismo, persecuciones, pobreza, miseria, desesperación. Gente que va y viene, personas sin hogar, campos de refugiados, pateras de muerte y esperanza. Políticos desnortados, incongruentes, incomprendidos. Corrupción por doquier. Oportunismo totalitarista. La vida misma que casi deja de sorprendernos al tiempo que nos da las mejores lecciones. Lecciones aprendidas que no deberíamos de olvidar porque la historia se repite. La toma de decisiones ni a tontas ni a locas y mucho menos a ciegas. No se dejen deslumbrar por el sol que más calienta.

Artículo publicado hoy en La Opinión de Murcia

 

A bocajarro

De improviso, inopinadamente, a quemarropa, brutalmente, sin rodeos… muerte, dolor, pánico, terror. La vida arrebatada de un zarpazo. Desolación, tristeza, incomprensión, rabia, locura, hedor. Lágrimas… llanto de impotencia y miedo; sollozos de pena, ternura, soledad, fraternidad. Búsqueda desesperada de los seres queridos. Encuentros… y encuentros. Vidas destrozadas literal y anímicamente. Desorientación. Almas en pena. Gritos, alaridos. Misericordia. Ayuda, abrazos, cobijo, regazo, consuelo, descanso. Todos somos víctimas del sinsentido del terrorismo, de la violencia exacerbada. Libertad, igualdad y fraternidad ante la barbarie. Unidad por un mundo en paz. No sé por qué (¿…?) he recordado el título del libro ‘La paz empieza nunca’ (Emilio Romero. Premio Planeta 1957). Curiosamente, el personaje central dice  que vivir resulta una aventura y que una buena parte de las vidas son aventuras apasionantes que no figuran en las Historias Universales, porque éstas son unos libros muy pequeños y bastante ingenuos…y habla de un náufrago que de repente, perdido todo, descubre algo que le lleva a luchar por salvarse… La paz empieza nunca podría ser el título de una buena novela y nada más, pero no podemos ser ingenuos, inmersos como estamos en esta que dicen tercera guerra mundial de  innumerables campos de batalla. Vidas truncadas, heroísmos inenarrables, náufragos que alzan sus brazos al mundo entero. Historias de amor y odio. Testimonios impresionantes de personas extraordinarias con capacidad para reconstruir su existencia aferrados a lo mejor que tienen, el recuerdo omnipresente de sus seres queridos asesinados a bocajarro, y el empeño por luchar y hacer felices a los que más quieren… Todos somos París y cualquier escenario de la barbarie. Y  rezamos aún sin saber rezar porque necesitamos hablar con el Dios de todos para que nos ayude y proteja, para decirle que no entendemos, para pedirle quizá que de una vez por todas, nos amemos. ‘El hermano ayudado por el hermano es tan fuerte como una ciudad amurallada’…donde no hay entrada para el odio. Libertad, igualdad, fraternidad bajo el cielo  de la ciudad de la luz. Nuevo atentados terroristas. Sigue la vida, con luces y sombras, tristezas y alegrías… El tiempo pasará… pero siempre nos quedará París…

Artículo publicado hoy en  La Opinión de Murcia

 

Callejear

 

Caminar, pasear, deambular, zascandilear. Ir sin rumbo fijo, disfrutando de la ciudad y su gente. Diciembre es el mes del año que invita de manera especial a vagar de aquí para allá, parece que todo el mundo está en la calle. El alumbrado navideño crea un entorno cuasi familiar que facilita la convivencia, vamos y venimos en un ambiente descomplicado y festivo. La vida sigue el curso de los acontecimientos sin desviar su ruta, somos nosotros los que nos detenemos deslumbrados quizás por la luz del Adviento, tiempo de confiada espera. A la luz también de la fe, conmueve la grandeza de un Dios que se anonada al alcance de su criatura y nace en un humilde portal. Noche de inmensa ternura. La Virgen y San José mecen su cuna. A la luz, tantas veces confusa, del mundo, guirnaldas de colores, ornato de plazas y calles, tiendas grandes y pequeñas, escaparates. La luna del cielo presume de estrellas, tras las lunas de los escaparates, las  estrellas de los regalos son los juguetes. El frio diciembre se caldea en cada hogar. Tiempo -como todos los tiempos- de volver a casa y estar en familia. Zambombas y pastores anteceden a la cabalgata real. ¡Ya vienen! ¡Ya llegan!… No, todavía tenemos que esperar. Calles alfombradas, surcadas por árboles de Navidad. Se oye algún que otro villancico, ensayo de fiesta escolar. En paseos principales, la muestra artesanal. Todo brilla en la ciudad. Unos vienen, otros van. Nadie se ha de encontrar solo. Una mirada, dos sonrisas, tres palabras, gestos de complicidad. Unos tienen, a otros les falta. Toma y daca. Ven y verás. Todos podemos ayudar. Solidaridad. Diciembre, partitura musical. Músicos callejeros, música del comercio, conciertos de Navidad. Algunas personas tararean el  villancico familiar. Flores de Pascua, turrones y polvorones. Bolsas  y paquetes, regalos preparados con ilusión por pajes e infinidad de amigos invisibles. Carbón para muchos que tiznados ya están. Castañas asadas. Diciembre huele a hogar: Las comidas de la abuela, el plato típico del lugar. Los hogares se revisten de Navidad. Belenes grandes y pequeños, alguno monumental. Escenas de ayer, hoy y siempre, nos acercan hasta el humilde portal. Estrellas, sol y luna. Diciembre, navideño, invita a callejear. Las ciudades se engalanan acogiendo a cuantos se acercan a ellas. Surgen encuentros esperados e inesperados, grupos y corrillos de gente dicharachera, sin prisas, en compás de espera. Estiramos nuestro tiempo tejiendo con esmero guirnaldas con los colores de Navidad: Rojo, verde, plata y oro. La vida de familia nos recuerda una vez más  y,  a título personal, el de aquella entrañable película de Frank Capra ‘¡Qué bello es vivir!’… Callejear, caminar, pasear, deambular, zascandilear.

 

Artículo publicado hoy en La Opinión de Murcia

Llamadas

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Llamadas hechas, recibidas, perdidas; cortas o extensas; superficiales, profundas; necesarias e innecesarias. A tiempo y a destiempo; con o fuera de cobertura. Esperadas y desesperadas. Llamadas a diestro y siniestro por doquier, oportunas e inoportunas… Necesitamos comunicarnos porque somos  seres sociables por naturaleza pero las nuevas tecnologías pueden convertirse en extrañas dictaduras de hipercomunicación. La paradoja es que mucha gente se siente sola. Del móvil de nuestra vida (aquello que nos motiva) podemos pasar casi sin darnos cuenta al móvil en nuestra vida (el teléfono o cualquier otro soporte electrónico que nos absorben por completo la atención y el interés). Si  alguien  nos preguntase  sobre nuestras relaciones de amistad, la mayoría responderíamos que preferimos unos cuantos amigos en el cuarto de estar de casa que esos cientos o miles que nos siguen en las redes sociales. El mejor predicador no suele ser en este caso  ‘fray ejemplo’, porque justo cuando vemos a gente que se aísla ante las pantallas o se comporta compulsivamente  con el  teclado, nos ‘conectamos’ casi de bruces a nuestra realidad. ¿Término medio?… La cuestión va mucho más allá y cada cual sabrá cómo atender sus llamadas personales. Este artículo quizá se convierta para algunos en llamada de atención pero me limito a exponer una realidad que se impone e irrumpe inoportuna en no pocos ámbitos. Ceremonias, conciertos, reuniones y un sinfín de actividades acusan melodías, timbres, campanas, marchas militares, voces y aplausos sin venir a cuento ni contar con nadie. ¿El sino de los tiempos o el a destiempo de la sinrazón? Por si acaso, al salir de casa pongo mi móvil en modo vibración, a costa de no enterarme puntualmente de quien me llama, de eso se encarga la memoria de este artilugio que cada vez nos presta más servicios ayudándonos a recorrer el mundo con esa especie de botas virtuales que nos acercan a unos y otros. El mundo ante nosotros y nosotros ante el mundo. Llamadas que tantas veces nos interpelan. Llamadas a las que nos gustaría saber responder. Llamadas que quisiéramos hacer. Llamadas que realizamos sin ni siquiera proponérnoslo. Llamadas inesperadas que nos llenan de tristeza o alegría. La cuestión es que vivimos conectados y  casi no podemos pasar sin ese ponernos las pilas sobre cuanto acontece. Creo que, por decirlo de algún modo, nuestro interés más noble es vivir con plenitud. Descubrir nuestra capacidad es tarea de una vida. La vida es un tesoro a custodiar entre todos. Cada cual responda a su llamada. A veces, no respondo a las del móvil porque al llevarlo en el bolso no me entero. Otras, por el contrario, lo guardo sin desbloquear y me llevo alguna que otra reprimenda pero también alegría cuando, sin motivo concreto, recibo la llamada de alguno de mis hijos porque, según dicen, les estaba llamando. Me pregunto: Las mujeres que abortan… ¿Escucharán algún día la llamada de sus hijos?… Creo que siempre.

 

Publicado article in La Opinión de Murcia

Don Álvaro

 

No hace mucho tiempo alguien me sugirió escribir algún artículo sobre Mons. Álvaro del Portillo. Respondí afirmativamente porque me cuesta decir no a cuanto puede servir para hacer el bien. Le comenté a una amiga a lo que me había comprometido sin pensarlo, es más le dije que ni siquiera le había visto nunca. Ella no dudó en prestarme una revista que guardaba como oro en paño ‘Don Álvaro, fidelidad día tras día’. Página tras página no dejaban de asombrarme la paz y serenidad que irradiaba el primer sucesor de San Josemaría. Cuando me encontré ante la fotografía del ahora santo Juan Pablo II abrazando a don Álvaro durante la audiencia con el entonces Papa, tras la solemne beatificación del Fundador del Opus Dei, me ocurrió algo similar -salvando años luz de distancia- lo que a San Pablo. Caí de bruces… y vi con inmensa claridad el espíritu del Opus Dei, porque yo estuve en Roma y presencié ese abrazo y  ¡claro que había conocido a don Álvaro! pero estaba pendiente del  Beato Josemaría que además me concedió el favor de encontrarme entre la multitud que asistió a la ceremonia, con cuatro de mis hermanos que era como intentar buscar la aguja en el pajar .’Que yo desaparezca porque la Obra es Tuya’. Con razón escribió el Fundador del Opus Dei: “Álvaro es un modelo, y el hijo mío que más ha trabajado y más ha sufrido por la Obra, y el que mejor ha sabido coger mi espíritu”. No sé si tendré que pedirle perdón o agradecerle esta magnífica lección sobre ser Opus Dei, además de su gran ayuda a San Josemaría para salvar tantas dificultades para que La Obra fuera realmente una ‘partecica’ de La Iglesia. Rubrica esta verdad la dedicatoria de su Fundador :’Para mi hijo Álvaro, que, por servir a Dios, ha tenido que torear tantos toros’. Me parece oportuno subrayar algunas de las iniciativas sociales y educativas llevadas a cabo por impulso del entonces Prelado del Opus Dei. El Papa Francisco ha dicho de él  que es “Un precioso ejemplo de vida”. Creo que ha entrado en el cielo como los buenos toreros salen de la plaza de toros… ¡POR LA PUERTA GRANDE!

 

 

 

La reacción de Vicente del Bosque al nacimiento de su hijo Álvaro, sindrome de Down

volver a nacer

 

En una entrevista en el Semanal a Vicente del Bosque, le hacen una pregunta: 

Cuando él nacio (se refiere a Álvaro su hijo) con sindrome de Down, usted se hizo tres preguntas.

La primera: ¿por qué me ha tocado a mí?

La segunda: ¿por qué me ha tocado a mí?

Y la tercera: ¿qué hubiera sido de nosotros sin él?

Fue así, es verdad. Y me lo sigo preguntado: ¿qué haríamos sin él? Las tres preguntas fueron casi seguidas e inmediatas recién nacido.

 

 

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