Callejear

 

Caminar, pasear, deambular, zascandilear. Ir sin rumbo fijo, disfrutando de la ciudad y su gente. Diciembre es el mes del año que invita de manera especial a vagar de aquí para allá, parece que todo el mundo está en la calle. El alumbrado navideño crea un entorno cuasi familiar que facilita la convivencia, vamos y venimos en un ambiente descomplicado y festivo. La vida sigue el curso de los acontecimientos sin desviar su ruta, somos nosotros los que nos detenemos deslumbrados quizás por la luz del Adviento, tiempo de confiada espera. A la luz también de la fe, conmueve la grandeza de un Dios que se anonada al alcance de su criatura y nace en un humilde portal. Noche de inmensa ternura. La Virgen y San José mecen su cuna. A la luz, tantas veces confusa, del mundo, guirnaldas de colores, ornato de plazas y calles, tiendas grandes y pequeñas, escaparates. La luna del cielo presume de estrellas, tras las lunas de los escaparates, las  estrellas de los regalos son los juguetes. El frio diciembre se caldea en cada hogar. Tiempo -como todos los tiempos- de volver a casa y estar en familia. Zambombas y pastores anteceden a la cabalgata real. ¡Ya vienen! ¡Ya llegan!… No, todavía tenemos que esperar. Calles alfombradas, surcadas por árboles de Navidad. Se oye algún que otro villancico, ensayo de fiesta escolar. En paseos principales, la muestra artesanal. Todo brilla en la ciudad. Unos vienen, otros van. Nadie se ha de encontrar solo. Una mirada, dos sonrisas, tres palabras, gestos de complicidad. Unos tienen, a otros les falta. Toma y daca. Ven y verás. Todos podemos ayudar. Solidaridad. Diciembre, partitura musical. Músicos callejeros, música del comercio, conciertos de Navidad. Algunas personas tararean el  villancico familiar. Flores de Pascua, turrones y polvorones. Bolsas  y paquetes, regalos preparados con ilusión por pajes e infinidad de amigos invisibles. Carbón para muchos que tiznados ya están. Castañas asadas. Diciembre huele a hogar: Las comidas de la abuela, el plato típico del lugar. Los hogares se revisten de Navidad. Belenes grandes y pequeños, alguno monumental. Escenas de ayer, hoy y siempre, nos acercan hasta el humilde portal. Estrellas, sol y luna. Diciembre, navideño, invita a callejear. Las ciudades se engalanan acogiendo a cuantos se acercan a ellas. Surgen encuentros esperados e inesperados, grupos y corrillos de gente dicharachera, sin prisas, en compás de espera. Estiramos nuestro tiempo tejiendo con esmero guirnaldas con los colores de Navidad: Rojo, verde, plata y oro. La vida de familia nos recuerda una vez más  y,  a título personal, el de aquella entrañable película de Frank Capra ‘¡Qué bello es vivir!’… Callejear, caminar, pasear, deambular, zascandilear.

 

Artículo publicado hoy en La Opinión de Murcia

Temporales

 

 

Uno tras otro se han sucedido casi sin tregua a lo largo de este invierno, dejando  en muchos lugares una huella imborrable. La Naturaleza no sabe de perdones pero muestra con amplitud las posibles consecuencias del calentamiento global. Nuestra esperanza se fundamenta en la calma que sigue a toda tempestad para intentar reparar  lo que no siempre es reparable porque el paisaje puede cambiar hasta ser irreconocible  pero si muere alguien no hay cambio posible. Cada vida es única.

Temporales se suceden, uno tras otro -también sin tregua- en las relaciones humanas, prácticamente las arrasan, dejando en muchas personas una triste huella. Pedir perdón y saber perdonar es directamente proporcional a nuestra capacidad de querer, sorteando toda una carrera de obstáculos que se agigantan cuando faltando a la objetividad  damos vueltas y vueltas a los problemas en vez de tratar de solucionarlos. ‘La sociedad y la familia se parecen al arco de un palacio: quitas una piedra y todo se derrumba’ (Talmud).  Impresionante como arrancaban en Kiev los adoquines del suelo para lanzarlos a la destrucción. La eterna lucha entre hermanos desunidos por la orfandad de intereses comunes. Temporales de violencia que la encumbran a un destructivo poder donde rige la ley del más fuerte en detrimento de los más débiles y desamparados. Guerras y guerrillas que ignoran y desprecian la dignidad humana. Temporales de corrupción y abuso de poder hasta límites insospechados ante la indiferencia de unos, el reproche y desprecio de otros o la mirada suplicante de los más necesitados. Y después; olvido, desidia, protesta inoperante, ausencia de compromiso… y la calma necesaria para edificar sobre cimientos firmes en medio de tan grave miseria. Temporales de palabras que hay que hacer vida. Como dice el Papa Francisco: ‘Salir hacia los demás para llegar a las periferias humanas no implica correr hacia el mundo sin rumbo ni sentido. Muchas veces es más bien detener el paso, dejar de lado la ansiedad para mirar a los ojos y escuchar, o renunciar a las urgencias para acompañar al que se quedó en el camino. A veces es como el padre del hijo pródigo, que se queda con las puertas abiertas para que, cuando regrese, pueda entrar sin dificultad’. Temporales que seguramente cada uno capeará a su manera pero seguro que nadie se quedará a cubierto mientras la indigencia llama a su puerta. Tan lejos, tan cerca.

ARTÍCULO PUBLICADO HOY EN LA OPINIÓN DE MURCIA

Trajinando

 

Vivimos un tiempo de esperanza ante el gran acontecer de Navidad. Año tras año, nos acercamos, cautelosos, hasta el portal de Belén. Contemplamos al Niño Dios: se deja querer por todos, casi me atrevería a decir que, por cada uno, a su manera. Los ángeles cantan, los pastores bailan y le llevan lo que tienen en sus casas. Los Reyes Magos, le adoran y ofrecen oro, incienso y mirra. Nosotros, nos encontramos medio deslumbrados por las luces que adornan pueblos y ciudades, y corremos mucho. Parece que siempre tenemos prisa y vamos de aquí para allá –trajinando-, preparando La Navidad. Compras de primera y última hora, llamadas de teléfono, conversaciones por WhatsApp y Skype. El Belén, el árbol y las flores de pascua, nos ayudan a ambientar nuestros hogares para celebrar en familia esta fiesta tan especial. Volver a casa, reunirnos con quienes más queremos, sin necesidad de grandes fastos. Lo importante es quererse. ‘José mira María, María mira a José. El Niño mira a los dos, y se sonríen los tres’. En el portal de Belén también hay estrellas, sol y luna. Será para iluminar más, si es que se puede, lo que es una familia; lo que representará el hogar de Nazaret en nuestras vidas. Seguimos trajinando y ni nos enteramos. Vivimos como si Dios estuviera allá lejos, en las estrellas, y descuidamos adecentar el pesebre de nuestro corazón. No me olvido del buey y la mula, animales al fin y al cabo, no deben oler demasiado bien pero dan calor. Suele hacer frío por esta época. Hay mucha gente que padece necesidad y mucha gente empeñada en ayudar. Queremos mejorar, queremos ser buenos pero, una y otra vez, renqueamos.  Tenemos preocupaciones que adquieren otra perspectiva cuando administramos mejor el afán de cada día, porque, muchas veces, nos acaloramos antes de tiempo y ocurre que casi todo tiene solución. Nosotros y nuestros líos, merodeando por el portal. El Niño Dios sonríe, casi invitándonos a jugar. Sí, a descomplicarnos y vuelta a empezar. ‘Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad’. El mundo parece girar fuera de sí y andamos un poco locos tratando de poner las cosas en su sitio. Creemos que todo depende de nosotros y ahí está el error. No somos los que hacemos el Belén, lo hace Dios. ’Yo quisiera llevar al portal, algún presente que te agrade Señor’. No sé qué trajín llevo con el teclado del portátil. Y vuelvo a teclear: N-A-V-I-D-A-D.

Pobreza

 Se está apoderando de nosotros a pasos agigantados. Extraña paradoja la de este enriquecimiento a causa de una extrema indigencia, de valores, generadora de tantas y tan tristes carencias. La cuestión de ser o tener viene amordazada por mil inconvenientes que tiran por la borda proyectos que en otra andadura habrían creado puestos de trabajo y conseguido, si no riqueza, una subsistencia digna. Ante nuestros ojos, un desfile interminable de abusos de poder y despilfarro. Ni siquiera es necesario acusar a nadie porque los hechos más escandalosos aparecen firmados con la misma rúbrica: ‘aquí no ha pasado nada’. Esperemos que la justicia haga honor a su nombre, urge dar y exigir a cada uno lo suyo. Son muchas las medidas a tomar aunque  difieren las varas de medir. A pie de calle, la cosa cambia pero también se detectan abusos como el  trapicheo con la pobreza, haciendo negocio de la mendicidad. Mucha gente de buena voluntad no sabe a qué atenerse, la decisión se hace a veces difícil. ¿Quién es el auténtico pobre?… Todos acumulamos carencias (otra paradoja), de una u otra clase, pero nadie debería tenerlas de las necesidades básicas para vivir. Quizá si, realmente, cada uno aportase su  granito o montaña de arena, las cosas pintarían mejor. Al regresar esta noche a casa, contemplé un cuadro de gran belleza y al mismo tiempo, estremecedor. Desde cierta distancia vi como un hombre joven estaba inclinado, rebuscando entre unas cajas de cartón esparcidas junto a un contenedor de basura. Noté que bajo su amparo algo se movía tímidamente: un  niño. Padre e hijo juntos que, al no encontrar nada, siguieron su camino, sin mediar palabra pero, si cabe, mucho más unidos. También yo, seguí el mío… rota y afianzada en mis convicciones; triste y alegre; en silencio y con ganas de gritar a los cuatro vientos. Por supuesto que recé por ellos, claro que recé a esos ángeles de la guarda que, últimamente, parecen andar algo despistados. Lloré por dentro y sonreí a la vida, al tiempo que le echaba una buena regañina por consentir lo que nunca tendría que haber ocurrido. También hice algunos propósitos ‘personales y sociales’ para paliar toda clase de pobreza. Seguí mi camino, seguro que tarareando alguna que otra  vieja canción. La auténtica novedad había sido contemplar en ese padre y su hijo, lo más genuino de las relaciones humanas, con una carga tremenda de cariño, respeto, confianza, ternura, elegancia, fortaleza, serenidad… sin paradojas: auténtica riqueza.

Artículo publicado hoy en La Tribuna de Albacete

Disculpen

Disculpen por suponer que –tras las noticias sobre tanto escándalo financiero- deben pensar como la que subscribe: ’Esto tiene muy mala pinta’. A grandes trazos, demasiados borrones de difícil aclaración, mientras se suceden, una tras otra y de manera simultánea, historias desgarradoras cuyos protagonistas son cada vez más de nuestro entorno familiar, vecinos y amigos. Tomar perspectiva es difícil porque hemos llegado a una situación insostenible y la confianza en la recuperación resulta utópica. Nos guste o no, estamos escribiendo parte de los renglones torcidos de nuestra historia pero también en cada página existen espacios en blanco, márgenes en espera de las mejores anotaciones. Disculpen por suponer…  vuelvo a reincidir y creo que no queremos –ni debemos- dejarnos llevar por un pesimismo exagerado. La cosa pinta mal pero quizá podamos darle otro cariz imitando –en nuestras circunstancias personales- al genial Picasso: ‘Yo pinto las cosas no como las veo, sino como las pienso’. La crisis ha tocado fondo. Aprovechar para profundizar. Pensar y hacer. ‘La única forma de regenerar el mundo es que cada uno cumpla el deber que le corresponda’ (Charles Kingsley). Los deberes sin motivación pasan a ser una pesada carga, sin embargo la respuesta personal y colectiva traspasa la mera obligación. El precio justo –en la vida real- se ha quedado en amarga ironía. Creer es crear, idear, emprender. El futuro siempre tiene un mañana esperanzador. Disculpen por suponer nada pero necesitaba de su apoyo para edificar algo. No son palabras expuestas a que se las lleve cualquier viento porque ahora  hay que ir contracorriente. Estudio y trabajo. Innovación y empeño. Aprender de pequeños y grandes emprendedores. Parece un contrasentido pero no podemos quedarnos parados sin más ni conformarnos con millones de personas en paro. Incentivar la creación de empleo, atajar el fraude y la multiplicidad de funciones en la Administración Pública. Disculpen pero ya está bien de despilfarrar capital humano y dinero público. No es suponer, a las pruebas me remito. Cargos y cargas se reparten directa e indirectamente según la responsabilidad de cada cual pero no vale lavarse las manos. La marea ha subido demasiado y no se puede prescindir de ningún granito de arena para regenerar la playa. Tiempo revuelto e inestable, las tormentas no deben amedrentarnos, sabemos que nunca llueve a gusto de todos. Disculpen… pero creo en una nueva primavera.

Medidas

El Fondo Monetario Internacional respalda las nuevas medidas del Gobierno al tiempo que desde diversos ámbitos de nuestra sociedad son duramente criticadas. Con más de seis millones de parados son  consideradas una pobre respuesta. Por lo visto cada uno aplica una vara de medir, interpretando -con más o menos acierto (ya se verá en su día)- el Sistema Métrico Decimal. Sin auténtico peso y medida es difícil dar la talla. No hay  palabras para aclarar tantas cuentas que carecen de solución como tampoco son suficientes las pocas y conformistas medidas tomadas. Analistas económicos señalan que es muy triste que el Gobierno se conforme con que el paro siga en el 25% hasta 2016. Pactado con Bruselas o no, los impuestos parece que no suben y suben, mientras la reforma de la administración parece estar en un incomprensible compás de espera. Total que el nuevo paquete de medidas aprobado, está envuelto con opiniones que transmiten estupor, solidaridad y sorpresa. Austeridad y pobreza quedan engarzadas por un sinfín de interrogantes de difícil respuesta. Familia y economía sumergida se han convertido en  auténticos salvavidas. El ‘uno a uno’ se desglosa en historias tristes de final dudoso, ojalá feliz. Navegar por la Red es encontrarse con muchos barcos a la deriva. Proyectos truncados, ilusiones rotas. La esperanza y la desesperación se alían en medio de la crisis con un plan de reformas conservador que sitúa a lo lejos, en la punta del iceberg, la creación de empleo. Son muchos los parados que no paran, esta es la paradoja, su constante busca de empleo. Crear empleo ayuda a creer y crecer. La disminución generalizada de nuestra actividad económica es recesión. Medidas, vara de medir, talla… Sistema Métrico Decimal… Anti sistema. Trajes a medida, vestir el cargo, repartir responsabilidades, compartir, ayudar, exigir, gobernar. Demasiadas expectativas acaban en desencanto. Mucho por hacer y poco trabajo. Cuentas y cuentos. Historias que quitan el sueño y sueños que hacen historia. ¿Nos quedaremos como estábamos o vamos a notar el cambio? ¿Peor? ¿Mejor?… Noticias  en euros y pesetas. Cuentas que no cuadran. Cuadros que ni cuento. Poder es querer. Y queremos salir adelante, el esfuerzo necesario es el de todos y  cada uno. Esfuerzo y agradecimiento personal. Nadie debe quedar fuera de juego. Necesitamos políticos de altura, que den la talla sea cual sea la vara de medir.

Artículo publicado hoy en La Tribuna de Albacete

Políticos a examen

No sé si de coherencia  o de conciencia que examina –valga la redundancia- todos los porqués teniendo un modelo a seguir y un itinerario o guía de actuación. La clase política actual ha hecho trizas la Campana de Gauss de una evaluación normal. Los parámetros se han disparado destacando como término medio el pelotón de los demasiado listos. Aplaudí a Ana Botella cuando subrayaba como algo fundamental que los jóvenes  adquiriesen una formación sólida al margen de la militancia en cualquier partido político que secundaran, a fin de evitar carreras sin fondo que no llegan a ninguna parte del bien común y entorpecen el personal. No sé si unos exámenes de refuerzo podrán salvar a la clase política de la gran desconfianza que ha generado. El temario no es que sea difícil sino que está siendo vulnerado con total impunidad llegando a extremos realmente vergonzosos en pro del poderoso caballero Don Dinero, señor de prebendas escandalosas. Si la más elemental definición de justicia –dar a cada uno lo suyo- se ignora, mal vamos. No es cuestión de venganzas ni de provocar altercados sociales que lo único que hacen es enredarlo todo mucho más sino  que La Ley sea nuestro garante. De nuevo se cumple la sentencia ‘las dictaduras de ahora son peores que las de antes’. Parece mentira el nivel de corrupción  alcanzado en nuestro país. La democracia se ha tornado en un caleidoscópico juego de transparencias donde nadie ni nada es lo que aparenta con el agravante de esconder las culpas propias agrandando o inventando las ajenas. ¡Cómo está el percal! Por mucho que queramos ya no podemos cerrar los ojos, taparnos los oídos, callar y no hacer nada. Lo peor es que, aparte de ser difícil saber a qué atenerse, seguro que siguen pagando justos por pecadores sin escrúpulos, ante la desconfianza generada por la clase política. ¿Qué está pasando en España? La propagación masiva del mal de la corrupción amenaza con tambalear la estabilidad de nuestra democracia. Varapalo a un país, sobrecargado de impuestos que pretendía salir de la crisis y casi sin previo aviso se encuentra enfangado por el progresivo abuso de personas sin un ápice de ética. “La corrupción es un complejo fenómeno social, político y económico que afecta a todos los países del mundo. En diferentes contextos, la corrupción perjudica a las instituciones democráticas, desacelera el desarrollo económico y contribuye para la inestabilidad política”. Ya va siendo hora de poner punto final a esta situación.

Artículo publicado hoy en La Opinión de Murcia