Pendientes

 

Ella decía que no le gustaba llevar  pendientes y sólo se los ponía de vez en cuando, pero un día que tenía interés en ir más arreglada, comprobó que se habían cerrado los agujeros de sus orejas y no dudó en ir cuánto antes a hacérselos de nuevo…historias. Querer y no querer. Porque sí o por si acaso. Con gusto o a disgusto. Disyuntivas banales cuando se trata de escoger una opción u otra en asuntos más o menos superficiales. La cuestión cambia de cariz cuando se trata de algo fundamental y nos quedamos pendientes de un hilo porque no estamos acostumbrados a tomar decisiones firmes. ‘El sí pero no’ o el ‘no dependiendo de’ es  un  toma y daca habitual que nos ayuda a resolver con cierta diplomacia  cuestiones que pueden desviarnos de nuestro camino o afianzarnos en la ruta a seguir. Ser o no ser es causa pendiente de todos y cada uno. La cuestión no se resuelve tapando o abriendo agujeros. Va más allá de querer resolverlo todo en un santiamén. No. Somos humanos y fallamos. Lo normal es tener casi siempre algo pendiente, pero ir amontonando asuntos por resolver es elegir el camino a ninguna parte. La vida misma, parece empeñada en atraer nuestra atención hacia lo que realmente importa, nos enseña con lecciones, muchas veces magistrales, a estar pendientes de ella, de cada persona, de la familia, sus derechos y deberes. No son pocas las asignaturas en las que nuestra sociedad necesita sacar al menos la nota de corte para superar carencias que desdicen del mismísimo concepto de humanidad (Capacidad para sentir afecto, comprensión y solidaridad hacia las demás personas). Por supuesto que la esperanza es lo último que se pierde, sobre todo si nos empeñamos en mantenerla estando pendientes unos de otros. Uno a uno, somos imprescindibles. Nuestro quehacer en la vida es personal e intransferible, a no ser que no nos importe dejar espacios en blanco, vacíos de existencia. Ser y  en especial ser para los demás es el fundamento de la felicidad. Dejarla pendiente del endeble hilo de nuestro yo conduce a la frustración. Gracias a Dios somos iguales y variopintos a un tiempo. Conocer a los demás y conocernos a nosotros mismos es una garantía para la buena comunicación. Cada uno es como es y tiene lo que tiene. La aceptación es el primer paso para acoger, comprender y querer. Y, por supuesto, fundamento para emprender con éxito. La vida no deja de ser una aventura. Arrieros somos, y en el camino nos encontramos con personas excepcionales que nos hacen ver cuánto tenemos pendiente por agradecer. Conozco a un chico joven  que, a pesar de tener una limitación importante para mover las manos, se defiende con destreza vendiendo cupones de la ONCE. Siempre está de buen ánimo. Un día me acerqué a comprarle. Mientras me atendía le pregunté qué le había sucedido y me respondió que fue a causa del parto. Le dije una verdad: -Pero…es guapico. Me sonrió y dijo: ‘-No me cambio por nadie. Dios lo ha querido así, bendito sea’…Sonreí y dije: ‘Que Dios le bendiga’…

Artículo publicado en la Tribuna de Albacete

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Lecciones aprendidas

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Saber o no saber es la cuestión que subraya cualitativamente nuestro modo de actuar. Iniciada la temporada de vacaciones de verano, las mochilas suelen ir cargadas de notas que perfilan el nivel alcanzado tras un curso de estudio. El aprovechamiento  del tiempo suele ser el quid de un buen resultado. El saber va ocupando el lugar que le dejamos y, en consecuencia, es de gran ayuda para ir situándonos en la vida a nivel profesional y, personalmente, en las distintas facetas de nuestra existencia porque es indispensable conocernos a nosotros mismos y cuanto nos rodea para saber a qué atenernos. Cierto que no somos perfectos y las limitaciones de unos y otros forman parte del anclaje vital, pero al menos podemos lograr una buena perspectiva para gestionar nuestra andadura de la mejor manera posible. Saber lo que queremos. Punto de partida y objetivos a conseguir. Calibrar medios y dificultades. Comenzar y recomenzar recorriendo con ilusión el itinerario trazado. No estamos solos, ‘arrieros somos y en el camino andamos’. Las relaciones humanas conforman nuestra personalidad. Conocer, querer, sufrir, perdonar, comprender, aprender, enseñar, corregir, ayudar, aconsejar, edificar, disfrutar. Buen bagaje para ser feliz, teniendo en cuenta que el entramado de la felicidad se  teje cada día con optimismo  a la luz de nuestros valores, contando con las caras y cruces de la vida. Todos cargamos en la nuestra un bagaje personal que va perfilando el nivel alcanzado. En este terreno, las vacaciones no existen porque serían un sinvivir. No obstante, todo tiene su tiempo oportuno y saber aprovecharlo es sacar el mejor partido en cualquier circunstancia que podamos encontrarnos. Apenas comenzadas las vacaciones, no son pocos los estudiantes que arrinconan los libros, algunos hasta olvidan las lecciones aprendidas sin base, mecánicamente, para los exámenes. Bastantes, aprovechan el verano para afianzar algún idioma, hacer deporte y participar en campamentos y convivencias que fomentan la amistad y educan en valores. Las actividades solidarias son un plus enriquecedor para todos. Las vacaciones en familia, el bien más preciado. Sin pausa y sin prisa, estar unos con otros, al tanto y  atentos en saber querer sin condiciones. El verano, como todos los veranos, se presenta caluroso, con planes que salen o no, con circunstancias diversas, esperadas o inesperadas, con problemas y soluciones en un mundo convulsionado por guerras, terrorismo, persecuciones, pobreza, miseria, desesperación. Gente que va y viene, personas sin hogar, campos de refugiados, pateras de muerte y esperanza. Políticos desnortados, incongruentes, incomprendidos. Corrupción por doquier. Oportunismo totalitarista. La vida misma que casi deja de sorprendernos al tiempo que nos da las mejores lecciones. Lecciones aprendidas que no deberíamos de olvidar porque la historia se repite. La toma de decisiones ni a tontas ni a locas y mucho menos a ciegas. No se dejen deslumbrar por el sol que más calienta.

Artículo publicado hoy en La Opinión de Murcia

 

Llamadas, chats, contactos

 

De la ‘A’  a  la  ‘ Z’, por nombres, apellidos, apelativos familiares y un sinfín de posibilidades, guardamos en nuestros móviles una amplísima agenda de contactos con los que conectamos una y otra vez, casi por arte de magia, sin importar las circunstancias y localización de cada cual porque los teléfonos tienen memoria y alarmas para advertir o avisar de seres y aconteceres. Tenemos en nuestras manos una fantástica herramienta de comunicación… si la sabemos utilizar. Parodiando el inicio del soneto burlesco de Quevedo, ‘Érase un hombre a una nariz pegado’… Érase una persona, millones de personas, pegadas a un móvil como si fuera un apéndice de su mano, incluso de su vida. Llamadas, chats, contactos, fotografías, vídeos, selfies, música e infinidad de sonidos que interrumpen por doquier sin querer, sin deber, sin parar. De un modo u otro, todos  estamos movilizados e inmovilizados a un tiempo. El mundo en nuestra pequeña pantalla y nosotros, tantas veces, fuera de cobertura porque no es lo mismo un emoticono, más o menos sabio que expresa hasta lo inexplicable, que la presencia de un familiar, un amigo, vecino, compañero de trabajo o de las penas y fatigas de la vida. Ni siempre ni nunca pero sí con frecuencia necesitamos estar con quiénes más queremos. Cuántos buenos e inolvidables raticos pasados juntos, donde se habla de todo y de nada, pero estamos pendientes unos de otros. Miradas, sonrisas, complicidad, confianza, voces y susurros, besos, ternura, diálogos, canciones, silencios, lágrimas, recuerdos, proyectos… la vida misma, nosotros mismos, la cadencia del acontecer en las distintas etapas y circunstancias de nuestra existencia. Mientras escribo este artículo  mi marido me ha enviado varias fotografías típicas de Las Fiestas de Primavera, bueno lo ha hecho a uno de los grupos familiares que tenemos, y los Whatsapp han circulado con fluidez. Han llamado por teléfono tres de mis hijos, desde diferentes puntos de nuestra geografía. Unos pendientes de otros, sí, pero en realidad, aunque sea circunstancial, estoy sola en casa. No creo que vengan los ladrones, sin embargo necesito que alguien robe este silencio que se me figura denso de más… y vuelve a sonar el móvil, otro hijo que llama, y hablamos, al tiempo oigo la llave… ya empiezan a venir, ni todos ni siempre, pero cada rincón de casa parece recobrar su sentido. Es hora de cenar. Enchufo el móvil para no quedarme sin batería, espero varias llamadas y tengo que enviar algún que otro mensaje. Tiempo al tiempo, pero no hay nada como disfrutarlo junto a quienes queremos.

Artículo publicado hoy en  La Opinión de Murcia

El discurso

 讲话例证漫-人物的政客-51824618‘Exposición oral sobre un asunto determinado, pronunciada ante un público a fin de convencerlo o conmoverlo  en especial en un acto solemne o político’.  La preparación del discurso de investidura por parte de Pedro Sánchez y su equipo, no creo que haya sido tarea fácil cuando las cuentas (habidas y por haber) no acaban de cuadrar, y el público a convencer es tan amplio como diverso. Han malgastado demasiadas palabras en rechazar e incluso despreciar al partido que más votos cosechó en las elecciones generales, siendo su líder objeto de una inquina fuera de contexto de lo que siempre hemos entendido por buenas maneras. Y así, no. ‘Las eventuales contingencias que predisponen al auditorio y ora allanan los designios del discurso, ora lo dificultan, deben trazarle al orador su plan; el comienzo, el despliegue y el término de su arenga (…). No bastan voces rotundas y ademanes vistosos para disimular la vaciedad é incoherencia de las ideas…’ (Antonio Maura y Montaner).  Ante una audiencia entendida o no, aburrida y tensa, hastiada de corrupción y falsas apariencias, un discurso  que no sea coherente y rotundo, puede caer fácilmente en el saco un tanto agrietado de nuestra democracia. ¿Qué será, será?… Seguimos sin ser adivinos y lo que es peor, no sabemos  a qué árbol  podremos  arrimarnos, por aquello de la buena sombra que cobije el bien común. Nunca entenderé a los gobiernos que por sistema, tiran patas arriba los logros alcanzados por sus antecesores por el mero hecho de pertenecer a otro partido. Creo que el progreso es tarea de todos y cada uno de nosotros al margen de ideologías políticas, y tenemos que aprender  a  respetar para consolidar lo conseguido y  así  crecer sin anclarnos en el país de nunca jamás. No sé si habrá ganancia de pescadores en este río revuelto de políticos ausentes, silenciosos,  oportunistas, prepotentes, populistas, corruptos… y quiero pensar  también en inteligentes  eficaces y coherentes. La posible expectación ante el discurso de investidura  exige  claridad del mensaje y solidez argumental. A veces, los avatares del destino nos pueden llevar a situaciones impredecibles. Cuando escribo este artículo el panorama político es de total incertidumbre. Me viene a la memoria, la excepcional película  ‘El discurso del rey’ en la que junto a la evocación histórica, la magistral interpretación de los personajes, pone de relieve el esfuerzo y la responsabilidad personal en la toma de decisiones y la nitidez de la auténtica grandeza en la lucha cuasi titánica por servir al bien común. Amor, familia, amistad, profesionalidad y toda una serie de circunstancias, favorables y desfavorables, que subrayan la necesidad de trabajar en equipo y la soledad, aún en buena compañía, de quien ha de reinar. Creo que por parte de nuestros políticos, no estaría de más un examen de coherencia que a buen seguro ya ha hecho el ciudadano de a pié… pero este es otro discurso.

Artículo publicado hoy en La Opinión de Murcia

Con papel de regalo

 

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De cuando en cuando, la vida nos regala pequeñas y grandes historias que nos gusta guardar con especial papel de regalo para poder desenvolverlas, una y otra vez, y disfrutar de su contenido.  Gracias a Dios, nuestro entorno ofrece, en el diario acontecer, tesoros  que no están escondidos  pero  para  descubrirlos es indispensable, como decía un buen profesor: ‘Saber mirar, saber escuchar, saber pensar, saber expresar aquello que hemos mirado, escuchado y pensado’.  Con frecuencia, vamos y venimos de un sitio a otro, casi atropelladamente y así es poco probable que nos demos cuenta de cuanto acontece a nuestro alrededor. Comienzo a desenvolver con cuidado algunos de estos regalos, envolviéndolos a la vez con el papel de este periódico, la Opinión de Murcia, para que lleguen puntualmente a su destino. Siempre llama mi atención esos pequeños  y  grandes tesoros familiares. Me encontraba en la cola de una  caja de supermercado  cuando descubrí a una joven familia haciendo lo mismo en otra. La madre, estaba pendiente del bebé que llevaba en un cochecito pero no dejaba de sonreír contemplando embobada  a su marido y al niño mayor (no creo pasara de cinco años), enfrascados por lo visto en una interesante conversación. Me dejé llevar por la curiosidad  y  ,con poco disimulo, me acerqué a ellos. El niño llevaba pegada en la parte delantera de su cazadora, grandes  etiquetas que  seguramente su padre le había puesto para entretenerlo y llamarlo al orden durante la compra. Divertido, hablaba a su hijo que no dejaba de mirarle con los ojos abiertos como platos. Más o menos, le decía: –‘Prepárate que ahora la cajera te cogerá así (lo tomaba tumbado boca abajo), y te pasará por esa cinta donde pasan todas las cosas que se compran aquí’…-‘Ya verás la sorpresa que se va a llevar cuando descubra lo que vales… ¡no puede ni imaginarlo!’… Mientras el matrimonio  y  su hijo ‘mayor’ sonreían felices, me apresuré a envolver el regalo con especial ternura. Otro pequeño tesoro lo descubrí medio enredado en La Red, en el portal de una vivienda invadido por unas cuantas adolescentes absortas con sus móviles hasta que una de ellas exclamó: -‘¡Qué gracioso mi padre!…escribiendo…escribiendo…escribiendo… para decirme: -‘Vale’… envolví la historia con el esmero con que tanto buenos padres educan a sus hijos queriéndoles por encima de todo… ¡Vale!… Enlazando… Cómo los hijos aprenden a valorar  y  a querer a sus padres, tanto… que cuando faltan, se emocionan al hablar de ellos, reconociendo cuánto les echan de menos… Como hizo  Alejandro Sanz  en el último programa ‘¿En tu casa o en la mía?’ de Bertín Osborne: ‘Se lleva mal los primeros… cien años’… La vida, la familia…Con el mejor papel de regalo.

Artículo publicado hoy en La Opinión de Murcia

Tiempo de espera

Resulta paradójico que un mundo dominado por la prisa  esté marcado por innumerables tiempos de espera. Nacer, vivir y morir, trilogía  que comprende nuestra existencia. Llegamos a la luz del mundo, tras los meses de gestación de nuestra madre. Espera gozosa y gozo esperanzado. Redundancia de una ilusión que se repite en su novedad ante el misterio de la vida. Día tras día, casi en un abrir y cerrar de ojos, nos vemos envueltos en esa vorágine que nos lleva de acá para allá en un sinfín de situaciones que tendremos que aprender a afrontar siguiendo el curso del tiempo sí, pero tomándonos el nuestro con sus esperas para ir completando cabalmente el puzle de la existencia. Tiempo para aprender y tiempo para emprender. Vivir no tiene demora. La vida es un tiempo de espera que no cesa de sorprendernos y  puede desesperarnos si obviamos dar tiempo al tiempo. Son ajustes personales, prisa y cadencia, que tenemos que ir haciendo o  deshaciendo según convenga. Esperamos el amanecer y el anochecer, que llueva y que salga el sol, Esperamos un hijo, a un amigo, a un compañero de trabajo. Esperamos reír o llorar, perder o ganar. Esperamos que nos toque la lotería y todos los premios posibles. Esperamos trabajar, distraernos, disfrutar, viajar. Ir y venir, entrar, salir, escapar, regresar. Esperamos la nota de un examen o evaluación, la de unas oposiciones… Esperamos dar y recibir lo mejor. El mundo está repleto de salas de espera y  gente que quizás no sabe esperar. Sin prisa, sin pausa. Tiempos perdidos y tiempos de gozosa  espera. Importante saber a qué atenernos y también, saber prescindir de certezas innecesarias. Soñar como los enamorados con la ilusión que lo envuelve todo en un dulce compás de espera. Sembrar sin querer arrancar lo sembrado cuando todavía no es tiempo de cosecha. Dejar crecer a las personas, por dentro y por fuera, desarrollar y madurar las ideas, realizar acabadamente nuestro trabajo. La vida no sabe de prisas pero no se detiene. Somos nosotros los que corremos, muchas veces, hacia ninguna parte. Un sinvivir salpicado de porqués y para qué. Tomar y dejar, recibir, compartir. La vida, otra vez y siempre, es una inmensa sala de espera dónde quizás dejemos pasar el tiempo viendo lo que hacen los demás, hojeando revistas de no sé qué corazones, hablando por hablar o interesándonos sinceramente por la vida de los demás. Hay que coger turno para casi todo, saber aguardar pacientemente y no dejar pasar nuestra oportunidad. Tiempo de espera. Nacer, vivir, morir…

Artículo publicado hoy en La Opinión de Murcia

Regresar

Etimológicamente hablando, regresar es volver al lugar de donde se partió, pero la realidad multiplica por infinito el significado de este verbo, expresando acciones, procesos, estados o existencia que nos afecta de diversas maneras. Septiembre es por excelencia un mes de vuelta a casa, al trabajo, a la rutina de cada día. El ir y venir de unos y otros es la tónica general de la época estival. Las ciudades, casi desiertas, son invadidas literalmente por multitud de vagabundos que campan a sus anchas por doquier. La mendicidad, cada vez más extendida, se convierte en un problema difícil de resolver para el viandante de turno por la imposibilidad de dar algo digno a los diez o más mendigos con que se encuentra cada día. Curiosamente, los de siempre, suelen dar la bienvenida a sus protectores. Un euro, dos euros… necesidad y otros intereses confunden al personal. Ni siempre ni nunca. Saber a qué atenerse y por supuesto colaborar con Caritas, Jesús Abandonado y las diversas asociaciones que en verdad ayudan a quienes más lo necesitan. El candente y  gravísimo problema  de los refugiados nos atañe a todos aunque sean los gobiernos de los distintos países los que tienen que atajar esta crisis humanitaria. El regreso a un futuro digno de miles de personas nos exige también una respuesta personal aunque sea un granito de arena desapercibido en la inmensidad pero necesario. El verano, como todos los veranos, está llegando a su fin. El adiós a las vacaciones es inminente.  Regresamos todos, también los que por una causa u otra, apenas nos hemos movido de casa. La cuestión es sencilla. La vida sigue, es como un tren en marcha del que nadie debe apearse. Es bueno revisar el equipaje y comprobar nuestro destino. No importa si vamos en preferente o en clase turista. Cambian  necesidades y circunstancias pero nosotros seguimos siendo los mismos. En el recorrido, familia, vecinos, compañeros, amigos de siempre y  gente nueva con la que estrechar lazos de compañerismo y amistad. Septiembre es tiempo de encuentros. Nos alegramos de volvernos a ver. Quizás echaremos de menos a alguien a quien queremos. La vida es así, unos vienen y otros van. Regresar es también volver a intentarlo,  una y otra vez, con ilusión y empeño porque vivir a tope (sí, a tope) vale la pena.

Artículo publicado hoy en La Opinión de Murcia